Una de las mejores lecciones de vida es no forzar nada: ni conversaciones, ni amistades, ni atención, ni amor. Lo que tiene que fluir, fluye. Y lo que no, se deja ir.
Todo es temporal. La emoción que hoy te tiene destrozado, la persona que crees que no puedes soltar, el sitio al que te aferras como si fuera tuyo para siempre. Nada de eso se queda. Te apegas y sufres el doble: primero por lo que pasa, y luego por no querer dejarlo ir. Suelta antes de que te toque soltar a la fuerza.