A quienes me dicen que perdí por haber apoyado a Iván Cepeda, les respondo que no me considero perdedor.
Mi situación económica y personal no depende del resultado de una elección. Mañana podría comprar un pasaje, viajar a cualquier lugar del mundo y disfrutar del tiempo que quisiera. Mi bienestar no estaba en juego.
Por eso participé en política por convicción y solidaridad. Mi preocupación siempre estuvo en quienes dependen de una educación pública de calidad, de un sistema de salud digno, de oportunidades laborales y de un estado que los proteja. Si el proyecto político que apoyaba no logró imponerse, considero que quienes más tienen que reflexionar sobre las consecuencias son los campesinos, , los estudiantes, los obreros, , los policías, los soldados, los aprendices del Sena y, en general los sectores más vulnerables y marginados del país.
No luché por privilegios personales ni por beneficios para mí. Lo hice porque creo que Colombia necesita más justicia social, más oportunidades y mas dignidad para quienes han sido históricamente excluidos.
Por eso no siento que haya perdido. Seguiré defendiendo las mismas causas y los mismos principios, independientemente de los resultados electorales. Las elecciones terminan; las convicciones permanecen.
En la sociedad el valor de un hombre se construye, el valor de una mujer se preserva, al hombre se le juzga porque tan alto sube la montaña y a la mujer porque tan bajo cae de ella...