Es muy interesante observar en este vídeo como Daniel Mansuy comienza a perder el control de impulsos, interrumpe, sube el tono. Parece que ser así frente a una mujer les sale natural, aunque ella sea una autoridad y este modo beligerante, una imprudencia.
Cuando se planteó una ley que sancionara la desinformación y fake news, la derecha se opuso.
Hoy sabemos por qué, Schalper, De la Carrera y el hoy presidente JA Kast aparecen aquí mencionados, también la sucia campaña contra Evelyn Matthei, el Apruebo y varios periodistas.
Ojalá puedan leer y compartir, porque la verdad siempre tiene que salir a la luz.
“Iban dos diputados de derecha a la oficina”: Las controversiales confesiones de un creador de fake news
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🔴 DE CERIMEDO AL ENTORNO DE KAST: LOS NEXOS QUE ESTÁN DOCUMENTADOS
1. Cerimedo → Casa Común por el Rechazo.
Gonzalo de la Carrera reconoció que Fernando Cerimedo llegó recomendado por uno de los empresarios de Casa Común y que les vendió una encuesta a través de Numen.
https://t.co/EUaSmhzGHx
2. De Casa Común al Segundo Piso de La Moneda.
Alejandro Irarrázaval integró Casa Común y actualmente es jefe de asesores del Presidente Kast. Ignacio Dülger también trabajó en Casa Común y posteriormente integró el Segundo Piso, según El Mostrador.
https://t.co/ai8GcfQCnJ
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3. Dülger → campañas de Kast.
La Tercera documentó su trayectoria en el entorno republicano y su trabajo territorial en campañas presidenciales de Kast.
https://t.co/Nz5Ze9alDb
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4. Y existe un nexo todavía más directo.
Agustín Romo, integrante del equipo digital de Milei que trabajaba con Cerimedo, declaró en 2023: “Sí, Fer trabaja con nosotros y sí, trabajó en las campañas de Kast y Bolsonaro”.
https://t.co/ah9CucVeNI
¿Qué falta conocer? Si Cerimedo efectivamente prestó servicios para campañas de Kast, falta establecer en cuál o cuáles, quién lo contrató, cuánto se le pagó y qué servicios realizó.
El Mostrador hizo preguntas sobre la participación de Cerimedo en la campaña y los vínculos de los actuales asesores presidenciales. Según el medio, Presidencia no respondió antes del cierre del reportaje.
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Mara:
Leí su entrevista en El Mercurio y deja una impresión curiosa: parece menos destinada a explicar sus 69 días como ministra que a corregir las consecuencias de aquello que usted misma dijo después de abandonar el cargo.
Hoy afirma: “Este es mi gobierno y yo voy a hacer todo lo posible para que le vaya bien”. Es su derecho. Puede mantener su adhesión al Presidente Kast. Pero la lealtad no modifica los hechos ni convierte declaraciones anteriores en errores de interpretación.
Cuando usted habló de presiones, conflictos y dificultades dentro del Gobierno, esas palabras no fueron inventadas por la oposición. Las pronunció usted. Si eran ciertas, explique qué ocurrió. Si fueron imprecisas, asúmalo. Lo difícil es sostener que contó honestamente su experiencia y, al mismo tiempo, responsabilizar a quienes entendieron aquello que sus palabras permitían entender.
Dice además que su lealtad al Presidente es “absoluta”. En democracia ninguna lealtad política debiera ser absoluta. La lealtad de una autoridad encuentra límites en la Constitución, la ley, los hechos y la responsabilidad pública. Lo absoluto pertenece mejor al territorio de los afectos personales que al ejercicio republicano del poder.
Y usted fue ministra, no integrante de un club de amigos.
También reconoce algo revelador: “Para no cometer ciertos errores debí haber chequeado cierta información”. Pero verificar información no era una precaución extraordinaria. Era parte esencial de su trabajo. Una ministra vocera habla en representación del Gobierno. No basta con recibir información y repetirla: debe contrastarla, comprenderla y responder por ella.
Por eso sorprende que su explicación termine encontrando refugio en un adversario externo. Según usted, la izquierda “se va a articular profundamente para atacar al gobierno del Presidente Kast y a nuestras ideas”.
Señora o señorita Sedini, una oposición se opone, por ello se le llama oposición. Pero además fiscaliza, critica, cuestiona y aprovecha políticamente los errores del Gobierno, como lo hace cualquier oposición cuando cambian los papeles. Eso no es una conspiración ni una anomalía. Es democracia. Usted lo hacía y vociferaba con megáfono en el espacio Sin Filtros, ¿o ya lo ha olvidado?
Más útil sería explicar por qué una ministra permaneció apenas 69 días en una cartera estratégica. ¿Qué falló? ¿Fue usted? ¿Fue el equipo presidencial? ¿Hubo efectivamente presiones internas? ¿Recibió información equivocada? ¿Quién se la proporcionó? ¿Continúa sosteniendo aquello que dijo después de abandonar La Moneda?
