— ¿𝔏akor te está dando problemas? —Se acerca al hombre, aunque su mirada violeta está puesta sobre tan majestuosa criatura. Sí. Les había estado prestando atención el día anterior mientras se bañaba en el lago—.
El hombre de cabello blanco asiente ante su queja. No media más palabra, en su lugar, actos: una luz cálida de tonos amarillentos emana de su mano, actuando sobre el cuerpo del cachorro y aliviando lentamente su malestar.
Coloca la mano sobre el estómago de Colmillo sin llegar a tocarlo.
— Tranquilo.
Su voz discurre en un susurro sereno, buscando apaciguar no solo la agresividad, sino también el miedo del cachorro.