Y espero que no vuelvas a desmontar ningún electrodoméstico de casa o ese magnífico maletín será debidamente incautado».
A modo de postdata, la medimaga había dibujado un pequeño corazón atravesado por un estilizado rayo —un símbolo significativo para ambas— junto a la frase:
Podemos retomar esta conversación más adelante, sí. Pero quiero que sepas que yo soy feliz en Londres, te tengo a ti, tengo a la sinfónica, el hospital, mi casa, a mis padres, a mis amigos, a mis mascotas. En todos estos años he hecho una vida aquí, en realidad.
Me gustaría. Pero de todas formas creo que si estaba en tus planes... deberíamos hablarlo en algún momento. No quisiera atarte a un lugar donde no seas del todo feliz.
Ese era mi plan antes de conocerte. Ahora el plan puede ser un poco modificado. En las vacaciones siempre vuelvo, puedo seguir haciéndolo... ahora contigo, si quieres.
Lo comprendo, de verdad. Yo llevo en Londres una década ya... igual que mis padres... Pero tampoco me gustaría perder mis raíces... Supongo que puedo seguir haciendo como hasta ahora: repartir mi estancia en un país y en el otro lo que pueda... 🤔
Pues... Min Kære, sabes que mi danés está oxidado. Además, crecí aquí, y si tenemos suerte, jugaré para la selección británica, no la nórdica y es... no lo sé. Mis Arpías, todo está aquí.
@Kara_Jensen7 Si fuera yo tan buena con las palabras, diría que en ti he encontrado una nueva razón para volar. Pero también, un motivo para volver a tierra siempre que me pierdo entre las nubes.