🌐🇻🇪 𝐈𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐭𝐢𝐨𝐧𝐬 𝐟𝐨𝐫 𝐔𝐧𝐝𝐞𝐫𝐬𝐭𝐚𝐧𝐝𝐢𝐧𝐠 𝐚 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚𝐧 𝐒𝐮𝐧𝐝𝐚𝐲
For those who saw María Corina Machado’s homecoming on the news and still can’t quite make sense of it.
By Elizabeth Sánchez Vegas
📍First, take a map. Put your finger on Barquisimeto, in west-central Venezuela, and slide it east to Caracas. It’s roughly four hundred kilometers, the kind of distance a car covers in a morning. On Sunday, María Corina Machado needed nearly eleven hours. Don’t bother looking for a breakdown, a detour or a storm, because there were none. What slowed her down was the people.
📍Second, forget the numbers. No one has published a reliable count, and any figure you come across will be an estimate. You’ll learn more by looking at the road itself. There were people at the toll booths, on the sidewalks and at the entrance to every town in Lara, Yaracuy, Carabobo and Aragua, holding flags, from morning until night. In some stretches the crowd pressed in so tightly that the motorcade could not move.
📍Third, go back a year. This woman spent most of that time in hiding inside her own country. She slipped out in secret to receive the Nobel Peace Prize in Oslo and then spent ten months abroad. She tried to return seven times, by air, by sea and by land, and failed every time. When an earthquake struck northern Venezuela in June, she wanted to come home and stand with her people, and she couldn’t do that either. Keep all of this in mind when you return to Sunday.
📍Fourth, read her message. It won’t take long: “I’m here. With you.” She posted it shortly before noon. The first thing she did afterward was walk into a church in Barquisimeto to give thanks to the Divina Pastora, the Divine Shepherdess, Venezuela’s most beloved image of the Virgin. Someone inside shouted: “Here are your people, María!” I’d suggest taking that literally.
📍Fifth, watch the hands. She rode standing up, leaning out through the roof of the vehicle, and for eleven hours she never stopped reaching for the ones stretched toward her. At one point, when the crowd brought the motorcade to a complete halt, she said: “Venezuela is teaching the whole world a lesson.” Notice that she gave the credit to the country. It was an act of justice more than of modesty.
📍Sixth, pick out one person in the crowd. I’d point you to a woman on a motorcycle who shouted as the motorcade passed: “María, if you came back, my daughter has to come back too.” To understand her, you need one last fact. Millions of Venezuelans live outside their country, and almost every family has someone far away. That woman wasn’t asking anything for herself.
📍Seventh, if you are Venezuelan and were far away, you can stop reading here. You were on that road too, in front of a screen, crying at lunchtime and still crying at bedtime.
Finally, stop looking for complicated explanations. She reached Caracas around ten at night and wrote: “We close with Caracas and its energy. Thank you, Venezuela.” For eleven hours, an entire country made sure she knew she had never been alone.
Photo credits: Vente Venezuela
Photographer: José Altuve (@altuveb17)
𝐋𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐦á𝐬 𝐩𝐞𝐪𝐮𝐞ñ𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐨
Por Elizabeth Sánchez Vegas
María Corina Machado eligió cuatro palabras para anunciar su regreso a Venezuela. Pudo rodear la noticia de explicaciones, de fechas, de alguna declaración solemne a la altura del momento, pero escribió sencillamente: «Estoy aquí. Con ustedes». Al leerlas, con esa emoción difícil de nombrar que despiertan las noticias largamente esperadas, me detuve en la más pequeña de todas: con. Una preposición de tres letras que esta mañana cargaba un peso que pocas palabras resistirían: la decisión de volver a compartir la suerte de quienes nunca dejaron de esperarla.
Hay regresos que comienzan mucho antes de que alguien cruce una frontera. Se preparan en la voluntad de volver, en las despedidas que uno se niega a considerar definitivas, en los planes que se tuercen sin que se tuerza el propósito. María Corina salió del país en diciembre de 2025 y, según fuentes de su entorno, vio frustrarse al menos siete intentos de regreso, por aire, por mar y por tierra. Diez meses de espera, de preparativos interrumpidos, de incertidumbre y de una determinación que permaneció intacta. Hoy ha vuelto, y me resulta conmovedor pensar en todo lo que debió significar para ella encontrarse nuevamente en la tierra de la que tantas veces había prometido regresar.
