Nadie habla del duelo y el limbo que implica dejar de ser quien eras sin entender todavía quién eres ahora. Ni de cómo, en ese proceso, se van difuminando lugares, personas y versiones de ti que alguna vez sentiste tan propias.
Recibir halagos por tu apariencia física está bien. Pero cuando alguien te felicita por tu personalidad, tu mentalidad, tu risa, lo genuino que es tu corazón, eso es demasiado bonito y se siente diferente.