EL NEGOCIO DE LA SEGURIDAD VIAL
La última ocurrencia del MTOP (o de quien le haya presentado la idea/negocio) es medir la velocidad promedio entre dos puntos. No lo que marcaste en un lugar concreto, sino lo que tardaste en cruzar un tramo. Suena sofisticado… en Uruguay es un delirio.
Esto no es Suiza. Esto es un país donde en cinco kilómetros el límite salta de 60 a 45, trepa a 75, llega a 110 y vuelve a caer sin coherencia. A veces el radar dice una cosa y el cartel dice otra. A veces no coincide nada con nada. Pero todo tranca.
Y sobre ese quilombo, te van a calcular un promedio.
Un promedio que además no podés controlar. El sistema va a decidir, a posteriori, que estuviste mal en un recorrido que él mismo diseñó sin coherencia.
El conductor deja de mirar la ruta y pasa a mirar el velocímetro. Frena de golpe, acelera después, trata de adivina. Eso genera tensión, errores, choques. Exactamente lo contrario de lo que se anuncia.
Podría tener sentido si las reglas fueran simples y claras.
Calles a 45, siempre.
Ramblas y avenidas a 75, sin sorpresas.
Rutas a 110 o 120, salvo pocas excepciones puntuales y bien señalizadas.
Así funciona donde funciona.
Pero acá es todo variable.
Y sobre ese caos quieren meter radares de promedio???
Uruguay lleva años llenándose de radares y los accidentes graves siguen ahí.
La evidencia internacional es clara: las cámaras funcionan cuando forman parte de una estrategia. Rutas mantenidas, reglas coherentes, educación vial, renovación del parque. Cuando todo eso existe, el radar es el último eslabón. Acá se instaló el último eslabón y se llamó política pública.
Una cámara no arregla una ruta mal diseñada. No ordena el caos de las motos. No educa a nadie. No mete airbags en un Fiat 147 del '91. Pero sí emite boletas. Todos los días, sin falta, llueva o truene.
Hay una idea simple que nadie aplica porque no recauda en el corto plazo: premiar la seguridad en vez de castigar la velocidad.
Un auto con ABS, ESP y airbags es infinitamente más seguro que uno de quince años sin nada de eso. Y sin embargo el sistema los trata igual: mismos impuestos, mismo combustible cargado de tasas, mismas multas. Ningún incentivo para mejorar.
Por qué no reducir impuestos a los autos con tecnología de seguridad probada? que cambiar a un auto más seguro sea una decisión razonable en vez de un sacrificio? La respuesta está en la caja.
Resultado: el parque automotor envejece. Los autos con frenado asistido y detección de peatones son minoría. La mayoría sigue siendo hierro viejo rodando en rutas que tampoco están en su mejor momento. Ahí está el problema real. No en si ibas a 87 o a 93 donde el límite cambió sin cartel claro.
El negocio perfecto
SUCIVE te cobra por tener el auto. Y los radares te multan cuando circulás. Te cobran cuando comprás, y cuando tenés, lo uses o no.
Renovar el parque automotor se hace mas costoso.
Así que mientras en el mundo los autos frenan solos y detectan peatones, acá seguimos discutiendo cómo afinar la puntería para cobrar mas y mejor.
Es ridículo. Y es triste.
La seguridad vial de verdad requiere tres cosas que son difíciles y caras: mejores rutas, autos más seguros y educación en serio. Pero exige planificación, inversión y años de trabajo.
El radar es más fácil. Se instala en un día, se anuncia en un comunicado y recauda desde el minuto uno.
El sistema funciona perfecto para eso, pero la gente se sigue matando en las rutas.
@dmoreirauy@Diego__RS@NeyCastillo9@Comercial1876@Alfredolara29@nicmit@AntonioMaeso@RoqueJCGarcia@camboue
Hay impuestos injustos, impuestos confiscatorios e impuestos inentendibles. Y luego está la patente de rodados, que logra conjugar todo lo anterior: es injusta, inentendible y, en los hechos, confiscatoria.
Durante años se nos vendió que con el SUCIVE se terminaba la “guerra de patentes” entre intendencias. Todo sería más justo, más ordenado y más lógico: a medida que los autos envejecieran, el aforo bajaría y se pagaría menos. La promesa sonaba razonable. El problema es que nunca fue verdad.
Hoy el SUCIVE es visto por miles de contribuyentes como una ficción recaudatoria donde los vehículos no se deprecian sino que, milagrosamente, se revalorizan con el tiempo. Algo que no ocurre ni en el mercado, ni en la mecánica, ni en la física. Solo ocurre en el escritorio del Estado, donde lo que importa no es la realidad sino la recaudación y castigar al ciudadano porque lo único importante es mantener la maquinaria deficitaria burocrática de las intendencias.
Al político solo eso le importa: recaudar, recaudar, recaudar. No le importas vos. Nunca le importaste y vos ingenuo te abanderas detrás de él y salís en caravana.
Hay casos reales de autos con más de 15 años cuyo monto imponible sube año tras año, pagando más patente que antes, o vehículos tasados por el SUCIVE en USD 10.000 cuando en el mercado valen USD 6.000. A esos valores, la conclusión es inevitable y profundamente irónica: convendría venderle el auto al SUCIVE. Ellos lo valoran mejor que cualquier comprador.
Para completar el delirio aparece el “dólar SUCIVE”, un dólar administrativo, siempre más alto, típico de economías que comienzan a crear realidades paralelas para recaudar más. Nunca termina bien.
La patente se volvió el impuesto perfecto: fácil de cobrar, difícil de esquivar y socialmente desarticulado. Cada contribuyente se queja en privado y paga. Así, el abuso se naturaliza.
Lo más grave es que la solución existe y es simple: eliminar la patente y sustituirla por un impuesto al combustible. El que más circula, más paga; el que menos, menos; y el que no circula, no paga.
Los países no se empobrecen de golpe. Se empobrecen cuando aceptan como normal pagar más por bienes que valen menos. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser solo el impuesto. Empieza a ser la sociedad que lo tolera.
@danebersoh Para los que no saben nada: youtube tiene la app Youtube Music que tiene canciones sin video. Se reproduce en segundo plano y tendrá acceso también a YouTube sin ads. Y podes usar la misma cuenta en los televisores de tu casa y tenes todo sin publicidad. De nada.
@kalipolis Hace 8 años que voy 4 veces por semana sin fallar (salvo viajes). Me sigue costando. Me sigue sin gustar. Un entrenador que jamas falla ayuda mucho. Y concientizarse de que es una obligación también.
En Canelones, se arregló la plaza de Las Piedras y se gastaron $1.567.000 en poner 10 papeleras (contadas por un consejal) a razón de U$S 4000 por papelera...