Y entonces llegó la imagen que más me conmovió: verla en la iglesia de Santa Rosa, en Barquisimeto, ante la Divina Pastora.
¡Qué lugar tan hermoso para ese primer encuentro con Venezuela!
Quienes tenemos fe sabemos que hay momentos en que necesitamos recogernos antes de hablar, agradecer antes de emprender el camino y buscar en la oración una serenidad que rara vez se encuentra entre las urgencias de la vida pública. María Corina ha caminado durante años en la procesión de la Divina Pastora, y su devoción no nació frente a las cámaras. Volver allí tiene una significación profundamente personal que merece contemplarse con respeto.
Me conmovió especialmente que, después de tantos meses intentando regresar, su primera aparición pública fuera precisamente una visita para dar gracias. Desconozco lo que María Corina habrá dicho frente a la Virgen, y tampoco necesito saberlo. Hay oraciones que guardan aquello que ni siquiera somos capaces de confiarles a las personas que más queremos. Me basta imaginar la emoción de encontrarse otra vez ante una imagen familiar, en su propia tierra, después de una ausencia tan prolongada.
Hay, además, una coincidencia que me parece preciosa. La Divina Pastora también sabe de regresos. Cada enero sale de su templo de Santa Rosa en hombros de su pueblo, recorre la ciudad, visita sus parroquias y, al cabo de los meses, vuelve a casa. Desde 1856, cuando los larenses le pidieron amparo frente a una epidemia de cólera, ese ir y venir se ha convertido en una de las tradiciones más entrañables de Venezuela: una Virgen que se marcha sabiendo que la esperan y una ciudad que la despide sabiendo que volverá.
Algo de esa confianza había hoy en Santa Rosa. María Corina regresó al lugar donde tantas veces había acompañado a la Virgen entre miles de peregrinos, pero esta vez llevaba consigo una historia diferente, diez meses de ausencia y la emoción de volver a encontrarse con los suyos. En las imágenes de su llegada, rodeada de personas que se acercan a saludarla, aparece esa sonrisa suya que tanto conocemos. Después de una espera semejante, contemplarla nuevamente entre venezolanos, en Venezuela, tiene una belleza que me cuesta poner en palabras.
Durante diez meses, la palabra que más nos faltó fue precisamente aquella tan pequeña: con. Ahora que la tenemos de vuelta, conviene recordar lo que aprendimos de niños en la escuela: una preposición no completa su sentido por sí sola. Necesita a alguien del otro lado.
Bienvenida a casa, @MariaCorinaYA. Aquí estamos. Contigo. 🇻🇪
¿𝐑𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐚𝐫 𝐨 𝐫𝐞𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚𝐫? 𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐚𝐥𝐬𝐚 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐜𝐢ó𝐧
Por Elizabeth Sanchez Vegas
Escuché con atención el mensaje público de la doctora Blanca Rosa Mármol dirigido a María Corina Machado. Su trayectoria merece reconocimiento, pero ninguna trayectoria convierte una opinión en verdad ni confiere autoridad para clausurar el debate, declarar agotada la voluntad de millones de venezolanos y presentar una propuesta propia como el único camino moralmente aceptable.
Exigirle a María Corina que regrese de inmediato a Venezuela o renuncie definitivamente al liderazgo no es una prueba de lucidez, sino una respuesta simplista nacida del cansancio. Estar dentro del país no es la única forma de conducir una lucha, y exponerse a ser capturada o anulada políticamente por un régimen dictatorial no demostraría mayor coraje, sino una grave falta de sentido estratégico.
Hay momentos en que el mayor acto de valentía consiste en no hacer aquello que el adversario espera que hagas. Las dictaduras no se limitan a perseguir a sus opositores; estudian sus movimientos, explotan el agotamiento colectivo y procuran que la presión pública los empuje hacia decisiones que los dejen a merced del poder. Un regreso sin condiciones mínimas de seguridad ni capacidad real de acción podría producir una escena heroica, pero también ofrecerle al régimen exactamente la imagen y el resultado que lleva tiempo procurando.
La historia ofrece demasiadas lecciones para confundir el valor con la temeridad. Charles de Gaulle condujo la Francia Libre desde Londres mientras su país permanecía ocupado, y los gobiernos europeos que continuaron la lucha desde el exilio durante la Segunda Guerra Mundial no perdieron legitimidad por encontrarse fuera de sus fronteras. La distancia geográfica nunca ha determinado la autenticidad de un liderazgo; la determinan la confianza de su pueblo, la coherencia de sus decisiones y la capacidad de preservar una causa hasta hacer posible su victoria.
