El clip colaborativo del rapero sueco Yung Lean y GENER8ION supera los límites de un simple videoclip musical y ya es un festín visual extraordinario. 🔥
La coreografía, a cargo del gran coreógrafo francés Damien Jalet. 💥
Hoy, 29 de abril, Día internacional de la danza.
Sobre exención de IVA a venta de viviendas, economista Claudio Agostini: “es un regalo a la Cámara de la Construcción. Si creen en el mercado, bajen el precio de las viviendas hasta que las vendan. Dejen de pedir subsidio del Estado”
Por qué la policía tiene “antecedentes” sobre las manifestaciones a las que concurren los estudiantes durante años? Esta nota de el Mercurio alude a información sobre las marchas a las que asistieron desde 2023 los “sujetos de interés” en la investigación. Gravísimo.
El astrofísico Neil deGrasse Tyson lo resume con datos que no admiten mucha discusión:
En la época de las cavernas, un ser humano vivía en promedio 30 años. Para 1840, la esperanza de vida apenas había subido a 35. Y eso que todo era “orgánico”: aire puro, agua sin procesar y animales de libre pastoreo.
Aun así, la gente moría joven.
Lo que realmente disparó la expectativa de vida no fue la “vida natural”, sino la ciencia: vacunas, antibióticos, saneamiento, tecnología médica y conocimiento acumulado.
Por eso las expectativas razonables deben alinearse con lo que muestra la evidencia científica.
Y si algo enseña la historia es esto: cada vez que confiamos en la evidencia, avanzamos; cada vez que la ignoramos, retrocedemos.
Dijo una vez Marguerite Yourcenar: "No pienso tanto en la vejez. Nunca creí que la edad fuera un criterio. No me sentía particularmente joven hace cincuenta años, ni me siento vieja hoy. Mi edad cambia de hora en hora. En los momentos de cansancio tengo diez siglos, en los de trabajo, cuarenta años, y en el jardín, con mi perro, siento que tengo cuatro. La edad no es un número, es un estado del alma que cambia con cada instante de la vida."
pero Cesarito (@CesarZuiga10) O sea tu dices que los octubristas que intentaron hacer un golpe estado, (lo que no es verdad), no pueden habitar la Moneda pero los fachos indecentes que la bombardearon si?
No sé, como que me perdí con tu respuesta, dime tú.
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Todos vieron que el rey estaba desnudo y le aplaudieron en silencio.
El presidente de Letonia hizo cola.
Steve Schwarzman, director de Blackstone y una de las mayores fortunas del planeta, hizo cola.
Christine Lagarde hizo cola.
Noventa minutos de espera para entrar en una sala a escuchar a un hombre que confunde Groenlandia con Islandia, que amenaza con invadir territorios de países aliados y que ofrece membresías de paz a mil millones de dólares por cabeza.
"Es como un festival de rock", dijo un asistente.
Exacto. Solo que el rockero tiene códigos nucleares.
Davos 2026 pasará a la historia no por lo que dijo
Donald Trump —que fue, como siempre, una mezcla de bravuconadas, datos inventados y amenazas veladas—, sino por la reacción de quienes se supone que representan lo mejor y más brillante del liderazgo global.
Porque lo vieron.
Lo escucharon.
Y aplaudieron.
Los periodistas que estaban en la sala captaron los murmullos.
Cuando Trump exigió "negociaciones inmediatas" para que Estados Unidos se quedara con Groenlandia, alguien susurró:
"This is ridiculous".
Otro añadió: "This is scary".
Un político europeo confesó después a la prensa:
"Sí, nos reímos. Pero también da miedo pensar que podría intentar hacer algo de esto".
Miedo.
Risa nerviosa.
Y sin embargo, nadie se levantó.
Nadie abandonó la sala.
Cuando Trump terminó su discurso de más de una hora —en el que, entre otras cosas, afirmó haber terminado ocho guerras y reducido el narcotráfico marítimo en un 97,2%—, el aplauso fue "polite".
