La final del mundial explicada para loleros (ni puta idea de fútbol tengo):
Argentina lleva una compo de late game de jugar para el carry, un Aphelios y cuatro tanques de toda la vida.
Son el RNG de Uzi. Sion, Sett, Malphite... Ultis potentes y minutos de oro
Hay quien repite que en España no hay filosofía ni grandes filósofos. Pero basta un nombre para desmontar ese tópico: Francisco Suárez (1548-1617). Un gigante de la filosofía que durante siglos fue una de las autoridades filosóficas más influyentes de Europa. Y merece un hilo:
Nabokov on reading Don Quixote (publ. 1605–15) in the mid twentieth century:
"He has ridden for three hundred and fifty years through the jungles and tundras of human thought – and he has gained in vitality and stature. We do not laugh at him any longer. His blazon is pity, his banner is beauty. He stands for everything that is gentle, forlorn, pure, unselfish, and gallant. The parody has become a paragon."
Algunas reflexiones que les dejo al hilo del post anterior. ¿Es Odiseo un aventurero irredento, ansioso siempre de hacerse a la mar para experimentar el mundo? Así lo ha reimaginado muchas veces, como comentaba, la modernidad. Pero, en mi opinión, el Odiseo del poema homérico dista bastante de esa imagen. En las buenas historias de aventuras, la aventura y la peripecia es siempre una consecuencia, no un fin en sí mismo. Siempre tiene que haber un motivo para partir, y la aventura, así, es más accidente que aventura: un evento que se interpone ante esa causa primera. En mi libro 'Sucede en la voz de otros' escribí estas líneas sobre el motivo de viajar:
«Debe haber motivos de peso, en el fondo, una especie de causa primera para iniciar la compleja maquinaria de la partida. Se ha viajado para crear imperios. O para destruirlos. Y para salvar a la pricesa del dragón. O viceversa. Se viaja para encontrar el amor o huir de él. En suma, como escribió Ray Bradbury, para desenterrar algo o enterrar algo».
Las reinvenciones de Odiseo en el Renacimiento, en el Romanticismo, etc. han hecho del rey de Ítaca un símbolo del deseo inagotable de conocimiento o de la búsqueda incesante de una identidad. Pero ya en la Odisea misma el héroe no es el mismo tras su viaje, ha habido una transformación, un crecimiento (Telémaco, a la búsqueda de su padre; Odiseo, tras regresar a Ítaca). Ahora bien, ese crecimiento está subordinado a un destino. Al final, siempre hay que llegar a algún sitio, aunque ese fin de viaje sea una metáfora más de la melancolía. Y el lector, a su vez, también se ha sentido transformado. Diría que, incluso, el traductor. A veces echo de menos seguir traduciendo la Odisea (una amiga me llegó a decir que, en realidad, no quería terminarla, lo cual tiene algo de cierto). Pero otras tantas siento que sería como una pesadilla no poder ponerle el verso final.
Una historia de aventuras que se limita a un mero vagabundeo en busca de experiencias se limitaría a una simple colección de peripecias, entretenida sin duda, pero que al final deja con un sabor plano en la boca. Y, en cualquier caso, la Odisea ya presenta también la figura de ese otro tipo de viajero: el pirata, término que tiene que ver con la noción de "probar suerte". Néstor le dice a Telémaco (en mi traducción):
«Extranjeros, ¿quiénes sois? ¿De dónde por sendas húmedas
vinisteis? ¿Algún asunto? ¿O sin destino vagáis
por el mar cual los piratas que arriesgan vida, errabundos,
y llevan calamidades a los hombres de otras tierras?».