Quizás nunca tengamos más sentido que cuando alguien nos trata con amor. Y no porque no lo tengamos por nosotros mismos, sino porque escuchar nuestro nombre en la voz de alguien que lo dice con ternura, alegrándose de tenernos, nos da otro significado.
Si lo sientes en tu pecho, es miedo.
Si lo sientes en tu cara, es vergüenza.
Si lo sientes en tu garganta, es tristeza.
Si lo sientes en tus músculos, es ansiedad.
Si lo sientes en todo tu cuerpo, es felicidad.
Si lo sientes en tu estómago, es tu intuición.