𝐋𝐨 𝐦á𝐬 𝐜𝐫𝐮𝐞𝐥 𝐧𝐨 𝐟𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐞𝐦𝐨𝐭𝐨
𝘌𝘯 𝘓𝘢 𝘎𝘶𝘢𝘪𝘳𝘢, 𝘦𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴 𝘺 𝘦𝘯 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢 𝘥𝘰𝘤𝘦𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘶ñ𝘢𝘴 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘭 𝘳é𝘨𝘪𝘮𝘦𝘯 𝘭𝘦𝘷𝘢𝘯𝘵𝘢 𝘳𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘴, 𝘦𝘹𝘪𝘨𝘦 𝘳𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘺 𝘴𝘦 𝘧𝘰𝘵𝘰𝘨𝘳𝘢𝘧í𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘯𝘫𝘦𝘳𝘰𝘴. 𝘋𝘦𝘭𝘤𝘺 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻, 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻 𝘺 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘥𝘢𝘥𝘰 𝘊𝘢𝘣𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦, 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘤𝘢𝘳𝘨𝘰 𝘺, 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘻, 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘵𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘰𝘴.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay una imagen de esta semana que ningún comunicado oficial logrará borrar: en La Guaira, a la orilla del mismo mar que durante generaciones fue postal de domingo, hombres y mujeres apartan bloques de concreto con las manos desnudas, sin grúas, sin palancas, sin más herramienta que la desesperación, buscando a los suyos bajo edificios que el miércoles a las seis y cuatro de la tarde se sentaron en el polvo. Habían bastado dos sacudidas, la primera de magnitud 7,2 y, treinta y nueve segundos más tarde, otra de 7,5, la más violenta que el país recuerda en más de un siglo, para partir en dos la vida de millones: un minuto y medio, acaso dos, de una tierra que en vez de calmarse crecía, aunque, como confesó una sobreviviente, nadie estaba contando los segundos mientras el mundo se desfondaba. Veintisiete horas después del doble sismo, los equipos de rescate seguían siendo escasos y quienes excavaban eran, en su mayoría, vecinos. Esa estampa, un pueblo arañando la tierra, es la fotografía verdadera del país. La otra, la que difundieron los canales del Estado, mostraba a la presidenta encargada Delcy Rodríguez recibiendo a un general de los Marines y celebrando una llamada de Donald Trump. Dos Venezuelas separadas por unos pocos kilómetros y por un abismo moral que no abrió ningún terremoto.
Porque tampoco fue solo este litoral: el doble sismo le pasó por encima a media Venezuela. En Caracas reventó el edificio Petunia, veintidós pisos plegados sobre sí mismos en pleno Chacao, se vinieron abajo estructuras en el viejo San Bernardino y se agrietaron Los Palos Grandes y Altamira; en Maracay se desplomaron paredes enteras de la urbanización Andrés Bello; en Valencia se desfondó una vieja sede universitaria; en Morón la carretera se abrió como una herida. Cuando se sumaron los cientos de edificaciones vencidas a lo largo de una decena de estados, quedó claro que esto no tenía un punto en el mapa: tenía la forma de un país entero hincado de rodillas.
Conviene fijar los nombres, porque las tragedias administradas por figuras anónimas se diluyen, y esta no debe diluirse. Quien encabeza el régimen de manera interina, tras la captura de Nicolás Maduro en enero, es Delcy Rodríguez. Quien anunció la cifra de novecientos veinte muertos desde la presidencia del Parlamento es su hermano, Jorge Rodríguez. Y quien tomó las decisiones operativas sobre la zona del desastre es el ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello. Tres apellidos, un mismo aparato, una sola manera de entender el mando. Apréndetelos, porque cuando todo esto pase y los voceros intenten reescribir la historia, tú serás el archivo que no se deja corregir.
