En lugar de Disney, usa Netmirror
En lugar de HBO Max, usa Moviebox
En lugar de Apple TV, usa Streamly
En lugar de Netflix, usa Flixio
En lugar de Prime Video, usa CineHub
En lugar de YouTube Premium, usa VidPlus o el navegador Brave
En lugar de Apple Music, usa ESound
En lugar de Spotify, usa Lyra
En lugar de Hulu, usa ShowZone
En lugar de Peacock, usa GlitchTV
En lugar de Paramount+, usa EpicFlix
En lugar de Crunchyroll, usa AniMax
En lugar de Discovery+, usa DocuStream
En lugar de Starz, usa CinemaWave
En lugar de Tubi, usa FreeFlicks
En lugar de Sling, usa StreamStack
Primero, la comparación Noriega–Mandela es intelectualmente obscena.
Noriega fue un dictador militar corrupto, sí, pero Mandela no fue el resultado de una autocracia fallida que se redime, sino el líder de un proceso de transición pactada tras décadas de presión internacional, reformas internas, elecciones libres y abandono explícito de la violencia. Venezuela no tiene nada de eso: no hay transición, no hay negociación real, no hay elecciones competitivas, no hay prensa libre ni independencia judicial. Comparar a cualquier figura del chavismo con Mandela es propaganda emocional para militantes, no análisis político.
Segundo, Estados Unidos no “quería un Noriega” en Venezuela.
Esto es una caricatura infantil del poder estadounidense. Washington no busca caudillos tropicales ni héroes morales: busca estabilidad, control de flujos migratorios, seguridad energética y contención geopolítica. Si EE.UU. hubiese querido un Noriega, habría sostenido a Maduro hace años. De hecho, el problema de Venezuela para EE.UU. no es ideológico sino práctico: un Estado fallido aliado de Rusia, China e Irán en su patio trasero.
Tercero, “la voluntad del pueblo venezolano” es el comodín favorito del autoritarismo.
Cuando Monedero habla de “voluntad popular” ignora deliberadamente hechos incómodos:
– Elecciones sin competencia real
– Inhabilitación de candidatos opositores
– Exilio de millones de venezolanos
– Represión documentada por la ONU
– Presos políticos
Un pueblo que huye masivamente, vota cuando puede contra el régimen y depende de remesas no está ejerciendo “voluntad soberana”, está sobreviviendo.
Cuarto, Venezuela no es Vietnam, ni remotamente.
Vietnam fue una guerra militar directa entre potencias, con millones de soldados, en un contexto de Guerra Fría bipolar. Venezuela es una autocracia rentista en colapso, sostenida artificialmente por represión interna, petróleo mal gestionado y apoyo externo oportunista. No hay ejército estadounidense empantanado, no hay guerra de guerrillas, no hay conflicto armado de ocupación. Usar “Vietnam” es una metáfora nostálgica para izquierdistas que siguen viviendo en 1973.
Quinto, la fantasía del “imperio desmadejándose” es puro deseo ideológico.
Estados Unidos tiene problemas, sí, pero Venezuela no ha debilitado al imperio: se ha destruido a sí misma.
– Su PIB se desplomó
– Su industria petrolera quedó arruinada
– Su población emigró
– Su moneda colapsó
Si eso es “derrotar al imperio”, es un concepto bastante suicida de victoria.
En resumen:
El tuit de Monedero no analiza Venezuela, la usa como mito revolucionario. No describe la realidad, la reemplaza por consignas. No explica procesos, los romantiza. No compara con rigor histórico, lanza nombres icónicos para provocar aplausos.
Más que un politólogo, aquí escribe un militante aferrado a la épica, incapaz de aceptar que el chavismo no es Mandela, no es Vietnam y no es una gesta antiimperialista, sino uno de los fracasos políticos, económicos y humanitarios más graves de América Latina en el siglo XXI.
Antonio Luis
🚨 ALERTA #Colombia
LA TRAMPA DE LOS POPULISTAS
El zurdo Iván Cepeda (@IvanCepedaCast ) con los mismos pasos que López Obrador (@lopezobrador_ ) para destruir las instituciones.