@MFuentealamo@abc_es Después de leerlo, entiendo lo que dijo Florentino. No te atacó por ser mujer, te atacó porque para dar una opinión tan firme sobre la realidad de un equipo de fútbol, hay que entender el contexto. Es como hablar de los síntomas de una enfermedad y nunca explicar el diagnóstico
Esto paso hoy!
La carta enviada a un tribunal en Nueva York puede haber cambiado todo el tablero venezolano.
Trump II parece haber entendido algo que Trump I ignoró: reconocer un “gobierno” sin poder real no destranca un país.
Ahora Washington juega otra partida… con Delcy Rodríguez en el centro.
Aquí lo explico paso por paso:
La libertad de Venezuela es la herida más importante que tenemos que curar por los venezolanos en todo el mundo.
Que pronto Cuba, Nicaragua y otros países como México rompan esas cadenas, recuperen su libertad y se ponga fin a los narcoestados.
@IdiazAyuso
Magistrada, por favor.
No insulte la inteligencia jurídica… ni la escasa legitimidad que le queda al sistema.
Decir que la amnistía “solo aplica sin condena firme” es una pirueta política, no una explicación legal. Usted lo sabe. Yo lo sé. El país entero lo sabe. El propio artículo 104 del Código Penal la contradice.
Esa interpretación “creativa” no busca justicia:
busca proteger a los verdugos y dejar por fuera a las víctimas que el régimen quiere seguir castigando.
La maniobra es transparente:
✔️ Limitar la amnistía para no liberar a quienes fueron condenados por juicios fabricados,
✔️ Mantener presos a quienes denunciaron torturas, corrupción y crímenes de Estado,
✔️ Y al mismo tiempo abrir la puerta para que los verdaderos responsables —los que ustedes conocen por nombre y apellido— salgan ilesos.
En cristiano:
la explicación de la "magistrada" no es derecho.
Es miedo disfrazado de técnica jurídica.
Y si tienen que manipular conceptos básicos para sostener la ficción,
es porque la verdad —y la justicia— ya no caben en el edificio del @TSJ_Venezuela
#TIPS Tómense unos minutos para escuchar la intervención de @marthagresia de la ONG @JEPvzla frente a la Comisión de la AN designada para la ley de amnistía. Es de las intervenciones más sólidas y lúcidas que se han dado en esta coyuntura. El sistema de justicia colapsó fabricando injusticias, reponerlo requiere mucho más que una ley. Ojalá hayan comprendido el alcance de su diagnóstico y actúen en consecuencia.
Hoy la comisión de la AN intentó evitar que Nicmer Evans, excarcelado y preso político, hablará, sin embargo, develando lo lamentable de que se abriera el debate de la Amnistía porque el gobierno tiene una pistola en la cabeza, logró exigir que se cree una comisión de la verdad
@JuanPGuanipa Juan Pablo, saliste a 10.000 revoluciones por hora, como el deseo de libertad que hoy arde en todos los venezolanos.
Te piden lo mismo que a nosotros: paciencia y cordura, para pensar en frío, calcular bien y actuar cuando llegue el momento.
Te necesitamos. Por favor, cuídate.
España no sufre una crisis de recursos, sino de prioridades. El Estado recauda hoy más que nunca pero el resultado no es una sociedad más cohesionada ni más próspera, sino una cada vez más rígida, más envejecida y con menos margen vital para quienes empiezan.
El problema no es la existencia del Estado social, sino su orientación. Protege bien el pasado, pero invierte poco en el futuro. Amortigua, pero no impulsa. Y cuando un sistema se dedica casi en exclusiva a conservar lo ya existente, termina penalizando a quien aún no ha tenido tiempo de construir nada.
Un Estado diseñado para sostener, no para proyectar
Más del cuarenta por ciento del gasto público se destina a protección social. Las pensiones absorben en torno a doscientos mil millones de euros al año. Sanidad y dependencia siguen la misma lógica.
Mientras tanto, vivienda, natalidad, emancipación juvenil o inversión productiva ocupan un lugar marginal en el presupuesto.
El Estado español se ha convertido en un gran mecanismo de transferencia hacia cohortes ya consolidadas, con escaso retorno inmediato para quienes sostienen el sistema con su trabajo. La política tiende a proteger a quien vota más, no a quien llegará mañana.
Gobernar con mayoría no es imponer, es reordenar
Un Gobierno con mayoría absoluta tendría margen para cambiar este eje sin necesidad de abrir una guerra generacional. No tocando pensiones actuales, no enfrentando a jóvenes y mayores, sino reordenando prioridades y pactando reglas de largo plazo que sobrevivan a una legislatura.
El objetivo no sería recortar el Estado, sino hacerlo respirable para quien empieza sin desproteger a quien ya depende de él.
El trabajo no puede seguir siendo el gran perdedor
España grava el trabajo como si fuera un bien abundante y prescindible. La pena fiscal sobre salarios medios ronda el cuarenta por ciento. Eso reduce salarios netos, desincentiva contratación estable y convierte la entrada al mercado laboral en una carrera cuesta arriba.
Rebajar de forma sostenida la presión sobre salarios bajos y medios no es una concesión ideológica. Es una inversión demográfica y productiva. Menos carga hoy significa más cotizantes mañana. Lo contrario es pan para hoy y hambre para mañana.
