Decís que el Medievo fue un periodo de superstición, analfabetismo y retraso cultural, pero veo a los jóvenes del siglo XXI "farmeando aura" y empiezo a pensar muy seriamente que el progreso os ha vuelto profundamente gilipollas.
@StateDept La extracción de Maduro desmostro que el socialismo es débil y su furor solo es performance y solo es una estructura útil para debilitar un país y hacer el trabajo sucio.
El progresismo es yankee, el lgtbismo es yankee hasta Zizek es yankee.
@StateDept La extracción de Maduro desmostro que el socialismo es débil y su furor solo es performance y solo es una estructura útil para debilitar un país y hacer el trabajo sucio.
El progresismo es yankee, el lgtbismo es yankee hasta Zizek es yankee.
Most of you already know this (my youtube audience might not). It's about how psychology is now part of computer science. Anthropic's study into emotional reasoning, the surprise OpenAI 's agents expressed when they discovered how to break out of their sandbox, etc.
Asdrubal “Ateo Digital” falleció hace un mes en Ecuador. Un día antes de la tragedia subió un video burlándose de Dios como era habitual en él.
Oremos por su alma
Worth remembering what Peter Thiel once said about Alex Karp: "Karp was more the socialist, I was more the capitalist. He was always talking about Marxist theories of alienated labour and how this was true of all the people around us."
@DerechaHippie@libranosdel_mal En un futuro no muy distante la gente aquí en X va a debatir si el comunismo lo debe gestionar el estado o las empresas (big tech).
𝗠𝗼𝗻𝗮𝗿𝗾𝘂í𝗮 𝗰𝗮𝘁ó𝗹𝗶𝗰𝗮 𝘆 𝗱𝗲𝗺𝗼𝗰𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗹
La doctrina católica no enseña que toda república sea ilegítima ni que toda monarquía sea justa por el simple hecho de ser monarquía. Pero, en el plano de los principios, la monarquía católica es la forma política que mejor expresa el orden natural de la sociedad cuando está sometida a Dios, a la ley natural y al bien común.
Santo Tomás enseña que la ley es una ordenación de la razón al bien común, promulgada por quien tiene el cuidado de la comunidad. Esa definición destruye la mentalidad democrática moderna, según la cual basta el procedimiento, el voto o la mayoría para producir legitimidad.
Una mayoría puede votar el aborto, la eutanasia, la destrucción de la familia o leyes contra la naturaleza humana. Todo eso podrá tener forma legal, pero no por eso será justo.
La verdad no se vota. El bien común no se improvisa en una urna. La ley natural no depende del consenso electoral.
José Antonio Primo de Rivera vio con claridad el fondo del problema al criticar el pensamiento político nacido de Rousseau. En su discurso del Teatro de la Comedia señaló que, desde El contrato social, la verdad política dejaba de ser una entidad permanente y quedaba sometida a la voluntad colectiva. Por eso denunciaba que el sufragio terminara pretendiendo decidir “si Dios existía o no existía; si la verdad era la verdad o no era la verdad”.
Ahí está la raíz del error: convertir la voluntad de la mayoría en medida última de la verdad, del bien y de la justicia.
La democracia moderna, entendida como sufragio universal activo y pasivo sin límites reales, descansa sobre una ficción: que la suma de voluntades individuales produce por sí misma una voluntad política justa. Pero la cantidad no genera verdad, y un pueblo desordenado moralmente no queda purificado por votar cada cuatro años.
Además, el sistema de partidos convierte la vida política en una lucha permanente por el poder. Los partidos buscan vencer, ocupar instituciones, repartir cargos, comprar voluntades y mantener cautivo a su electorado mediante miedo, propaganda, subvención o resentimiento.
El partido necesita dividir para existir. Reduce la patria a programa, consigna y campaña. Sustituye la unidad orgánica del pueblo por bandos artificiales enfrentados bajo la dirección de élites electorales.
La monarquía católica tradicional parte de otra lógica. El rey no recibe su autoridad de una mayoría cambiante, sino que la ejerce como un deber ante Dios y ante la comunidad histórica que gobierna. Su legitimidad consiste en custodiar el orden, proteger la justicia, defender la fe, respetar los fueros, amparar los cuerpos intermedios y servir al bien común.
Esta monarquía tampoco es absolutismo. El rey católico debe estar sujeto a la ley divina, a la ley natural, a la tradición jurídica del reino y a los límites propios de una sociedad orgánica: municipios, familias, gremios, universidades, regiones, Cortes, Iglesia y demás realidades naturales anteriores al Estado moderno.
Santo Tomás valora una forma política mixta: un principio monárquico que asegure unidad, una dimensión aristocrática fundada en la virtud y la competencia, y cierta participación del pueblo a través de cauces ordenados. Eso se parece mucho más a la monarquía tradicional con representación orgánica que a la democracia liberal de partidos.
La democracia liberal fracasa en su raíz: convierte el procedimiento en fundamento, la opinión en ley, el partido en mediador político y la mayoría en falsa fuente de verdad.
La monarquía católica, bien entendida, recuerda algo que el mundo moderno odia: gobernar no es halagar al pueblo, sino conducirlo al bien.
Y una sociedad que ya no reconoce a Cristo como Rey acaba obedeciendo a señores mucho peores.
Obra: 𝘓𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘤𝘢𝘳𝘦𝘥𝘰, Antonio Muñoz Degrain, 1888
A pocos se les olvida que uno de los actores que merece por lo menos el 50% de la culpa de la crisis institucional, alza de precios y próximamente una crisis política.
Es Samuel Pérez. Uno de los mayores responsables, organizador de las protestas de 2023 donde se aceleró el alza de los precios y donde se tuvo una fractura dentro de la sociedad.
Hoy cómplice de los préstamos, aumentos de presupuesto y subsidios impulsados por el gobierno central. Razones por las cual en 2020 quemaron el congreso y decían que fomentaban la corrupción.
Hoy vive una vida cómoda, con un aumento de salario pactado a cambio de la aprobación de préstamos y deuda.
Hoy no solo traicionó los principios que fingía tener para lograr una posición de poder que hoy tiene y busca conservar a toda costa.
Hoy hay que recordar a los que en el
pasado desestabilizaron el país, para que no sean re electos o electos y en el futuro cuando pierdan el poder y se active la falsa indignación no permitirles nunca más volver a desestabilizar el país o acceder a una cuota de poder.
@samuel_pz