—El pobre modista solo pudo temblar ligeramente ante el escalofrío que le produjo el sentir la punta de su sinhueso contra la piel. Exhaló un pequeño gruñido e hizo presión con las yemas sobre su costado—. Hmmm...
—Inhaló aire notoriamente para deleitar el aroma que desprendía el muchacho, justo antes de volver a rozar sus labios contra las cienes ajenas, añadiendo un poco de lascivia al humedecer la piel con la punta de su lengua—.
...
—Se ha puesto un poco rojo y todo; la sonrisita enternecida y de bobo que se le ha quedado mejor no comentar—. Me gusta... sigue. —Susurró con algo de timidez mientras lo rodeaba por la cintura—.