María Corina Machado no tiene que demostrar su valor entrando voluntariamente en la trampa que el régimen ha preparado para ella. Lo ha demostrado durante años recorriendo el país bajo amenazas, soportando persecución, clandestinidad, separación de su familia y un cerco sistemático destinado a silenciarla. Decirle ahora que debe “dar la cara” desconoce todo lo que ya ha enfrentado y convierte una posible entrega al verdugo en una prueba de compromiso político.
La crítica es legítima y ningún liderazgo democrático debe considerarse inmune al debate. Sin embargo, afirmar que las primarias y la candidatura de Edmundo González Urrutia pertenecen al pasado supone despachar con una frase decisiones políticas que movilizaron a millones de venezolanos y cuya fuerza no desaparece simplemente porque el resultado esperado se haya demorado.
Más desconcertante aún resulta proclamar una junta de gobierno como “el único camino digno y viable”, como si la solemnidad de la fórmula pudiera sustituir las preguntas esenciales: quién la integraría, quién le conferiría autoridad, ante quién respondería y de dónde obtendría el respaldo ciudadano que pretende representar. Descalificar como engaño, traición o repliegue todo aquello que no coincida con esa alternativa no demuestra superioridad moral; apenas evita explicar su funcionamiento. Reemplazar una ruta cuestionable por otra cuyo origen y viabilidad permanecen indefinidos no despeja la incertidumbre, solo le cambia el nombre.
Cuando la espera se prolonga, los pueblos suelen reclamar decisiones inmediatas, respuestas categóricas y gestos capaces de aliviar por un instante el peso de la frustración. La responsabilidad de quien conduce consiste, precisamente, en no someter el rumbo de una causa nacional a esa presión cuando hacerlo puede comprometer su objetivo. Frente a un régimen dictatorial, ningún movimiento debe juzgarse por su espectacularidad, sino por su utilidad real.
Venezuela necesita firmeza, inteligencia y resultados, no una competencia para determinar quién se expone más o quién formula el ultimátum más rotundo. Liderar no consiste en complacer la emoción del momento, sino en escoger la decisión que acerque al país a su propósito, incluso cuando resulte menos teatral y más difícil de comprender.
Entre regresar y renunciar existe todo el territorio de la política, la estrategia y la responsabilidad histórica. Negarlo no hace más valiente el planteamiento; solamente lo hace peligrosamente simple.
PD: Doctora Mármol, precisamente por la trayectoria que usted invoca, su mensaje no solo me sorprende: me produce un profundo desencanto.
El colapso del filósofo | Durante los primeros días de enero de 1889, en una habitación alquilada frente al palacio Carignano de Turín, Friedrich Nietzsche dejó de ser únicamente el filósofo solitario que había declarado la muerte de Dios...
#literatura#filosofos#nietzsche
🧵Me senté a escuchar completa la entrevista de @MariaCorinaYA con @LuisOlavarrieta. Sin cortes, sin titulares sacados de contexto y sin quedarme solo con los clips que empezaron a circular. Y la verdad es que terminé con varias reflexiones que creo que vale la pena compartir. Porque más allá de la política, esta conversación habla del país que tendremos que reconstruir cuando todo esto termine. 🧵🇻🇪
Hay una parte que me pareció importante porque desmonta uno de los relatos favoritos del chavismo. Cuando le preguntan por las sanciones, María Corina no entra en el juego de buscar culpables donde no los hay. Lo dice con claridad: las sanciones son consecuencia de delitos. Narcotráfico, lavado de dinero, explotación minera ilegal, corrupción, crímenes de lesa humanidad… y luego hace una pregunta muy sencilla: ¿los responsables son quienes investigan esos delitos o quienes los cometieron? Ahí está el centro del debate. No se puede poner al mismo nivel a las víctimas y a los victimarios.
Y deja otra frase que, en mi opinión, explica muchas cosas: “Todo se va a saber.” Dice que quienes hoy están en el poder no le temen a las sanciones, le temen a la verdad. Le temen al momento en que tengan que rendir cuentas por todo lo que hicieron durante estos años.