Detente en lo que hizo Cabello, porque ahí se asoma el alma de un régimen con una nitidez que estremece. Mientras bajo los escombros se consumía el plazo que la medicina considera decisivo para sacar a alguien con vida, su primera gran obra de gestión no fue una excavadora: fue un retén. Ordenó restringir el acceso a La Guaira y montó un registro obligatorio en el Poliedro de Caracas para filtrar quién podía y quién no podía ir a ayudar, con el pretexto de evitar la llegada de personas «sin tarea asignada». Léelo dos veces. En el peor instante, cuando cada par de manos equivalía a una vida posible, el régimen consagró su energía a decidir cuáles manos tenían permiso. La burocracia del control girando a toda máquina mientras la maquinaria del rescate brillaba por su ausencia.
Esa fijación por administrar el acceso en lugar de multiplicar el auxilio no es un tecnicismo logístico: es una declaración de prioridades firmada con todas sus letras. El mismo régimen que admite apenas unos cientos de desaparecidos, cuando Naciones Unidas calcula que podrían ser decenas de miles, halló tiempo y tropas para militarizar el litoral. El mismo que mantuvo bloqueada la red social X durante dos años la liberó de golpe ahora, como si el oxígeno de la información fuese un grifo que ellos abren y cierran a capricho. Se ha denunciado, además, que funcionarios policiales retuvieron insumos humanitarios que la propia gente había recolectado para los damnificados. Y a un hombre que sacó a su hermana en coma de entre las ruinas, en el hospital le cobraron por cada cosa: todo era pagar y pagar. Pregúntate qué clase de Estado convierte una catástrofe en una aduana.
Y aquí conviene detenerse en la ausencia más elocuente de todas. En cualquier país del mundo, cuando la tierra se abre, los primeros en llegar a los escombros son los soldados; la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que se proclama columna vertebral de la patria, debió ser la primera mano tendida sobre Caraballeda, sobre Chacao, sobre cada lugar golpeado. No lo fue. Durante las horas que de verdad importaban, los vecinos de las zonas más arrasadas removían el concreto por su cuenta porque, sencillamente, no veían cascos ni maquinaria oficial donde más se les necesitaba. Los uniformes se hicieron visibles más tarde, casi en coreografía con el aterrizaje de los aviones extranjeros, como si la tropa hubiese estado aguardando a que llegaran los estadounidenses para salir a la foto. Y cuando el país por fin vio a su ministro de la Defensa, el general en jefe Gustavo González López, no estaba arrodillado sobre una losa tratando de escuchar un latido: estaba en la pista de Maiquetía dándole la bienvenida a un general de los Marines de Estados Unidos. Que cada quien saque la cuenta de a quién acudió primero el régimen, si a su gente sepultada o a la cámara que lo retrataría recibiendo al extranjero.
¿Es maldad o es incapacidad? Durante años nos adiestraron para debatir esa pregunta como si encerrara una hondura filosófica. Pero a la madre que escarba el cemento con los dedos en carne viva, a las dos de la madrugada, buscando el rostro de su hijo, la distinción no le entrega un solo gramo de consuelo. Cuando un poder dispone de recursos para el retén, para el censo de voluntarios, para la cámara y para el general extranjero, pero no para la grúa que salvaría a quien todavía respira bajo la losa, la línea que separa la perversidad de la desidia se vuelve un detalle de abogados. El resultado es idéntico, y de ese resultado se responde ante la historia. A un régimen no se le juzga por lo que dice sentir, sino por lo que elige hacer cuando el reloj corre contra la vida de su gente; y lo que estos eligieron, con plena conciencia de la urgencia, fue decidir quién tenía permiso para ayudar antes que mover un solo escombro.
Por eso ocurrió lo que ningún ministro de propaganda conseguirá maquillar. Cuando Delcy Rodríguez llegó a posar frente al edificio Petunia, esa torre de veintidós pisos que en el este de Caracas se desplomó losa sobre losa, los vecinos que aún aguardaban a sus muertos no la recibieron con aplausos sino con un grito unánime: fuera, fuera. Le reclamaron en la cara que dejara de hacer campaña sobre una tragedia y le gritaron, sin filtro, que «el gobierno no está haciendo nada por el pueblo». Hay abucheos que pesan más que un plebiscito. Detrás de esa cinta amarilla, un país entero le dijo a su "gobernante" lo que las urnas llevan años intentando decirle, y el desprecio de los humildes, cuando es a la cara, no admite operación de imagen que lo borre.
