Consiguió alejarse lo suficiente mientras seguía leyendo.
—¿Ah, no? Pues aquí pone claramente mi nombre...y en esta página...vaya vaya...
Con un sencillo gesto, plasmó en una de las páginas una falsa confesión de amor hacia él. Entonces, le entregó el libro.
—Mira, mira...
Las gotas de aquel líquido cayeron sobre sus orbes, aliviando el picor y escozor hasta que a los pocos minutos, prácticamente no sentía ninguna molestia.
—Tienes razón, eres demasiado buena, Daraen.
Sonrió, alzando la mano para acariciar la cabeza de la chica.
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ㅤ—Está claro que no.
ㅤSe arrodilló a su lado para sacar el colirio y echarle gotita a gotita.
ㅤ—No sé por qué me siento mal cuando te hago algo si siempre te estás riendo de mí.
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