Mako se giró al escuchar la voz.
Con curiosidad, observó la lata que le estaba ofreciendo. ¿Naranja? Sí, eso le gustaba.
Extendió su mano enguantada hacia la bebida.
—¿En serio me la das? —preguntó, bajando el abanico para destaparse un poco el rostro—. Uy, qué amable.
¡Él justo compró una lata de jugo de naranja de más! Percibió el calor que tiene y no demoró en ofrecérsela.
— ¿La quieres? quizás venga bien para el calor, ah... ¡es de naranja! no sé si te gusta de ese sabor.— sonrisa amable mantuvo en su rostro.
Mako se quedó en silencio, observando la ropa que llevaba puesta. Parpadeó un par de veces antes de volverse a tapar una vez más tras el abanico.
—Muy bonito —respondió, adoptando una postura algo más erguida—. Aun así tendría que pagar, y yo estoy un poco... pobre.
—— ¡Eso no es un problema! Tengo una amiga costurera. Mira qué modelitos hace.
Da una vuelta sobre sí mismo para que pueda ver su atuendo. Sería bonito si no fuera por los retales, aunque se nota bastante que esos los ha cosido él.
—— Mi cuerpazo también ayuda, pero...
hacía de niñera a veces.
Volvió a girarse hacia Walter cuando este habló.
—Guay, pues quédate por aquí, que ya en nada termino de trabajar y nos vamos a cantar un rato.
Se quedó esperando la respuesta, no lo presionó, dejó que se tomase el tiempo que necesitase.
—Yo sí quiero karaoke... —dijo la niña.
Aunque Makoto negó con el dedo índice.
—No, no. Solo los adultos. Además, tu hermano vendrá en nada para recogerte —sí, ›
Makoto bajó el abanico, dejándolo sobre el mostrador. Luego lo guardaría en su sitio.
—¿Por qué te disculpas?
¿Dijo algo que no debía? ¿No le gustó aquel teatro tonto que había hecho? No hacía falta disculparse tanto, a él le daba igual.
Ni siquiera estaba ›
—Bueno, estaba por aquí —reconocible no.
Bueno, depende de la persona.
—Debería haber sucedido algo como... —Ahí va, a actuar de nuevo. Esta vez interpretó el papel de Walter y el suyo propio—: ¡Hola, está Mako por aquí?
Hizo una pausa dramática.
—¿Mako? Uy, no ›
sé, no sé... Puede ser. Igual te ha dejado algo, eh.
Hizo un par de escenitas más, sin relevancia alguna y sin decir realmente lo que Walter se perdió por no preguntar directamente, que no quería desanimarle del todo.
—Ahora me debes una noche de karaoke, para ›
Menos mal que se dio cuenta. Aunque... si no lo hacía, le lanzaba el abanico a la cabeza, lo juraba.
—Pues claro. ¿Quién más iba a ser?
Dejó de actuar, aunque sí se abanicó un poco, que hacía calor.
—Estoy triste, te dije que me buscaras... Y no lo ›
distinto, más suave.
No le costó cambiar de actitud de un segundo para otro, estaba acostumbrado a actuar.
—Si me hubieses mirado a la cara en vez de a las piernas, lo sabrías...
—¿En el karaoke? Qué va. Aunque suelo ir a veces con mis amigos. ¿Te gusta el karaoke? —preguntó.
Aunque rápidamente sacó el abanico de vete a saber dónde. Su postura cambió casi al instante, irguiendo la espalda y la cabeza. Además, colocó un tono de voz totalmente ›
Pobre Walter, estaba traumatizado por culpa de la entidad.
No, no todo era cosa de cierto bicho. Ni tampoco era adivino.
—Porque nos conocemos —respondió Makoto—. ¿No es obvio?