La tierra que hoy se traga a los inocentes ya conoce de memoria el sabor del abandono. En diciembre de 1999, ese mismo litoral, entonces llamado Vargas, fue sepultado por un alud que se llevó a decenas de miles de personas, en una de las peores catástrofes de la historia venezolana. Cambian las décadas, cambia el nombre del estado, cambia el ministro de turno, pero la costa vuelve a quedarse sola frente a la muerte mientras el poder se ocupa de su propio retrato. Hay heridas que no son geológicas, sino políticas, y se reabren puntualmente cada vez que la naturaleza golpea donde el Estado jamás construyó nada, salvo discursos.
Y sin embargo, anota esto donde puedas releerlo en los días sin luz, lo que estos escombros dejaron al descubierto no fue solamente la pequeñez de quienes mandan, sino la estatura descomunal de quienes obedecen sin que nadie se los ordene. Mientras ellos se atrincheraban en sus protocolos, nosotros nos arremangamos. Lo viste y se te cerró la garganta: caravanas de motos y carros desvencijados descolgándose hacia Vargas, cargados de agua, de medicinas, conducidos por gente que no preguntó por quién votabas antes de tenderte una caja. Lo viste en las plazas de Caracas, de Ciudad Bolívar, de Maracaibo, transformadas de la noche a la mañana en almacenes que ningún decreto ordenó, donde una señora que apenas estira lo suyo para la olla del mes dejaba igual sus dos paquetes de harina y se santiguaba. Lo viste en las manos, las tuyas, las de tu hermano, las del desconocido de al lado, pasándose baldes de escombro en cadena hasta que los dedos sangraban y nadie se quejaba, porque debajo todavía podía haber alguien respirando. Y lo viste afuera, en esa diáspora a la que tanto despreciaron por marcharse, empacando cajas en Doral, en Madrid, en Panamá, con el pulso temblando de rabia y de amor a partes iguales, devolviéndole a la tierra que los expulsó cada gramo de lo que el régimen les negó. Esta es la verdad que ningún retén podrá clausurar: donde ellos tendieron un cordón, nosotros tendimos los brazos, y volvimos a descubrir, como si todavía hiciera falta, que somos, los unos para los otros, lo único en este país que no se ha derrumbado jamás.
Y esa voluntad encontró además quien la encauzara desde donde el poder menos lo esperaba. María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y la dirigente a quien le arrebataron las instituciones pero no la brújula, no tenía ministerios que movilizar ni cuarteles que comandar ni aeropuertos que abrir: tenía un teléfono, una red de voluntarios y una certeza. Desde fuera de toda estructura oficial puso las plataformas de su movimiento a rastrear desaparecidos, a canalizar el auxilio y a recoser el tejido que el terremoto y el abandono habían desgarrado, y le repitió al país una frase que vale por todo un programa de nación: no estamos solos, nos tenemos. Resulta que para conducir un rescate nunca hizo falta el poder; hizo falta la voluntad de servir. Y esa, en Venezuela, hace rato dejó de tener domicilio en Miraflores.
No voy a mentirte prometiéndote que el dolor terminará pronto, porque habrá que contar a cada muerto con la rabia de saber que a muchos era posible salvarlos, y porque familias enteras cargarán para siempre esa certeza. Pero algo quedó demostrado esta semana con la fuerza limpia de una revelación y es que el régimen que se cree dueño del país acaba de descubrir que ni siquiera es dueño del duelo. Podrán controlar el acceso a La Guaira, registrar a los voluntarios, bloquear y desbloquear las redes a su antojo, posar junto a quien les convenga. Lo único que jamás conseguirán es inscribir en su planilla la dignidad de un pueblo que ya aprendió a rescatarse sin pedirles nada, esa dignidad que no entra en su Poliedro, no cabe en su censo y no se detiene ante su retén.
𝐋𝐚 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐨.