Después la entrevista cambia completamente de tono y, para mí, llega una de las partes más humanas. Habla del terremoto. Pero no se queda en la tragedia. Dice que el terremoto dejó al descubierto la fragilidad de las instituciones venezolanas, sí… pero también mostró la enorme fortaleza de la sociedad. Mientras el Estado desaparecía, aparecieron los vecinos. Vecinos rescatando vecinos. Personas escarbando con sus propias manos. Gente organizándose sin esperar instrucciones. Ahí, dice ella, empezó a verse el verdadero país.
Y ojo con esto, porque también denuncia algo muy grave: no solo hubo ausencia del Estado. Hubo quienes intentaron impedir que otros ayudaran. Bloquearon ayuda, obstaculizaron rescates y hasta hubo denuncias de robos de insumos destinados a los afectados. Aun así, la solidaridad de los venezolanos terminó imponiéndose.
Otra idea que me gustó muchísimo fue cuando dijo que la reconstrucción de Venezuela no empieza levantando edificios. Ni hospitales. Ni carreteras. Empieza reconstruyendo la confianza. Porque un país puede volver a levantar paredes muy rápido, pero recuperar la confianza entre la gente y sus instituciones toma mucho más tiempo. Y creo que dio en el clavo.
También respondió a quienes hablan del supuesto “daño antropológico” que dejaron estos 27 años. Su respuesta fue justamente la contraria. Dice que encontró una sociedad mejor de lo que muchos imaginan. Más solidaria. Más generosa. Más resiliente. Más consciente del valor de la libertad y de cosas tan simples como abrazar a un hijo, recorrer tu propio país o compartir una tarde con tu familia. Hay pérdidas que terminan enseñándonos el verdadero valor de lo cotidiano.
Hubo además un momento que me llamó mucho la atención. María Corina dijo que no le gustan las entrevistas complacientes. Que prefiere las preguntas incómodas porque quien aspira a gobernar tiene que responder, dar explicaciones y rendir cuentas. Parece una frase sencilla, pero en un país donde durante años el poder dejó de responderle a la gente, cobra muchísimo sentido.
Y el cierre fue profundamente humano. Recordó la conversación con una madre que perdió a su hijo durante el terremoto. Esa mujer solo le hizo una petición: “Cuando vuelvas a Venezuela, acompáñame al cementerio.” María Corina respondió: “Te lo prometo. Allí estaré.”
Podrán estar de acuerdo o no con ella. Pero si algo deja esta entrevista es una idea muy clara: el nuevo país no se va a construir solo con cemento, leyes o instituciones. Se va a construir, sobre todo, con la misma gente que, incluso en los peores momentos, nunca dejó de demostrar que Venezuela sigue viva.
Y esto… apenas comienza. 🇻🇪
#LosHilosDeMelania
Esta es mi lectura de la entrevista realizada por @LuisOlavarrieta a @MariaCorinaYA: una conversación que, más allá de la coyuntura política, dejó al descubierto la dimensión moral, humana y espiritual de su liderazgo.
𝐋𝐚 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐫é𝐠𝐢𝐦𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐯𝐢𝐨 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐫
María Corina Machado habló del mandato del 28 de julio, de la transición, de su regreso y de la negociación que comienza. Sin embargo, la idea más poderosa de la entrevista fue otra: después de veintisiete años de hambre, miedo y despojo, Venezuela no es una sociedad moralmente destruida.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay entrevistas que se recuerdan por una denuncia, una primicia o una frase destinada a ocupar titulares; esta, en cambio, termina quedándose en la memoria por una promesa hecha a una madre ante la tumba de su hijo.
María Corina Machado habló del 28 de julio como un acto de soberanía y de renacimiento nacional, evocando a quienes guardaron las actas dentro de la ropa o debajo de los colchones, como si aquellos papeles contuvieran algo más delicado que un resultado electoral: la prueba material de que Venezuela todavía podía reconocerse a sí misma. Dijo que ese mandato sigue pendiente de cumplimiento y explicó cómo sabremos que finalmente ha sido cobrado: cuando los presos políticos regresen a sus casas, los exiliados puedan volver, los periodistas hablen sin miedo, los centros de tortura hayan sido desmontados y exista una fecha cierta para que la voluntad ciudadana vuelva a expresarse.