Esas preguntas permanecen abiertas.
También afirma que seguirá siendo “independiente”, aunque se declara oficialista, habla de “mi gobierno” y de “nuestras ideas”. Puede no militar y apoyar al Gobierno, por supuesto; pero eso es independencia partidaria, no política. Su posición está perfectamente definida.
Su entrevista contiene además referencias al cariño y a los vínculos personales construidos durante la campaña y el Gobierno. Pueden ser sinceros y valiosos, no lo dudo, pero el afecto no es una categoría de evaluación de la gestión pública. Los ministros se evalúan por competencia, resultados, criterio y responsabilidad.
Por eso la pregunta nunca fue si usted quiere al Presidente Kast. La pregunta es por qué dejó de ser su ministra después de 69 días. Y esa pregunta sigue sin una respuesta convincente.
Usted tiene todo derecho a continuar en política, ingresar a un partido, participar en centros de estudios, defender al Gobierno y librar la “batalla cultural” que estime conveniente. Pero existe algo que debería conocer especialmente bien quien alguna vez ocupó una vocería: las palabras no desaparecen cuando dejan de ser convenientes.
No fue la izquierda quien pronunció sus declaraciones anteriores. No fueron los periodistas ni quienes las comentaron. Fue usted.
Y antes de responsabilizar a quienes las interpretaron, corresponde hacerse responsable de haberlas dicho.
Atte.,
@Eneatipo7 / @MisColumnas
ESTADO DE EXCEPCIÓN CONSTITUCIONAL
El problema no es que pueda hacerlo, sino que quiera hacerlo.
Hay propuestas políticas cuya importancia no reside en que lleguen a convertirse en ley.
Su verdadero significado está simplemente en haber sido concebidas.
Ese es el aspecto más inquietante del nuevo Estado de Excepción Constitucional propuesto por el Gobierno. Podemos pensar que el Congreso lo modificará o impedirá que prospere. Pero esa tranquilidad confunde dos cuestiones distintas: la capacidad de ejercer un poder y la voluntad de poseerlo.
Que los contrapesos impidan una concentración excesiva de poder demuestra que funcionan. Pero deja intacta la pregunta: ¿por qué un gobierno democrático considera deseable semejante poder?
La democracia no consiste únicamente en votar cada cierto número de años. Es, fundamentalmente, una arquitectura de límites. El poder democrático se define también por aquello que acepta no hacer. Congreso, tribunales, Constitución, libertades y separación de poderes no son obstáculos para gobernar: son aquello que convierte el ejercicio del poder en democrático.
Por eso resulta insuficiente responder: “No importa, el Congreso no lo aprobará”.
¡Sí importa!…y mucho.
Importa porque una propuesta también revela cómo quien gobierna entiende el Estado. Cuando el Ejecutivo solicita facultades excepcionales tan extensas, la cuestión no termina en determinar si conseguirá los votos. La pregunta más profunda es por qué considera razonable disminuir los contrapesos que limitan su propio poder.
Las democracias rara vez comienzan a deteriorarse cuando desaparece el Parlamento. Se deterioran antes, cuando empieza a instalarse la idea de que los controles molestan, las garantías entorpecen, los procedimientos son demasiado lentos y que, frente a ciertos problemas, sería preferible entregar mayor discrecionalidad a quien gobierna.
El autoritarismo no comienza necesariamente con tanques. Puede comenzar mucho antes, con una frase aparentemente pragmática: “Necesitamos más atribuciones para resolver esto”.
No se trata de negar la gravedad del crimen organizado ni de dejar inerme al Estado. Una democracia tiene la obligación de defenderse. Pero porque posee la fuerza legítima debe someterla a límites rigurosos. El desafío democrático consiste en proporcionar seguridad dentro del Estado de derecho, no debilitando sus salvaguardias.
Existe una paradoja: entregar poderes extraordinarios a un gobernante porque confiamos personalmente en él significa no comprender para qué existen las instituciones. Las constituciones no se diseñan pensando solamente en el gobernante que nos gustaría. Se diseñan imaginando también al gobernante que tememos y los que vendrán.
Ese es un principio esencial del constitucionalismo: ningún poder debe concederse pensando únicamente en quién lo ejercerá hoy, sino también en quién podría ejercerlo mañana.
Por eso afirmar que un presidente no abusaría de esas atribuciones es constitucionalmente irrelevante. Una buena institución no depende de la bondad del gobernante. Depende precisamente de que pueda resistir su eventual arbitrariedad.
El Congreso podrá rechazarla, reducir sus plazos o exigir autorización parlamentaria. Eso sería el sistema democrático haciendo aquello para lo cual fue concebido y construido.
Pero quedaría intacto un antecedente político que merece atención: el Ejecutivo quiso esas facultades. Y las ideas sobre el poder importan porque preceden al ejercicio del poder.
