A quién le quede el saco y que le duela a quien le tenga que doler.
El mexicano que no controla la fiesta, que vandaliza carros, orina monumentos de desaparecidos, rompe locales, roba en el tumulto, destruye mobiliario público, hace “bromas” que atentan a otros o se pone violento por “la emoción del futbol”, es el mexicano frustrado, resentido que no sabe convivir…
Meterse con la vida laboral de alguien es tan feo como hacerlo con su físico. No todos han tenido las mismas oportunidades ni las mismas circunstancias para salir adelante, así que menos presumir de años cotizados y más empatía.