No habló de una transición reducida a fotografías, ceremonias diplomáticas o documentos redactados con esa ambigüedad que permite a cada parte regresar a casa proclamándose vencedora. Su medida es menos decorativa y bastante más severa: la vida concreta de los venezolanos. Mientras alguien continúe encarcelado por pensar, mientras una madre conserve intacta la habitación del hijo que partió y mientras un periodista deba elegir entre callar o marcharse, la transición seguirá siendo apenas una palabra esperando cuerpo.
También confirmó que no fue consultada sobre el proceso de conversaciones que ahora comienza, aunque aseguró que no lo obstaculizará y que lo respaldará en la medida en que conduzca al cumplimiento del mandato popular. Su límite quedó formulado sin recovecos: puede discutirse lo accesorio, pero no aquello que los venezolanos decidieron el 28 de julio. “Si lo que buscan es que yo ceda en lo esencial, en los valores o en el mandato, eso no va a pasar jamás”, afirmó.
Sin embargo, la verdadera revelación de la entrevista aparece cuando María Corina deja de hablar de poder y comienza a hablar del carácter de un país.
Durante años se ha repetido que Venezuela sufrió un “daño antropológico”, como si el hambre, el miedo, la corrupción y el exilio hubieran deformado para siempre la sustancia moral de los venezolanos. Ella sostuvo exactamente lo contrario: “Los años de hambre nos hicieron más generosos que nunca. Los años de terror, más valientes que nunca”. No niega la devastación ni le concede al sufrimiento una nobleza que jamás tuvo; afirma algo mucho más incómodo para quienes quisieron domesticar a la sociedad mediante la penuria: junto a las heridas aparecieron anticuerpos cívicos, una conciencia más aguda de la libertad y una capacidad de reconocernos en el dolor ajeno que el régimen nunca consiguió extirpar.
Ese planteamiento cambia la lectura de estos veintisiete años. Las instituciones fueron demolidas, millones de familias quedaron dispersas y el país fue empobrecido hasta extremos inconcebibles, pero el proyecto de envilecer a la sociedad fracasó. Quizá esa sea la derrota que el régimen nunca vio venir: haber conseguido arruinar casi todo sin lograr arruinar por completo a los venezolanos.
El terremoto le dio cuerpo visible a esa tesis. Allí donde el Estado desapareció, aparecieron ciudadanos excavando con sus propias manos, vecinos rescatando vecinos, desconocidos compartiendo agua, comida y refugio sin preguntar nombres ni filiaciones. María Corina lo resumió en una frase que contiene un programa entero de reconstrucción: frente a la ausencia del Estado surgió el ciudadano. Mientras unas instituciones se desmoronaban, la comunidad demostraba que seguía en pie.
El régimen pudo vaciar ministerios, hospitales y tribunales; no consiguió vaciar la conciencia de quienes corrieron a salvar a otro.
La entrevista adquiere todavía más hondura cuando entra en el territorio de las pérdidas personales. María Corina habla de personas queridas de las que no pudo despedirse, de momentos irrepetibles en la vida de sus hijos, de amistades que creyó irreductibles y terminaron rindiéndose. Habla también de su distancia física de Venezuela con una frase extraordinaria: “El país sabía dónde yo estaba, aunque no sabía dónde yo estaba”. No es una pirueta verbal, sino una definición del liderazgo: hay presencias que no dependen de la geografía, sino del vínculo que una persona ha construido con quienes la reconocen como propia.
Entonces recuerda una enseñanza de su padre: “Lo que tú tienes es tu palabra, María Corina”. Allí se entiende por qué define esta causa como “una lucha ética por la verdad, existencial por la vida y espiritual por el bien”. Todo lo demás, el reconocimiento, la influencia, incluso la victoria, puede desvanecerse; la palabra dada es la única propiedad que acompaña a una persona cuando ya no quedan aplausos ni cargos capaces de protegerla.
Un país puede perder sus instituciones y conservar todavía una reserva moral: la palabra de quienes se niegan a traicionarlo.
Esa idea reaparece al final, lejos de los grandes salones y mucho más cerca del dolor ordinario de Venezuela. Una madre de Nueva Bolivia, en Mérida, perdió a su hijo Anderson como consecuencia del terremoto. Logró enterrarlo allí y le pidió a María Corina que, apenas regresara, la acompañara al cementerio. Ella le respondió: “Te lo prometo, allá estaré. Es una promesa. Yo cumplo mi palabra”.
