Llegará el momento en que alguien llamará a tu puerta, sin prisa y sin ruido, no para pedirte nada, ni para exigirte que cambies para quedarse, sino para quedarse tal como estás, y con una alegría serena te dirá: siéntate aquí, come.
Y en ese gesto sencillo entenderás que no te está ofreciendo comida, sino descanso, que no te invita a una mesa, sino a quedarte, a dejar de huir de ti, a dejar de mendigar amor, a dejar de encogerte para encajar, porque el amor verdadero no te vacía, no te corrige, no te aparta de quien eres: el amor verdadero te reconoce, te sostiene y te devuelve a casa.