me enamoré de esta frase: "no importa tu edad, siempre desearás haber empezado más joven, pero hoy serás lo más joven del resto de tu vida, así que empieza hoy"
Cuando te das cuenta de que Jesús alimentó a 5000 personas, pero solo 500 lo siguieron después de la comida. Tenía 12 discípulos, pero solo 3 se adentraron más en el huerto, y solo 1 permaneció a su lado en la cruz. Cuanto más te acercas a la cruz, más pequeña se vuelve la multitud.
La testosterona masculina fue una de las primeras cosas en ser atacadas, porque una sociedad de hombres fuertes no permitiría lo que está pasando ahora.
•Eligió a David sabiendo que cometería adulterio.
•Escogió a Jonás sabiendo que huiría.
•Escogió a Pedro sabiendo que lo negaría.
•Eligió a Judas sabiendo que lo traicionaría.
Tu debilidad no escandaliza a Dios, Él te eligió aunque tuvieras defectos.
No te rindas!
Hay un pasaje en Confesiones de San Agustín que lleva quince siglos incomodando a quien lo lee despacio.
Agustín roba unas peras. No tiene hambre. No las quiere. Las tira a los cerdos. Y en lugar de pasar página se obliga a entender por qué lo hizo.
La respuesta que encuentra es peor que cualquier excusa: lo hizo porque sí. Por el placer de saltarse la línea. Sin premio, sin motivo, sin hambre. El acto puro de hacer lo que no debía solo porque podía.
Lo interesante es que no se perdona con una explicación cómoda. Se sienta delante del hecho hasta que le devuelve algo útil.
La mayoría hacemos lo contrario. Actuamos, justificamos y archivamos. El gasto que no tocaba, la palabra que sobraba, la decisión que sabíamos mala antes de tomarla. Pasamos página rápido porque mirar de frente lo que hicimos sin motivo tiene un coste que preferimos no pagar.
Agustín convirtió unas peras robadas en una de las páginas más lúcidas que se han escrito sobre el autoengaño. Todo porque se hizo la pregunta que casi nadie se hace: ¿para qué hice esto, si no lo necesitaba?