Tal vez esa escena explique mejor su concepto del regreso que cualquier cronograma. Volver no consiste únicamente en pisar de nuevo el territorio, aparecer ante una multitud o pronunciar un discurso desde una tarima. Volver será saldar las deudas íntimas que deja una nación herida: abrazar a quienes arriesgaron la vida, agradecer a los héroes anónimos, mirar de frente a los deudos y caminar junto a una madre hasta el lugar donde descansa su hijo.
La conversación comenzó con millones de votos y terminó frente a una sepultura. Entre ambos extremos quedó dibujada una concepción exigente del liderazgo: representar a una nación entera sin perder la capacidad de responder por una sola persona.
Venezuela todavía conserva su palabra.
📺 Comparto la entrevista completa para quienes quieran escucharla en su contexto. Vale la pena cada minuto. https://t.co/WieDCLPoyG
La auditoría que nadie podía manipular
1/12
Los terremotos no derriban gobiernos.
Derriban ilusiones.
Cuando el polvo se asienta, ya no importa quién firma los decretos.
Importa quién consigue sacar a un niño de los escombros.
Ese día comienza la verdadera política.
2/12
Un desastre natural nunca crea un Estado fallido.
Solo revela el que llevaba años oculto bajo propaganda, consignas y estadísticas maquilladas.
La naturaleza no negocia con narrativas.
Audita.
3/12
Durante décadas puedes esconder hospitales destruidos.
Puedes ocultar carreteras abandonadas.
Puedes sustituir ingenieros por militantes.
Hasta que llega un terremoto.
Entonces desaparece el maquillaje.
4/12
La soberanía no empieza en una bandera.
Empieza cuando una ambulancia llega.
Cuando el agua aparece.
Cuando el puente resiste.
Cuando alguien salva vidas.
Todo lo demás son símbolos.
5/12
Ese día ocurre el cambio más peligroso para cualquier régimen.
La autoridad deja de medirse por el cargo.
Empieza a medirse por los resultados.
Y los resultados no obedecen consignas.
6/12
Los edificios ministeriales pueden seguir en pie.
Los funcionarios pueden conservar sus oficinas.
Las banderas pueden seguir ondeando.
Pero el Estado chavista ya murió cuando perdió la capacidad de proteger.
7/12
Cuando el Estado desaparece...
La sociedad no espera.
Alcaldes.
Bomberos.
Universidades.
Iglesias.
Voluntarios.
Organizaciones humanitarias.
Todos comienzan a construir el país que el poder dejó de administrar.
8/12
Eso tiene un nombre.
La legitimidad cambia de dueño.
No mediante elecciones.
No mediante decretos.
Sino mediante una experiencia imposible de discutir:
¿Quién estuvo allí cuando más se necesitaba?
9/12
Toda hegemonía vive de una historia.
Toda catástrofe vive de los hechos.
Y los hechos tienen una costumbre cruel:
Nunca leen comunicados oficiales.
10/12
Cuando la realidad deja de confirmar el relato...
Comienza la crisis orgánica.
Lo viejo permanece sentado en el poder.
Pero ya no consigue explicar el país que millones tienen frente a sus ojos.
11/12
La mayor tragedia no fueron únicamente los edificios derrumbados.
Fue descubrir que las instituciones chavistas también estaban bajo los escombros.
Eso tarda mucho más en reconstruirse.
12/12
Los terremotos duran segundos.
La corrupción tarda décadas.
Pero ambas dejan ruinas.
Solo una diferencia a las naciones que renacen de las que desaparecen:
Invertir menos en la apariencia del poder y mucho más en la capacidad de proteger la vida.
La naturaleza hizo su parte.
Desnudó al poder.
Ahora le corresponde al pueblo hacer la suya.
Recuperar la República. Reconstruir las instituciones. Decidir su propio destino.
¡Basta ya! ¡Abajo cadenas!
https://t.co/1hR8yEuRRG
##Venezuela #Instituciones #Estado #Terremoto
USA debe asumir el control de esta emergencia con mismo interés q lo han hecho con nuestro petróleo .Dejar al régimen actual sería cómo si hubiesen dejado a Hitler presidir Tribunal de Nuremberg
#27Jun | El equipo de rescatistas españoles de @USAR13DYA, de Alicante y Castellón, no pudo abordar el avión para llegar a Venezuela por “falta de acreditaciones necesarias para viajar”. El grupo llevaba dos días esperando en el aeropuerto de Barajas para ser reubicado en otros vuelos; sin embargo, no pudo salir de España.
