La producción de patatas es un ejemplo claro sobre cómo el modo de producción capitalista ha divorciado por completo al humano con la naturaleza. Muestra claramente la necromanía del capital.
Algunos ejemplos 👇
💪🏼🎉¡Celebramos la anulación del proyecto de almacenamiento de baterías en #Samitier!
Porque luchar es la única manera de frenar estos proyectos y defender nuestra tierra.
¡Enhorabuena a Stop Baterías Samitier y a La Fueva No Se Vende por el trabajado!
¡Seguimos!
1. La crisis de vivienda es una crisis de desigualdad.
Los mutliarrendadores acumulan 450 veces más riqueza que los inquilinos
Los arrendadores con una vivienda en alquiler 184 veces más.
Cada mes cuando la generación inquilina paga los alquileres, esta diferencia aumenta. 🧵
Estoy intentando algo loquísimo:
👉 Ver todos los mensajes que me ha enviado un organismo público.
Algo rarísimo, ¿verdad?
Acudo a la Dirección Electrónica Habilitada Única (DEHú), y mis mensajes aparecen separados en dos buzones distintos:
— Notificaciones
— Comunicaciones
¿No puedo ver todo junto, en un único buzón? Pues no. Cada vez que entro tengo que revisar siempre dos buzones diferentes.
Entiendo que es diferente una «notificación» y una «comunicación», pero la inmensa mayoría de autónomos y pymes recibimos unos pocos mensajes en la DEHú. ¿No sería más claro mostrarlos todos juntos en un solo buzón?
Lo peor, sin embargo, está por llegar:
👉 No puedes ver, por ejemplo, «todos los mensajes desde 2023». El buscador permite filtrar por un rango de fechas, pero si indicas un rango de más de 30 días, da error.
¡Tal cual, amigos! 😭
Si estás buscando una notificación antigua pero no sabes exactamente de cuándo es, tienes que hacer muchas pequeñas búsquedas, seleccionando un estrecho rango de fechas cada vez. 🥹
Ni siquiera puedes ver todas tus notificaciones de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre o diciembre, porque estos meses tienen 31 días, y la DEHú no es capaz de mostrar más de 30.
Como no doy crédito a lo que veo, pienso que soy yo, que me he vuelto senil o ando haciendo algo mal. Así que pregunto a Ada, «el asistente virtual».
Sudores fríos.
¡Nunca en la vida un «asistente virtual» de la Administración pública me resolvió nada! ¿Será distinto ahora?
Pruebo y… Ada no entiende mi pregunta.
Todo esto no me duele por mí. Me duele por los millones de pymes y autónomos que están igual y no tienen el altavoz con 130 000 seguidores que tengo yo para decirle respetuosamente al ministro de Transformación Digital, @oscarlopeztwit, que quiero ver a gente de su equipo en prisión.
¡Somos un país muchísimo mejor que toda esta basura!
Gracias por tanto, Gobierno de España. ❤️
Ahora que todo el mundo habla de la ola de calor histórica porque está afectando a los países ricos del norte de Europa... ¿y si unimos los puntos?
La anomalía más potente de la Tierra (ENSO-El Niño) se está desestabilizando y extremando hacia el calor.
Hilo 🧵
Si cada guerra y cada shock hacen que todo te salga más caro, no es por arte de magia.
Irán, Ucrania y la pandemia tienen algo en común: unos pocos se enriquecen mientras la mayoría se empobrece.
🎥 Episodio completo en el siguiente tuit
En mi sana costumbre de dar palos a la escuela austriaca de economía... veremos la curiosa historia de un trozo de madera y como desmonta toda la teoría austriaca del dinero, junto a la mayor hoguera que conoció el Reino Unido.
🧵
🟠 DESAHUCIO DE MARICARMEN APLAZADO HASTA SEPTIEMBRE
👉️ A principios de junio os informábamos de un aplazamiento de 20 días.
20 días para desmovilizarnos y seguir desgastando la salud de Maricarmen. Este aplazamiento era, además de violento, ilegal.
Hace unos días uno de los semanarios más importantes de Bolivia publicaba la segunda parte de una entrevista sobre mi libro 'Padre Pica'. Hablo del diario del cura pederasta, del colonialismo y de una sentencia histórica. ¡No te la pierdas! https://t.co/C9JfNNcDjo
🇪🇺 NUEVO MAPA 🇪🇺
Las grandes armamentísticas europeas han disparado su valor bursátil desde 2021. La guerra en Ucrania, la presión de Estados Unidos y la búsqueda de la “autonomía estratégica” han convertido el rearme europeo en una oportunidad de mercado.
Por @FairPolitik
Hace unos días pidió que EL PAÍS demostrase que era verdad que había desoído a una víctima. @jesusgbueno saca, además, está exclusiva: el cardenal se querelló el joven que le alertó de un sacerdote pederasta que más tarde fue detenido por los Mossos por abusos
Los grandes ejecutivos de las principales empresas europeas cobran hasta 361 veces más que el "trabajador promedio": https://t.co/WK99pyO7Ni
👉 Las 100 mayores empresas europeas reparten el 70% de sus beneficios a accionistas mientras contribuyen a agravar la desigualdad global.
Israel ha cerrado todos los accesos a Gaza y ha bloqueado la entrada de ayuda humanitaria tras los ataques de Irán (ya muy limitada antes)
Genocidio algorítmico, vigilancia coercitiva constante, desplazamientos forzados, matanzas.
La población, obligada por el Ejército israelí, se apiña en solo el 36% del territorio. Israel ocupa ya el 64% ✍🏽↘️
https://t.co/zNw5fRPtvj
Leon XIV habla sobre la lacra de los abusos a su llegada a España. EL PAÍS le ha entregado un 'pen drive' con su investigación y un ejemplar de 'Padre Pica'
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
¿Cantará León XIV las canciones del cura pederasta? Cuatro de los primeros casos denunciados sobre los que la Iglesia aún calla https://t.co/7aox54D1s0