Cada vez es más común que los aficionados se sientan con el derecho de agredir a alguien más, cuando su equipo pierde. Pasa en cualquier deporte.
Vivir una “pasión” de forma violenta es algo que toleramos cada vez más. “No le hables, su equipo perdió, ya sabes cómo se pone”. Nos vale verga que tengas ocho años mentales, brother, la vida sigue.
Lucrar con la pasión y el bajo intelecto es perpetuar la pobreza mental. Personas que jamás saldrán de dónde están porque se concentran únicamente en lo que hace o deja de hacer, su equipo.
El deporte es distracción para todos, pero nadie habla de lo peligroso que puede ser en manos de mediocres y tullidos mentales.
Todos hemos estado en una situación en dónde se nos escapa insultar fuertemente a un jugador que cometió un error, pero inmediatamente recapacitamos y recordamos: Es solo futbol.
Cuando no tienes la capacidad de revirar y envuelves tus frustraciones en el deporte, te conviertes en una manzana podrida para algo cuyo objetivo está lejos de la VIOLENCIA, de hecho, todo lo contrario, el futbol justo se inventó para sustituirla.
Alejen a los criminales del futbol. Es muy fácil identificarlos. Señálenlos. Denúncienlos.
Hagan conciencia, pinches malandros.
Guido Pizarro ya está explotando la principal virtud de Ibañez, su capacidad para hacer “buenos” los balones aéreos. Le permite jugar largo a Rómulo, Joaquim o Carioca y se convierte en una variante más de Tigres.
“Ningún hombre tiene derecho a ser un aficionado en materia de entrenamiento físico. Es una vergüenza que un hombre envejezca sin ver la belleza y la fuerza de las que es capaz su cuerpo.”
- Sócrates