Un grupo de rescatistas de Alicante y Castellón quedó varado este sábado en el aeropuerto de Barajas tras no recibir las acreditaciones necesarias para viajar a Venezuela.
La comitiva de USAR13DYA llevaba dos días esperando ser reubicada en otros vuelos, pero finalmente no pudo salir de España.- @VPITV
La periodista de Univisión Paulina Sodi denuncia las limitaciones impuestas por parte del régimen de Delcy Rodríguez a la prensa internacional para poder hacer cobertura en las zonas de los terremotos.
Canto para Carmen y los Hijos Perdidos
Carmen murió hoy.
Y Venezuela amaneció más sola.
Murió la madre que caminaba con la fotografía de su hijo
como quien lleva una lámpara encendida
en un país lleno de túneles y verdugos.
Murió después de golpear puertas,
de preguntar nombres en los pasillos del miedo,
de recorrer cárceles donde el silencio
tenía uniforme y sello oficial.
Murió con el corazón cansado
de buscar a un hijo
que el Estado ya sabía muerto.
Ay, Carmen,
madre venezolana,
madre de manos humildes y ojos desgarrados por la espera,
¿quién recoge ahora tus pasos
regados por las calles de Caracas?
¿Quién levantará tu voz
frente a los muros donde escondieron la verdad?
Hoy las iglesias tienen un frío distinto.
Las velas arden más lentamente.
Los presos golpean las paredes con rabia muda.
Las madres de Venezuela miran tu nombre
y sienten que también les arrancaron algo del alma.
Porque tú ya no eras solamente una mujer buscando a su hijo.
Eras la madre inmensa de todos los desaparecidos.
Eras la pregunta que el poder nunca pudo responder.
Eras la vergüenza caminando frente a los ministerios.
Eras el rostro humano
de un país obligado a aprender el idioma del dolor.
Te vimos avanzar lentamente,
con la tristeza pegada al cuerpo
como polvo de cementerio.
Pero nunca te vimos rendirte.
Ni cuando cerraron oficinas.
Ni cuando negaron información.
Ni cuando la burocracia quiso enterrar tu esperanza
debajo de expedientes vacíos.
Y ahora que has muerto, Carmen,
tu dolor ya no cabe en una casa.
Ahora pertenece a toda Venezuela.
Porque hay madres
que después de morir
siguen caminando dentro de la memoria de los pueblos.
Hoy el país entero debería bajar la cabeza.
No por protocolo.
No por política.
Sino por vergüenza.
Vergüenza de haber permitido
que una anciana buscara sola a su hijo muerto
entre sombras, mentiras y oficinas selladas.
Carmen,
esta noche tu nombre recorrerá las cárceles,
las barriadas,
las iglesias vacías,
las mesas humildes donde todavía se llora en silencio.
Y mientras algunos poderosos duermen rodeados de escoltas,
tú entrarás en la historia
como entran las madres verdaderas:
sin odio,
sin armas,
sin discursos,
pero con un dolor tan grande
que termina convirtiéndose en patria.
Culminó la audiencia de Maduro y Cilia y estos fueron los puntos resaltantes:
1. Maduro se presentó sin bigote abundante, fue afeitado en el centro de reclusión y le estaba empezando a salir.
2. Abogado menciona a Cilia Flores como primera dama y el juez le exige que no se refiera así a ella puesto que en no es válido en su audiencia.
3. Abogado pide revisión médica para Cilia Flores y el juez dice que va a estudiar la posibilidad.
4. El abogado pide tener acceso a 40MM$ bloqueados para la defensa de Maduro y el juez niega acceso ahora y le dice al abogado que está en su derecho de renunciar y que una defensa pública puede reemplazarlo y hacer un buen trabajo.
5. Fiscal expresa que la defensa no puede tener acceso a todas las pruebas puesto que hay cuatro (04) personas que aún faltan por detener (“están en Venezuela”) y ser presentadas.
6. Presidente Trump declara que a Maduro se le acusará por otros cargos.
7. Maduro y Cilia seguirán presos y se fijará nueva fecha de juicio para posible sentencia.
8. Concluye la Audiencia y Maduro y Cilia son devueltos al Centro de Reclusión.
9. Libertad para todos los Presos Políticos Civiles y Militares en Venezuela.