En el país de las buenas costumbres, con la Biblia en su bandera y una sociedad conservadora mayoritariamente “temerosa de Dios”, según esos mismo fariseos modernos, que dedica más tiempo a luchar contra el término “feminicidio” que contra el hecho en sí.
Despierto, abuso del libre albedrío. Soy la gota que derrama el vaso. Distruto de las consecuencias de mis acciones. Tiro la piedra y no escondo la mano. La vida es buena.