PD: Una nota final, porque no puedo ni quiero cerrar sin decirlo. A esta tierra que se quedó sola frente a su propio régimen no la dejó sola el mundo. Llegaron de todas partes: del país más poderoso y de la isla más pequeña, del que siempre nos abrazó y del que ayer nos daba la espalda, cruzando fronteras, idiomas y banderas que en cualquier otro momento los habrían enfrentado. Vinieron con grúas, con hospitales de campaña, con toneladas de agua y de medicinas, con manos que no hablaban nuestro idioma pero entendían perfectamente nuestro dolor. Y vinieron también sus perros: animales adiestrados para oler la vida donde nosotros ya solo veíamos escombro, que se metieron en los huecos sin preguntar de qué color era la patria que rescataban, moviendo la cola cada vez que debajo de las ruinas encontraban un corazón aún latiendo. A cada rescatista, a cada médico, a cada piloto que voló de noche, a cada perro con las patas heridas de tanto escarbar: gracias. Nos recordaron que la humanidad, cuando quiere, todavía sabe ser una sola.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬, 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨. 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐚.
Delcy, lárgate.
Eres una vergüenza y no representas a los venezolanos. El chavismo y sus esbirros han demostrado ser incompetentes, criminales, resentidos y llenos de odio.
Esta maldición que tanto daño le ha hecho a Venezuela tiene que terminar
@maibortpetit La imagen genera muchas preguntas. No solo por quiénes aparecen en ella, sino por quién decidió que esta reunión fuera fotografiada y luego difundida. ¿Fue un fotógrafo oficial del gobierno venezolano, de la delegación estadounidense o alguien autorizado por ambas partes? Conocer
Bukele se merece una estatua en La Guaira.
El Salvador, un pais de menos de 7 millones de habitantes ha movido cielo y tierra para enviar ayuda a Venezuela.
Gracias @nayibbukele
@isaacrrr7 Los resultados de esta gestión indican que hay que estar abierto a ver RESULTADOS Y NO CREER TODO LO QUE APARECE EN REDES!
SIEMPRE DISPUESTOS A CORREGIR, cuando sea necesario.
Los venezolanos, transitamos una delicada y peligrosa crisis geopolítica, política (multifactorial y multidimensional), manejada por intereses nada éticos y menos profesionales.
Se pretende asumir funciones de alto gobierno con improvisados inexpertos, populistas jovenzuelos.
No son 26 años… son muchos mas…
Ha prevalecido el carnet, arribismo y la ligereza frente al tema "gobierno" y otros de vital importancia y Seguridad de Venezuela.
Las declaración del Pte #47 de los Estados Unidos, sobre la energía, explotación y propiedad es inaceptable; se trata de nuestra "soberanía y existencia como Nación".
Ello, nos exige cerrar filas “SIN EXCEPCION”.
Fui testigo privilegiado, entre 1990 y 1992, de la acción de gobierno y creciente preocupación por los asuntos de Estado de: Presidente (f) Carlos Andrés Pérez, el Dr Andres Sosa Pietri (Presidente de PDVSA) y El Ministro Jefe de CORDIPLAN y líder del Gabinete Económico Dr. Miguel Rodriguez F.
El trabajo, a todo tiempo, de estos tres ilustres y calificados venezolanos, en función de gobierno y de la geopolítica de la energía (oil) era reconocido por el presidente George H.W.Bush (#41 USA), así como, muchos otros mandatarios y personas que a nivel estratégico conocieron la solvencia y manejo del recurso energético, de Venezuela, a escala mundial
Considero que hemos sido absolutamente ligeros, improvisados y sectarios en el manejo de nuestra Nación.
Es hora de “lanzar fuera de borda” a patiquines, mercaderes y populacheros traganiqueles.
Es hora de los hombres y mujeres honestos, equipados profesionales, ética y técnicamente solventes.
Con #PiratasZozobraVenezuela, así, no llegaremos a ningún Puerto...
Es hora de ocuparnos y trabajar con personas probadas y calificadas para la salvación de Venezuela.
Les invito a leer la valiente, oportuna y calificada "posición" asumida por el Dr. Miguel Rodriguez F.
