No somos importantes, nada lo es. Todo pasa, todo se acaba. Ya es solo algo vivido.
Llevo dos años y medio sin beber y me encuentro en la resaca emocional más grande de mi vida. Dos años preparando algo que se esfuma en diez momentos y el hueco de mi sofá es el más profundo del mundo. Lo que no hayas disfrutado cuando toca, ya no existe. Presente, siempre.
Nos vamos de aquí un día y dejamos de ser importantes, así que mejor no aprender a serlo: solo soy un entretenedor, que ya es bastante.
La felicidad la tuve esas diez noches, ahora hay que equilibrar la balanza con lo que me gusta: mi hogar, el silencio, comer con quien quiero, que me mimen, que me cuiden, cuidarme, cuidar, inventar cosas creativas, mirar al horizonte y que todo eso tenga la misma masa de satisfacción que lo otro. Tarea difícil después de vivir algo tan apabullante con lo que no contaba. Suerte también seguir viviendo sorprendido.
Alegre y triste, así me hallo. Podría haber sido mejor? No habríamos sido nosotros porque todos, absolutamente todos, dimos el cien por cien de nuestro corazón.
Fui yo mismo todo el rato, “para mal o para bien”, como dijo Rosendo.
Salud
🎥: Malditos Artistas.
La lotería.
La verdadera lotería no está en un décimo. No se compra con dinero ni se canta en televisión. Está en las cosas pequeñas, esas que parecen pasar desapercibidas, pero que cuando te paras a pensarlo, lo son todo. Está en los ojos de tu madre cuando llegas a casa después de un mal día y aún así te espera con un abrazo. En tu padre, que no sabe decirte “te quiero” con palabras, pero te lo grita en cada gesto. En los amigos que siempre están, aunque pase el tiempo, y con los que las risas parecen más largas que las horas.
Está en esa persona especial que te mira como si fueras el único lugar en el mundo donde quiere estar. En el ruido de las patas de tu perro cuando vuelves a casa y te recibe como si hubieras ganado un millón de euros, aunque sólo hayas estado fuera unos minutos. En las pequeñas manos de tus hijos que agarran las tuyas como si no quisieran soltarte nunca.
La lotería es todo eso que no entra en una caja, que no cabe en un número, que no pesa en el bolsillo. Es lo que sientes cuando sabes que estás rodeado de amor. Porque al final, cuando te das cuenta de que la vida es frágil, descubres que el premio más grande ya te ha tocado: las personas que caminan contigo, que te cuidan y te hacen sentir en casa. Esa es la lotería que nunca falla, la que no tiene precio. La que, sin saberlo, ya es tuya.
A veces pienso que diciembre llega demasiado pronto. Que no nos da tiempo a prepararnos para las luces, para las calles llenas, para los villancicos que se cuelan sin pedir permiso.
Y ahí, en medio de todo eso, aparece tu recuerdo. Como una silla vacía en la mesa,
como una risa que ya nadie puede imitar,
como un abrazo que todavía sé cómo se sentía.
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Pero nadie habla de las fechas que duelen,de los días que deberían ser bonitos y se vuelven un poquito más fríos porque faltas tú.
Yo te sigo pensando.
En cada brindis, en cada foto, en cada luz que se enciende. Y aunque ya no estés,
sigues siendo la parte más cálida de mi invierno.
Porque hay ausencias que no se superan.
Se llevan, se abrazan en silencio…
Y se recuerdan, sobre todo, cuando llega la Navidad.