🔵🗣️ Álvarez de Toledo carga contra Bolaños: "Yo a usted no lo odio, usted a mí sí. Yo puedo odiar lo que usted hace, su inmoral amnistía, su ataque a los jueces, usted a lo que yo soy"
"Nos exige que llamemos genocida a Israel y no llama dictador a Maduro"
@TheCatacroquer@TheCarolos El problema es que no se dan cuenta que les ve mucha gente que luego entran a hacer rol en muchos servidores y les copian pensando que eso que hacen es rol jodiendo la experiencia a los que sí se preocupan por aprender y hacer buen rol
Decir que la humanidad “puede controlar el clima” porque ha alterado la composición de la atmósfera es una extrapolación peligrosa. Que nuestra actividad haya dejado huella en el planeta no significa que tengamos en las manos los resortes para modular sistemas que llevan millones de años operando según dinámicas que apenas empezamos a comprender. Cambiar no es lo mismo que controlar.
El clima de la Tierra es el resultado de interacciones entre factores de escala astronómica, geológica y biológica. Ciclos solares, oscilaciones oceánicas, actividad volcánica, variaciones orbitales, etc.
Frente a semejante complejidad, el margen de actuación de una sociedad concreta, como la española, es prácticamente nulo. Incluso si en España apagásemos cada coche, cada fábrica y cada luz del país, la diferencia en la concentración de CO₂ sería imperceptible para la maquinaria climática planetaria.
Los que insisten en que “todos debemos hacer nuestra parte” omiten un detalle fundamental, que las decisiones clave no están en Madrid ni en Bruselas, sino en Pekín, Washington, Moscú y Nueva Delhi.
China emite casi un tercio del CO₂ global. EE. UU., India y Rusia concentran otro 25%. Las grandes economías emergentes priorizan el crecimiento sobre la neutralidad climática. Mientras tanto, Europa se flagela con políticas que encarecen la energía, restringen la movilidad y penalizan a las clases medias, como si la suma de sacrificios locales fuera a detener un proceso global.
Y aun concediendo que la reducción de emisiones tenga efectos a largo plazo, cabe preguntar qué sentido tiene exigir renuncias inmediatas al ciudadano común mientras los mayores emisores siguen ampliando sus industrias fósiles.
Lo más cómodo para la política es persuadir al contribuyente de que cargar con nuevas tasas y limitaciones es una forma de “salvar el planeta”. Es más difícil enfrentarse a las superpotencias industriales que viven de contaminar a gran escala.
Conviene también contextualizar el famoso CO₂. Es un gas que constituye apenas el 0,04% de la atmósfera, y de ese porcentaje solo el 30% procede de actividades humanas. Es decir, la humanidad maneja en realidad el 0,012% del aire que respiramos.
¿Es relevante para el efecto invernadero? Puede serlo. Pero la pregunta no es si influimos, es si podemos, con prohibiciones locales y ajustes fiscales, calibrar la temperatura media global a una décima de grado. Y la respuesta, si uno se abstrae del discurso dominante, es clara que no.
Reducir un fenómeno tan complejo a un problema de impuestos y austeridad individual es, como mínimo, una simplificación interesada.
Y no menos preocupante es que muchos acepten esa narrativa sin cuestionar su eficacia ni las implicaciones políticas. Porque detrás del relato apocalíptico hay algo más que ciencia, hay una maquinaria burocrática deseosa de extender su control sobre la vida cotidiana.
La historia muestra que las auténticas soluciones a los problemas ambientales no nacen de la coerción, sino de la innovación. Fue la tecnología, no los decretos, la que hizo el aire de Londres respirable tras la era del carbón. Fueron las energías más limpias y baratas, no la disciplina fiscal, las que redujeron la tala masiva de bosques en Europa. Pensar que ahora será diferente porque hay “conciencia climática” es otra ilusión infantil.
Asumamos la verdad sin dramatismos. Hay dinámicas que escapan de nuestras manos. Y precisamente por eso, más que miedo, necesitamos datos claros, análisis serenos y estrategias basadas en realismo, no en dogmas
Porque ningún impuesto puede enfriar el sol ni frenar la deriva de las corrientes oceánicas, pero sí puede empobrecer sociedades enteras en nombre de una causa que, en última instancia, no depende de ellas.
Eres un SINVERGÜENZA @AntonioMaestre
Te recuerdo que a mi hermano le secuestró y le mató ETA con la complicidad de quienes ahora tú defiendes y aplaudes.