Ningún viento es bueno... Para el marinero que no sabe a donde va. (Seneca)
#DiosYPatria.
Miguel Rodríguez
18 de Diciembre, 2025
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La historia petrolera de Venezuela es muy simple.
Nuestro petróleo ha sido, es, y será siempre propiedad de la Nación y el Estado venezolano.
La Standard Oil (Exxon) americana, la Shell Anglo-Neerlandesa, y otras compañias extranjeras vinieron a un país miserable, palúdico y analfabeta, bajo un régimen de concesiones a desarrollar la producción petrolera en nuestro país. Jamás recibieron propiedades sobre el petroleo en el subsuelo, sino sobre el crudo producido en la boca del pozo, sobre el que tenían que pagar una importante creciente Regalía y los correspondientes impuestos sobre la renta sobre sus ganancias.
Jamás el petroleo venezolano en el subsuelo ha sido propiedad de las empresas transnacionales!!!
El sistema funcionó muy bien hasta 1970 cuando el país llegó a producir casi 4 millones de b/d de petroleo. En 1960 acabando de terminar la dictadura de Pérez Jimenez e iniciándose el período democrático, Venezuela era el primer exportador Mundial de petroleo, y el segundo productor Mundial solo superada por USA. Ya producía 3 millones de b/d, el doble de Arabia Saudita y el triple de Rusia!
Ese exitosísimo proceso de Desarrollo petrolero y como país sufre un quiebre dramático con el disparate de la Democracia venezolana de la aprobación de la Ley de Reversión en 1969, que revertía al Estado todos los activos productivos y concesiones de las transnacionales hacia 1983. La catástrofe no se hizo esperar. Las transnacionales declararon una huelga de inversiones que colapsó la producción petrolera de Venezuela. En 1974 el nuevo Gobierno de Carlos Andrés Pérez recibió la mitad de la producción de 1970, lo cual lo obligó a adelantar la estatización-Nacionalización de la producción petrolera para enero de 1976.
Lo hizo de manera brillante, creando a PDVSA como un Holding, y reemplazando à la Exxon (Creole) por la operadora Lagoven, à la Shell por Maraven y à la CVP en Corpoven.
Para ello encargó al mejor gerente de Venezuela, el General Rafael Alfonzo Ravard y a lo mejor de la gerencia petrolera venezolana a montar una de las mejores corporaciones de este planeta.
Pero a Mr. Trump (Mr. Danger lo llamaría Rómulo Gallegos) le convendría enterarse de algo fundamental. En esta extraordinaria nacionalizacion de Carlos Andrés Pérez en 1976 no hubo expropiaciones, sino negociaciones y PAGO, por los activos de las transnacionales del pozo para afuera y por el valor de su negocio.
Además, la participación futura de las transnacionales en el negocio petrolero quedó abierta por la aprobación del artículo 5 en la Ley de Nacionalización, redactado por un joven brillante Senador del Congreso de la República, Andrés Sosa Pietri , quien posteriormente se convertiría en el mejor Presidente de la historia de PDVSA junto al General Ravard, en el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Es bueno saber, que de no haber sido por la Guerra del Yom Kippur que derivó en la quintuplicación de los precios del petroleo en 1973-74, el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez no hubiera producido ninguna bonanza, sino miseria y pobreza por el colapso en la producción petrolera de 1970 en adelante.
La actuación de Venezuela como pais petrolero, y de PDVSA y sus filiales después de la Nacionalización fué mediocre durante 15 años, no por la gran empresa, sino por la mojigata política que se originaba en el Ministerio de Energía y Minas, basada en la estúpidez del “excremento del diablo”, cuando en realidad el petroleo es una bendición de Dios para los países con altas reservas como lo ha demostrado el inmenso desarrollo de los países petroleros hasta hoy, con la excepción de Venezuela, Iran, Irak y Libia, siempre por razones políticas y pésimos manejos de sus economias. Esa visión pacata de puro OPEP con esteroides, llevó a PDVSA a aceptar recortes en su producción en los pésimos gobiernos de Luis Herrera y Jaime Lusinchi , mientras los países árabes olfateando la estupidez de los políticos venezolanos, continuation aumentando extraordinariamente su producción de petroleo y gas a costillas del país con las mayores reservas petroleras mundiales, Venezuela! Rusia también comenzó a ocupar el espacio productivo petrolero venezolano, olfateando la enfermedad de nuestro sector político.