Es la palabra que usan los anglosajones cuando quieren decir "quedar bien, cobarde pero con modales".
El contraste resultó casi obsceno.
Un día antes, Mark Carney, primer ministro canadiense, había recibido una ovación de pie.
¿Su mensaje?
Que las potencias medias debían dejar de competir entre sí para ver quién se arrodillaba más rápido ante el "hegemón".
Aviso a los europeos.
Carney dijo en voz alta lo que todos pensaban.
Trump dijo en voz alta lo que todos temían.
A Carney lo ovacionaron de pie.
A Trump le dieron un aplauso educado y luego fueron a tomarse un vino con él.
Pero el verdadero test de hipocresía colectiva no fue el discurso.
Fue el "Board of Peace".
Donald Trump ha creado una institución internacional de paz que para ser miembro permanente cuesta mil millones de dólares.
El presidente de esta institución es vitalicio y se llama Donald Trump.
Puede tomar decisiones sin consultar a nadie.
Entre los invitados a unirse están Vladimir Putin y Alexander Lukashenko, el hombre que permite a Rusia usar Bielorrusia como plataforma para atacar Ucrania.
Alguien lo describió como "un club de pago por jugar al estilo MAGA diseñado para suplantar a la ONU".
¿Cuántos genios de Davos hacen falta para detectar que esto no es un plan de paz, sobre todo siendo miembro Netanyahu ?
La respuesta, aparentemente, es que no importa cuántos sean ni quienes lo compongan .
Porque cuando llegó el momento de la firma del acuerdo fundacional, ahí estaban: Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Hungría, Argentina. Viktor Orbán y Javier Milei flanqueando a Trump como extras de una película de terror.
Menos de veinte países, muy lejos de los treinta y cinco que esperaba la Casa Blanca.
Ningún aliado occidental relevante.
Pero los suficientes para la foto.
Y para rematar Jared Kushner el yerno presidencial subió al escenario con renders bajo el brazo: rascacielos relucientes frente al mar, zonas de "turismo costero", industria, prosperidad.
"Nueva Gaza", lo llamó.
Un destino.
Un lugar donde la gente pueda "prosperar".
Mostró los diseños con la confianza de quien presenta un proyecto inmobiliario en Miami, no el plan de reconstrucción de un territorio donde más de dos millones de personas están intentando sobrevivir a más de dos años de guerra, en un territorio imposible de sobrevivir.
"No tenemos un Plan B", dijo Kushner. "Solo un plan maestro".
Estimó que parte de la construcción podría completarse en dos o tres años.
No mencionó dónde vivirían los gazatíes mientras tanto, ni quién pagaría, ni qué pasaría con los escombros que todavía cubren el territorio.
Eso son detalles sin importancia.
Lo importante eran los renders.
Quedaban muy bien en pantalla.
Emmanuel Macron, que un día antes había advertido sobre "el giro hacia la autocracia" y "un mundo sin reglas donde solo importa la ley del más fuerte", ya había tomado un avión de vuelta a París.
Qué conveniente.
Criticar el incendio y marcharse antes de que alguien te pregunte por las cerillas que lleva en el bolsillo.
Nadie levanto la mano para hacer preguntas:
¿Dónde estaban estos líderes europeos cuando Israel ignoraba las resoluciones del Tribunal Internacional de Justicia, con Biden y ahora con Trump?
¿Dónde estaba Macron?
¿Dónde estaba Keir Starmer?
¿Dónde estaba la Unión Europea?
¿Ayudando a destruir el mismo orden internacional que ahora fingen defender.?
El trabajo sucio ya estaba hecho.
Es difícil rebatirlo.
Durante años, el "orden basado en reglas" ha sido un concepto que se aplicaba de forma selectiva: implacable con los débiles, flexible con los aliados, invisible con uno mismo.
Trump no ha inventado el cinismo en política internacional.
Solo ha eliminado el eufemismo.
Donde antes se hablaba de "intereses estratégicos", él dice "lo quiero".
