180 días: el reloj que la Constitución encendió y que Venezuela no puede dejar correr en falso
Por Esteban Gerbasi
Hay un número que define este momento de Venezuela, y conviene decirlo sin rodeos: 180 días.
Ese es el plazo que la Constitución de 1999 fija, en su artículo 234, como límite máximo absoluto para que el Vicepresidente Ejecutivo supla una falta temporal del Presidente —noventa días, prorrogables por la Asamblea Nacional por noventa más. No es una sugerencia. No es un margen flexible. Es un techo. Y los constituyentes lo escribieron precisamente para impedir lo que hoy estamos viendo: un poder ejercido sin mandato, de manera indefinida, por quien nadie eligió para gobernar.
Superado ese plazo, la Constitución no guarda silencio. Habla con claridad. El mismo artículo 234 establece que, cuando la falta se prolonga, es la Asamblea Nacional —y solo ella— quien decide si debe considerarse falta absoluta. Y una vez calificada esa falta, el artículo 233 ordena lo que debe ocurrir: convocatoria a elecciones universales en treinta días, con una encargaduría estrictamente transitoria mientras tanto.
Esto no es interpretación. Es el texto. Lo demás es maniobra.
La maniobra tiene nombre
Porque sabemos lo que el régimen remanente intentará. Lo hemos visto antes: usar al Tribunal Supremo de Justicia para inventar plazos que la Constitución no contempla, para confundir deliberadamente la suplencia transitoria con una sucesión que la Carta Magna no autoriza, para vestir de formalidad jurídica lo que en el fondo es una usurpación.
Que quede claro: mantener a Delcy Rodríguez en el ejercicio del poder más allá de los 180 días no es continuidad institucional. Es poder sin mandato. Es la Constitución reescrita por quien controla los tribunales, no por quien tiene el voto del pueblo.
Por qué no podemos dejar a Delcy
Se nos dirá —ya se nos dice— que mantenerla es preferible al caos. Que es la opción de la estabilidad. Hay que responder a ese argumento con la verdad, y la verdad es esta: su permanencia no produce estabilidad. Produce parálisis represiva.
Y lo produce en el peor momento posible. Venezuela acaba de ser golpeada por una catástrofe. El doble terremoto de junio dejó cientos de muertos, miles de heridos, infraestructura destruida y comunidades enteras esperando una ayuda que el mundo está dispuesto a enviar. En una emergencia así, la pregunta no es ideológica. Es práctica y es moral: ¿quién va a administrar esa ayuda?
Un poder que prioriza el control político sobre el rescate convierte la solidaridad internacional en instrumento de clientelismo. Distribuye según lealtades, no según necesidades. Desvía hacia sus redes lo que debería llegar a los escombros. Deja afuera a quien no se somete. Dejar la respuesta humanitaria en manos del círculo que ya conocemos no es prudencia: es garantizar que los recursos del mundo financien la supervivencia del régimen en lugar de salvar vidas venezolanas.
Y mientras eso ocurre, las puertas siguen cerradas. Se le impide el regreso al país a María Corina Machado, líder opositora y Premio Nobel de la Paz. No es un detalle. Es la confesión de un proyecto: quien controla el espacio aéreo y las fronteras para impedir el retorno de la oposición no tiene la menor intención de convocar elecciones libres. La ausencia de un calendario electoral creíble no es desorden. Es estrategia de dilación.
Lo que sí produce estabilidad
La estabilidad real no nace del vacío administrado por quien tiene todos los incentivos para perpetuarlo. Nace de la legitimidad. Y la legitimidad, en Venezuela, tiene una sola fuente válida en este momento: el acto constitucional de la Asamblea Nacional calificando la falta absoluta, y la convocatoria a elecciones que la Constitución ordena.
Sobre esa base —y solo sobre ella— se construye todo lo demás: una respuesta humanitaria transparente y auditada, que llegue a quien la necesita y no a quien la administra; un esfuerzo de reconstrucción regido por principios humanitarios internacionales y por independencia operativa frente a cualquier facción; la recuperación de los activos saqueados; y un calendario electoral que el pueblo pueda creer.
El acompañamiento internacional es bienvenido y necesario, anclado en intereses que son legítimos y compartidos: seguridad hemisférica, estabilidad migratoria, certidumbre energética. Pero ese acompañamiento debe ser instrumental y subsidiario de un acto venezolano. El mundo puede ayudar. No puede sustituir. La soberanía se preserva, justamente, porque el acto fundacional es interno y es constitucional.
El costo de no actuar
Los riesgos de la inacción no son abstractos. Son una secuencia conocida: la consolidación de Delcy Rodríguez como heredera del régimen; la ayuda capturada y desviada; una nueva ola de migración forzada; la profundización del control territorial del crimen organizado. Y, sobre todo, el cierre de una ventana que —paradójicamente— abrió la propia tragedia del terremoto.
Porque las crisis, además de dolor, traen claridad. Y esta crisis dejó al descubierto una verdad sencilla:
El reloj constitucional ya marca el final del plazo. Lo que viene después no se negocia con el régimen: se cumple con la Constitución. Y lo que la Constitución exige no es que dejemos a Delcy. Es que devolvamos a Venezuela a su pueblo, en las urnas, sin más demoras.
Venezuela libre no es una consigna. Es un mandato constitucional que hoy tiene fecha.
Amigos necesitamos con urgencia conseguir maquinarias para mover escombros y losas: retroexcavadoras, excavadoras, grúas, etc. Porfavor ayúdenme con una historia todos y movilicemos juntos la posibiiidad de rescatar a gente viva en estas horas críticas 🙏🏻🇻🇪
🚨 CICPC anuncia la destitución y detención de cuatro funcionarios señalados de presuntamente apropiarse de valores económicos hallados entre los escombros durante las labores de rescate tras el terremoto en La Guaira.
Venezuela el único país en donde un narco cuya cabeza vale 25 millones de dólares está en el gobierno y la líder premio Nobel de la paz no puedo entrar a su país.
ANTES DEL TERREMOTO
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EEUU TRAICIONÓ A VENEZUELA
Fue identificado el funcionario corrupto que se quería robar el fajo de billetes el Cicpc se encuentran investigando .
Impertor Jonathan Burgos división de Homicidio
¿Quién explica esta vaina?
1. Diosdado tiene la recompensa más alta ofrecida por la DEA y es reclamado por USA.
2. Allí aparecen sentados Diosdado, el embajador de USA y militares norteamericanos en una "mesa de trabajo".
3. Los huevones (y que) seguimos bailando, en pleno luto.
EL TERROMOTO también derrumbó las paredes del falso plan de @POTUS y el @secrubio, siempre fue un cuento aquello de las tres fases, EL PLAN ES: Mantener lejos a @MariaCorinaYA mientras nos cogemos el petróleo venezolano y dejamos a @delcyrodriguez todo el mandato de Trump.
@EmmaRincon@yeligamboa Los venezolanos tenemos que ser muy consientes de lo que esta pasando ahora mismo y cuales son los verdaderos intereses del régimen y del gobierno de @realDonaldTrump hay cosas muy turbias acá, algo bueno,bueno y a lo malo, malo.
La voluntad del venezolano debe mantenerse en pie
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