—Le conocía bien. Conocía bien esos gruñiditos, conocía sus límites con respecto a ser felicitado, y cómo esos límites no se los ponía a él. Rowan celebraba que Sal estuviera vivo, que hubieran coincidido en ese tiempo, porque pudieron llegar a la vida del otro. Era la (+)
—A Salem le costó un poquito más despertar ya que era de sueño profundo, por lo que de primeras Rowan solo recibió gruñidos por parte de su prometido.—
Mh…
—Murmuró cuando escuchó sus palabras, sonriendo suave. No le gustaba que le felicitasen pero su prometido tenía carta +
(+) persona más importante en la vida del hechicero, y no permitiría que nunca más nadie le hiciera sentir poco valorado.—
¿Cuándo no lo tengo? —Preguntó con una sonrisita sobre él. Movía ligeramente las piernas, feliz. Un beso en sus labios, y acarició con las manos su (+)
—Despertó aquella mañana con una gran sonrisa en los labios, y mientras se deslizaba hasta el rostro de su prometido, comenzó a dejar tiernos besos.—
Feliz cumpleaños, mi Sal.
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—Se dejó caer en el sofá con Rowan sobre su regazo, sonriendo amplio.
Era justo la reacción que esperaba por parte de su prometido.—
Pediría perdón pero es que tienes un culo de infarto.
—Por poco tiró la manta que acababa de recoger de la sorpresa, girándose a él con ojos muy abiertos.—
¡ O u c h !
—Vocalizó bien. Parecía molesto, ¿no? Incluso había soltado la manta e iba directo a Salem para... Oh, no. No se la devolvió, sino que dio un gran salto y se (+)
(+) apodo, sabiendo que solo a él le consentía aludir a su pasado de condena gatuna. Y es que él jamás lo hizo como burla.— Está todo listo para la cena. He preparado tu sushi favorito, y un postre de chocolate y helado.
—Sus perros, que eran el triple o más que el perro de su prometido, fueron disparados a jugar con el recién llegado, mientras Rowan sonreía con emoción al saber que ya estaba en casa.—
¡En casa estoy! —Exclamó, dejándose ver entonces al cruzar el pasillo y llegar a la (+)
—Salem nunca fue fan de celebrar su cumpleaños. Su familia siempre había visto aquel día como algo normal y él tuvo que crecer con ese pensamiento.
Pero conocía a Rowan y sabía que algo prepararía y para que negarlo… En el fondo le gustaba porque por primera vez alguien quería +
(+) entrada. Enérgico como el pequeño DiDi, no recibió a su amor con un sencillo beso, sino que se abalanzó a sus brazos, se encaramó con sus piernas y le dio la bienvenida como se debía en aquel día tan especial.—
Felicidades de nuevo, mi minino —aprovechaba tanto ese (+)
—Había llegado el día señalado en el calendario por igual para todas las personas: el 31. Oh, ¡el precioso mes de las calabazas había llegado a su fin! Y tanto niños como adultos disfrutaban en las calles celebrándolo con sus divertidos y terroríficos disfraces. Rowan ya (+)
(+) recogiendo el pelo hasta acabar en un moño, pero igualmente se lo manchó de harina. No, no, no, había que ir bien. Y no tardó mucho. Cuando salió de la ducha vestía un bonito jersey burdeos, con unos pantalones negros. Eso sí: las pantuflas no se las quitaba, que (+)