Donde antes se negociaba en privado, él amenaza en público.
La diferencia no es de fondo.
Es de estilo.
Y resulta que a la élite de Davos el fondo nunca le importó demasiado.
Lo que les incomoda es el estilo.
Dentro de unos meses cuando Trump sea un capítulo cerrado de los libros de historia vendrán las memorias.
Los documentales.
Las entrevistas con cámara en blanco y negro y música grave.
Todos los que estuvieron en esa sala escribirán que "ya entonces sabían".
Que "era evidente".
Que veían perfectamente que el rey estaba desnudo.
Pero existirá el vídeo.
Existirán las fotos de la cola de noventa minutos, de las fotos del yerno con el resort de Gaza.
Existirá el aplauso.
Y la pregunta incómoda no será "¿cómo no lo vieron?" sino algo mucho peor:
"¿Por qué, viéndolo, aplaudieron?".
El cuento original tiene un héroe: el niño que grita la verdad mientras todos lo sabían y callaban.
Pero en Davos 2026 no había niños.
Solo adultos muy educados, muy ricos y muy silenciosos.
Y un aplauso al final. Educado, eso sí.
Siempre educado.
Nos merecemos que todo esto acabe con un apocalipsis zombi.
Al menos tendríamos un final coherente con nuestros valores.
No se puede pedir un final mejor para una especie cuyas élites —la gente que domina el mundo— hace cola noventa minutos para aplaudir toda esa locura.
¿Un resort en gaza?
"Los políticos son sirvientes del pueblo, por eso puse a todos los ministros el salario de un trabajador normal, he prohibido que viajen en primera clase y les he cambiado sus lujosos coches por Renault 5, los que deben hacer sacrificios son los dirigentes."
Thomas Sankara, líder revolucionario de Burkina Faso, eliminó todos los privilegios a todos los políticos del pais, vendió la flota que tenía el gobierno de lujosos Mercedes Benz y les hizo conducir Renault 5, además les rebajó el sueldo a todos los ministros igualándolo con el de un trabajador normal.
En sólo cuatro años en el poder (1983-87), Sankara construyó 350 escuelas, carreteras y ferrocarriles sin ayuda extranjera, aumentó la tasa de alfabetización en un 60%, prohibió los matrimonios forzados, dio derechos inauditos en África a las mujeres y dio tierras a los pobres, vacunó a 2,5 millones de niños y plantó 10 millones de árboles.
Por todo esto el imperialismo lo asesinó, lo descuartizó y tiró su cuerpo a una fosa común... cuando buscaron sus riquezas después de muerto, apenas tenía una pequeña casa, un coche viejo, una bicicleta y un par de guitarras.
Científicos del MIT observaron por primera vez el instante exacto en que comienza la vida: tras la fecundación, ondas bioquímicas recorren el óvulo como señal de activación, el “segundo cero”. Lo inquietante: siguen patrones repetidos en la naturaleza, similares a Fibonacci.
Ya entienden por qué KAST no asistía a los debates con Jara?
UN DEBATE y dejó la escoba.
- No expulsará migrantes, los invitará a irse
- Defendió a su asesor, líder en corrupción “colusión de pollos y del “confort”.
- Afirmó eliminación de las 40 horas
- Jubilación a 75 años
- Ahora su partido defiende liberación de abusadores de menores y criminales varios
Y hay más.
🔴 La gratuidad no significa que los estudiantes “no gasten nada” o que vivan dedicados sólo a ir a clases. Es apenas el piso mínimo en un país donde los jóvenes estudian, trabajan, ayudan en sus casas y cuidan a otros.
Quitar la gratuidad no es un ajuste técnico:
es cerrar la puerta a miles de jóvenes que hoy hacen un esfuerzo sobrehumano para salir adelante.
Es condenarlos a elegir entre estudiar o sobrevivir.
Es retroceder en movilidad social.
Es cortar el camino a una vida mejor.
Y eso, sencillamente, Chile no se puede permitir.