Una mujer que camina sola por este país —parque, calle, da igual— evita hasta saludar o cruzar miradas con un hombre. No porque quiera: porque los hombres nos pasamos y acosamos. Y aun así, de forma errónea, creemos que nos mira con otros ojos, y ahí arrancamos.
La convivencia sana empieza quitándonos la idea de que la mujer es un objeto. Ya sé que van a venir los comentarios. El hombre sabio sabe lo que es pertinente en cada momento. De eso se trata: de reeducarnos.
Yo sé que cada quien canaliza sus emociones de forma diferente, pero hay actitudes que no se justifican independientemente de lo que sea, lo importante es saber reconocer.