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La elección del Poder Judicial, nos guste o no, ya no es un debate teórico ni una posibilidad futura: es una realidad constitucional que exige nuestra atención como sociedad.
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Lo hicimos desde el privilegio de vivir en un país donde, con todas sus imperfecciones, aún podemos expresarnos libremente, disentir sin temor, y participar en las decisiones públicas.
2 semanas atrás, recibí a un amigo y a mi hermano en mi casa. Les ofrecí una cerveza, mi amigo la aceptó contento. Realmente la necesitaba —me dijo sonriente. Lo conozco desde que nació. Platicamos y bromeamos aquel día. Hoy se debate entre la vida y la muerte. Vino a despedirse.