Imagina que le colocas un chaleco explosivo de 8 kilos a tu hijo de 14 años, prometiéndole el paraíso islámico por valientemente hacer explotar a judíos.
Luego ves cómo los soldados de las FDI detectan la amenaza, despejan a los civiles y, con calma, convencen al chico de que deje que el equipo de desactivación de bombas lo retire —porque la cárcel es mejor que la muerte.
Ahora imagina que su familia tiene la osadía de lanzar una campaña global, indignados porque los ‘supremacistas judíos malvados’ encarcelaron a su ‘dulce niño’ bajo el ‘apartheid’.
No tienes que imaginarlo. Esta es la experiencia israelí, con demasiadas variaciones de ello ocurriendo en grados absurdos.
Créditos: @HuntersOfNazis