Esta “Marcha de la Estupidez” la rompimos en el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez, con el programa del Gran Viraje y la llegada en 1990 de Andrés Sosa Pietri a la Presidencia de PDVSA. En sus dos años y medio en PDVSA de 1990 a 1992, se logra aumentar su producción en 1 millón de barriles diarios, como hecho insólito en toda la historia de la empresa, desde 1976 hasta su debacle de estos años del chavismo hasta hoy.
Andrés Sosa diseña e implementa junto a una revitalizada PDVSA, el programa de Apertura Petrolera, invitando nuevamente a las grandes empresas petroleras (Exxon-Mobil, Shell https://t.co/dofFWfiSC5.) en asociación con PDVSA, a participar en el mayor programa de expansión de la producción petrolera Mundial que iba a tener lugar en Venezuela. El Plan era alcanzar 6-7 millones de b/d en el año 2000, y 10 millones de b/d en la primera década del Siglo XXI.
Junto a las políticas del Gran Viraje, Venezuela sería como los países petroleros del Golfo o Noruega un país plenamente desarrollado hoy.
La gran tragedia de Venezuela, de su Economía, de su Democracia y de su sector Petrolero en estos últimos 30 años se da por la ignorancia, torpeza y avidez de sus élites políticas y privadas, que defenestran al gran político de Venezuela Carlos Andrés Pérez en 1992-93, en un país que ya habia sido el de mas alto crecimiento en el mundo en 1991, para producir el catastrófico Gobierno de Rafael Caldera, que encarcela al gran Demócrata, y libera al traidor, golpista y mamarracho del 4 de Febrero, y se lo llevan de la mano a Miraflores para producir la hecatombe de la cubanización de Venezuela en estas tres décadas hasta hoy.
Las expropiaciones de todas las empresas venezolanas y extranjeras, incluyendo las asociaciones extratégicas del sector petrolero las hizo Hugo Chávez. Algunas fueron compensadas, otras no. Unas cuantas tienen fallos favorables de Cortes e Instituciones internacionales favorables para ser compensadas.
Como Mr. Trump conoce perfectamente por su vasta experiencia personal en sus quiebras empresariales, una empresa que no puede pagar va en USA a Chapter 11 a que la administre unTribunal, a ver si la salva una nueva Administración, o quiebra definitivamente, y los dueños y los acreedores pierden todo.
Venezuela hoy en el 2025 es un país en absoluta quiebra, económica, política y moral. Se ha regresado 100 años a 1925 cuando era el país hambriento, miserable y palúdico de Las Casas Muertas…
Venezuela no puede pagar un centavo de deuda en los próximos cinco años, sino a costa del hambre de sus hijos.
Lo que si puede Venezuela, no con el robo de su territorio a cañonazos como en la Guerra Mexicana de 1846, sino bajo una nueva Administración venezolana competente y especialmente honesta, es reconstruír de manera muy potente su Economía y sus instituciones democraticas, a través de una total apertura de la economía y de su sector petrolero. Con unos Estados Unidos aliados comprometidos en su total recuperación y Desarrollo! Pero en total libertad de relacionarse economica y políticamente con todos los países del planeta que puedan contribuír con su bienestar.
Venezuela is in Chapter 11, President Trump!!
Estamos llegando a un momento crucial de los tiempos por venir; Venezuela entra en una encrucijada donde: 1. Se convierte en el socio estratégico y fuerte que los Estados Unidos necesitan en el hemisferio occidental; 2. Entra en un bucle de violencia e inestabilidad permanente que termina por repartirla entre muchas naciones; 3. Es convertida en Estado Asociado a los Estados Unidos de Norteamérica.
Solo el tiempo y algunos elementos de análisis nos permitirán determinar hacia donde se inclinará el país.