Hay personas que levantan las manos en adoración mientras aplastan a otros con sus acciones. Y lo más aterrador no es su maldad, sino la absoluta convicción de que Dios está de su lado mientras desobedecen todo lo que dicen creer.
A veces tenemos un problema como personas y
es que queremos ser más buenos que Dios, lo
cual nos lleva a soportarle todo tipo de cosas a las
personas con tal de no hacerles sentir mal.
Nadie te dice lo pacífica que se vuelve la vida cuando
te haces mejor amigo de alguien que nunca hace
las cosas competitivas, nunca siente celos, siempre
te apoya, puedes hablar de cualquier cosa, siempre
te anima y tienen una bonita conexión.
Yo siempre preferiré sentarme con pecadores que
admiten sus errores y buscan ser mejores cada día,
que juntarme con esa gente que solo fingen ser
buenas.
Creo que uno de los principales retos que tenemos
como seres humanos es aprender a valorar las cosas
a tiempo en su presencia, no en su ausencia, en su
momento, no después.
No importa cuán imposible parezca en nuestra mente,
Dios es capaz. Lo que para nosotros parece estar
fuera de alcance, nunca está fuera del alcance de Él.
Mientras más creces, más te das cuenta de que
la felicidad está en los días tranquilos, una vida privada, una mente en paz y en personas que solo
sumen cosas buenas a tu vida.