La @UABC_oficial, a través de #CulturaUABC y la @FILUABCMXL presenta el libro #RuinasLíquidas de @ZethArellano
🗓️ 17 de abril
⏰ 12:00 p.m.
📍 Sala de Rectores, Mexicali
Una oportunidad para sumergirse en una propuesta literaria contemporánea que promete dejar huella. 📖💬
Hace tiempo que me rendí y dejé de buscarte @lopezobrador_ , pero mi dolor me impide callar:
Desde que te pusiste a abrazar a quienes nos matan los cárteles se volvieron dueños de nuestra soberanía y de nuestras familias. Ellos deciden quien muere, quien desaparece, cobran un impuesto (extorsión), controlan las fiscalías, las policías, los partidos políticos, dirigen el senado, manejan la economía, los caminos y se quedaron hasta con la gasolina.
Estoy segura que ni Bolivar, ni Lincoln ni Benito Juárez estarían escondidos en un rancho después de causar tanto dolor.
@POTUS
El obradorismo, muy preocupado por el “derecho internacional”, cuando hace unos meses eliminaron órganos autónomos, tomaron el Poder Judicial, militarizaron el país, censuraron periodistas, reprimieron la protesta pública y planean capturar al árbitro electoral.
Tantita madre.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó ���Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
Gobernar con el narco, apropiarse del Congreso contra la voluntad popular, encarcelar opositores, exiliar al ganador de las elecciones, tomar el poder judicial, perseguir a periodistas, destruir la economía, trajo otra una terrible consecuencia: la intervención extranjera
Estoy muy agradecida con @uanl y su casa editorial, por darle espacio a mis textos y hacerme una portada así de bonita.
Vengan a celebrar conmigo la presentación en @FILGuadalajara el próximo 1ro de diciembre a las 5:30 pm, en el salón B del área internacional.
Una persona que sabe, que lee, privilegiada desde siempre, “culta”, en un puesto de mucho poder y alcance y una misoginia monumental. Hasta se le nota la piel roja de la rabia cuando habla del trabajo de las mujeres. Qué horrible tener esa edad y vivir con tanto odio y desprecio.
Qué ca��ón que abunden las cuentas, en múltiples redes, exigiendo el pago de impuestos a Salinas y no haya la misma cantidad exigiendo que Adán Augusto y clan regresen lo robado al Edo. Queda claro que las mañaneras cumplen su función para distraer de lo verdaderamente importante.
El Narco Régimen se sintió obligado a gastar millones en acarreos, banderitas y playeras para gritarle “No estás sola” a la seño que administra la presidencia, mientras los tabasqueños hacen lo que quieren y nadie los toca
Es el despliegue de debilidad más patético en años
Decirle a un periodista “ya no te voy a contestar” es autoritarismo puro. Si la presidenta no tolera preguntas incómodas, que cierre su mañanera. El pueblo no necesita monólogos, necesita respuestas.
Las familias en Culiacán han dejado velas en la explanada y están invitando a no ir al grito.
Esto es México hoy, no los arcoíris y los unicornios que nos platican.
Me siento agotada. Ser madre soltera, estudiar y trabajar no es la mejor combinación pero ni hablar, hay que darlo todo por la subsistencia en un país secuestrado por narco políticos corruptos y lacras que sólo ven por ellos y nunca por el pueblo. Trite realidad.