@EstebanNavarroS Momentos como este te alegran el día. También te lo entristecen cuando un señor con muy malas pulgas echa del evento al dulce paseante, privando así al distinguido respetable de la grácil figura que en esos momentos camina por la pasarela. ¡No hay derecho!
Guz moni. Desconozco quién de aquellos tantos veraneantes que por estas fechas se acercan a compartir nuestra tranquilidad, quién nos regala con la suave música de un piano. Epi dice saber; pero que se lo guarda. Tenemos a un don Hortelano dándose pisto.
Guz moni. Cenamos. Salimos al patio y al <<¡Mira, mira>>! de Epi y mío, tratamos de seguir el juguetón vuelo del murciélago que, siempre, nos burla. La noche avanza. Nos retiramos cuando, desde allá lejotes, Lang Lang nos encumbra la noche.
Guz moni. ¡Y cómo se me pone Epi cuando, por ejemplo, me habla de las labores del huerto y le digo que hasta ahí no alcanzo a saber! Por eso anoche cuando me dijo que la tierra del huerto es, por cosa de los calores, un tabón apretujado, pongo cara de entendido y asiento. Hola.
@eldiarioes Estos me recuerdan a Homer: <<¡Magie: primero dices que no me lo compre y ahora no quieres que lo devuelva!>> Niegan como demonios el cambio climático y claman a los cielos por un cambio politico.
Guz moni. Se ve que Epi se encogió de hombros en señal de asentimiento. Hoy, domingo, nueve menudos se le juntarán en el huerto iniciándose en el regadío de melones y sandías. Un espectáculo será ver el chapoteo que allí se va ha organizar. No las tengo todas conmigo. No sé yo.
Guz moni. Ayer noche, a la chita callando, dejé corito al perchero. Y esta mañana la hubo. Se levantó Epi, y así que vio Su perchero como lo trajeron al mundo... ¡Qué voces! Dio un portazo cuando salió. Hoy, cuando del huerto venga, se lo encontrará vestido. Negaré saber nada.
Guz moni. Cuenta Epi que ayer tarde unas mozas muy majas y modosas le preguntaron por el atajo para llegar a la Acequia de Arriba. Que les habían hablado de cómo mil gorriones se acercaban a la orilla y, cómo todos ellos, testucilla abajo-arriba, bebían agua. Epi También fue.
Guz moni. Esta mañana, a eso de las seis y un poco, oigo que dentro de casa alguien habla. No puede ser otro que Epi. Callandito, me levanto. Es Epi. Escucho que dice:
-Una parte de mí queda contigo... Me voy, pero volveré.
¡Ni se me ocurrirá preguntar de quién se despedía!
Guz moni. Del perchero de tres pies que tenemos a la entrada, cuelgan, como si de su propio vestir fuera, un sombrero panamá y unas gafas de sol. No sé para qué me preocupo. Dice Epi que gusta de ver un perchero tan apañado. Bien está.
Guz moni. Como cada mañana, así caigan chuzos de punta o, cual es el caso, las chicharras 'amaitineen' a un Epi madrugador, el huertano va. Se niega a protegerse con el sombrero panamá que le fue regalado. Él sabrá. De vuelta le esperan unas gafas de sol... ¡Que tampoco!
Guz moni. Le digo: -¡Epi, hombrepordiós, con este solazo inmisericorde debes ponerte el sombrero nada más salir de casa! Me replica diciéndome que, de presentarse en el huerto tan de tiros largos no se sentiría. Sea pues: <<Epi no se Siente con un sombrero panamá de la China>>.