Una democracia madura no debe preguntarse solamente qué consiguió hacer un gobierno. También debe observar qué quiso hacer, qué intentó normalizar, qué límites consideró prescindibles y qué concentración de atribuciones estimó razonable.
Porque el verdadero termómetro democrático de un gobernante no aparece cuando puede ejercer todo el poder. Aparece cuando descubrimos cuánto poder desearía ejercer si nadie pudiera impedírselo.
@MisColumnas
Hay algo profundamente paradójico en lo que acaba de ocurrir y que merece una reflexión más allá de Kast, Boric, la izquierda o la derecha.
El ministro de Defensa, Fernando Barros, un hombre que difícilmente podría ser identificado con la izquierda histórica chilena, acaba de recordar una idea que durante décadas perteneció precisamente al ADN de esa izquierda: "Chile es un país soberano y no es el patio trasero de ninguna potencia"
Y lo dijo frente a Estados Unidos.
Washington pretende que América Latina aumente su gasto militar, se incorpore a su nueva arquitectura regional de seguridad y acompañe determinadas definiciones geopolíticas. La respuesta de Barros fue bastante más sensata de lo que uno hubiera esperado: cuánto gasta Chile en Defensa lo determina Chile conforme a sus necesidades, capacidades y prioridades; cualquier cooperación internacional debe respetar primero nuestra Constitución, nuestras leyes y nuestra soberanía.
No necesito convertirme en partidario de Kast para reconocer que en esto hay una diferencia política que resulta incómoda.
Porque durante el gobierno de Gabriel Boric ocurrió exactamente la paradoja inversa.
Una generación que llegó a La Moneda presentándose como la renovación de la izquierda terminó reemplazando buena parte de las viejas categorías de soberanía, independencia nacional, desarrollo y autodeterminación por una política exterior crecientemente moralizante, identitaria y subordinada a las causas de moda del progresismo occidental.
La antigua izquierda discutía ¿quién controlaba nuestros recursos naturales, cómo protegíamos nuestra soberanía, cuál era nuestra relación con las grandes potencias y qué intereses nacionales debía defender Chile?
La izquierda woke terminó discutiendo muchas veces qué pronombres utilizar, qué causa internacional estaba autorizada moralmente esa semana y quién debía ser cancelado por apartarse del libreto.
Y esto no es nostalgia.
Es política.
La izquierda histórica entendía algo elemental: **Estados Unidos no deja de defender los intereses de Estados Unidos porque en la Casa Blanca gobierne alguien simpático, progresista o conservador. China defiende los intereses de China. Europa defiende los suyos. Chile tiene la obligación de defender los de Chile.**
Eso debería valer con Biden, con Trump y con quien venga después.
Por eso me resulta casi tragicómico que hoy tenga que ser un ministro de Defensa de un gobierno de derecha quien diga una frase que alguna vez habría resultado completamente natural en boca de la izquierda chilena:
**Chile no es el patio trasero de nadie.**
No estoy haciendo una apología del gobierno de Kast. Tengo diferencias profundas con su proyecto económico, con sectores de su coalición y con varias de sus decisiones. Y justamente por eso creo que la política debe recuperar la capacidad de reconocer cuando alguien del adversario tiene razón.
Tampoco creo que Chile deba encerrarse ni rechazar la cooperación con Estados Unidos, Rusia o China. Necesitamos cooperación contra el narcotráfico, inteligencia, tecnología, intercambio de información y capacidades para combatir organizaciones criminales que ya no reconocen fronteras.
Pero **cooperar no es obedecer**.
Una cosa es recibir inteligencia estadounidense para perseguir al Tren de Aragua y otra muy distinta es aceptar que desde Washington se determine cuánto porcentaje de nuestro PIB debemos destinar a comprar armamento, cuáles deben ser nuestras prioridades estratégicas o en qué conflictos internacionales debemos alinearnos.
Chile tiene problemas propios.
Tenemos crimen organizado, fronteras vulnerables, barrios tomados por narcotraficantes, necesidades enormes en salud, vivienda, pensiones, educación y desarrollo económico.
Cada peso adicional destinado a Defensa debe justificarse desde esas prioridades nacionales y no desde las necesidades de la industria militar de otro país.
In the summer of 1960, teenage John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, and Stu Sutcliffe gathered in Paul’s home in Liverpool to record demos of their music.
Listen to The Silver Beatles’ very first take of “I’ll Follow The Sun”:
On this day in 1967, The Beatles performed “All You Need Is Love” on “Our World”, the first live global satellite program. It was seen by an audience of over 400 million people.
John Lennon wrote the song to deliver a specific message on this occasion.
#ClásicoUniversal John Lennon creó con “Imagine” una de las piezas más influyentes de la historia de la música, pero su mensaje sigue evolucionando con cada generación. 🎹✨
#JohnLennon#Imagine#Universal881