— Si insistes...
Con una pícara sonrisa, el peliblanco llevaría sus ensalivados dedos al trasero ajeno, comenzando a masajearlo suavemente con tal de que empezase a dilatarse.
— ¿Cuántas ganas tienes tú?... Por si quieres que me de prisa o... Si quieres que juegue un poco más.
Poco más puede hacer el peliblanco que ayudarle a cumplir sus deseos.
La sola vista del culo del moreno de una forma tan indefensa, desprotegido por el jockstrap, le provocan unas ganas irrefrenables de jugar un poco con él.