La vivienda como infraestructura nacional
La vivienda no es solo un problema social. Es el principal cuello de botella económico del país. Sin acceso razonable a una vivienda, no hay emancipación, no hay natalidad y no hay movilidad laboral real.
El Estado no necesita expropiar ni señalar propietarios. Puede hacer algo más eficaz, como usar suelo público, agilizar licencias, colaborar con promotores bajo reglas claras o crear un parque estable de alquiler asequible y cesión de uso. No es sustituir al mercado, es descomprimirlo.
Proteger a los mayores sin congelar el país
Cuidar a los mayores no implica tratar igual a realidades muy distintas. Sin tocar pensiones nominales, el sistema puede concentrar ayudas y complementos en dependencia y pobreza real, separar con claridad lo contributivo de lo asistencial y dejar de subvencionar de forma indiscriminada a rentas que no lo necesitan.
Eso no es atacar a nadie. Es garantizar que la protección siga existiendo cuando haga más falta.
Podar sin ruido el Estado que no se ve
España no solo tiene un Estado grande. Tiene un Estado fragmentado, duplicado y lleno de estructuras cuya utilidad nadie evalúa seriamente.
Hay agencias, consorcios, fundaciones, observatorios y empresas públicas que sobreviven por inercia administrativa e interés lucrativo, no por resultados.
Auditar, fusionar y cerrar no es ideología. Es higiene institucional. Cada euro que se libera ahí es un euro que no hay que exprimir del salario de quien empieza.
La demografía no se arregla con discursos
La baja natalidad no es una moda cultural ni una falta de compromiso. Es la consecuencia directa de precariedad, vivienda inaccesible y ausencia de conciliación real.
Guarderías 0–3, estabilidad laboral y tiempo vital no son políticas identitarias. Son políticas de supervivencia nacional.
Todo lo demás es discurso vacío. La cuestión es que quien trabaja vea horizonte. Que quien cobra entienda el equilibrio y que el Estado deje de ser una trampa generacional y vuelva a ser un pacto razonable entre edades.
España no está rota pero funciona mirando hacia atrás. Y ningún país que solo protege su pasado puede sostener su futuro.
El síntoma de un país: La vivienda en España
Hay países que no se rompen de golpe. Se agrietan despacio. Primero aparece la sensación de provisionalidad, luego la resignación, y al final la costumbre.
España lleva años instalada en esa fase intermedia en la que casi todo funciona, pero nada funciona bien. La vivienda es hoy el síntoma más visible de ese desgaste silencioso.
Encontrar piso se ha convertido en una carrera de obstáculos. No solo para jóvenes, también para familias que se mudan, trabajadores que cambian de ciudad o personas que rehacen su vida tras una ruptura.
El problema no es nuevo, pero sí más profundo. No faltan leyes, ni discursos, ni titulares. Falta algo más elemental, viviendas disponibles a precios que se puedan pagar.
España construye hoy entre 90.000 y 120.000 viviendas al año, según las estimaciones más repetidas. La demanda estructural, en cambio, se sitúa entre 200.000 y 250.000 viviendas anuales, si se tienen en cuenta nuevos hogares, inmigración neta, movilidad laboral y reposición del parque antiguo.
Durante años se ha intentado explicar la situación como una batalla ideológica. De un lado, quienes “especulan”. Del otro, quienes “defienden el derecho a un bien fundamental”.
Pero esa simplificación sirve más para el aplauso que para levantar muros y tejados. Regular la escasez no genera más vivienda. Repartir un bien que no existe no lo hace aparecer.
Los precios reflejan esa tensión. El valor medio de la vivienda ha superado ya los máximos de la burbuja inmobiliaria en términos nominales. En muchas capitales, el metro cuadrado ha subido entre un 30% y un 50% desde 2015. El alquiler ha seguido un camino similar, con incrementos acumulados que rondan el 40% en una década en las grandes áreas urbanas.
Comprar vivienda es hoy inalcanzable para amplias capas de la población que, hace dos décadas, habrían sido consideradas clase media sin discusión.
El esfuerzo financiero medio para comprar supera el 35% de la renta familiar en muchas ciudades, muy por encima de los umbrales de prudencia. El alquiler aparece como única alternativa, pero también ahí la presión es asfixiante.
La respuesta política ha sido, en gran medida, simbólica. Es más fácil señalar culpables que asumir límites. Es más sencillo anunciar topes que acelerar licencias. Es más cómodo construir un relato sobre protección social que admitir que el país ya no genera suficientes rentas laborales para sostenerlo.
Mientras tanto, la inversión se desplaza. No desaparece, simplemente busca refugio en otros activos, en otros sectores o en otros países.
No es casualidad. Invertir en vivienda en España implica hoy asumir riesgos que otros activos no tienen. Fiscalidad recurrente, inseguridad regulatoria, cambios normativos imprevisibles y una creciente estigmatización social.
A igualdad de rentabilidad, el capital elige siempre el camino más estable. Y cuando no lo encuentra, se marcha.
Al mismo tiempo, el Estado tampoco ha sabido ocupar el espacio que dejó vacío. La vivienda pública representa en España menos del 3% del parque total, frente a porcentajes que superan el 15% o el 20% en algunos países europeos.
Se anuncia mucho, se ejecuta poco y se tarda demasiado. Construir vivienda lleva años. Gobernar a golpe de decreto no acelera el hormigón.
Todo esto se inserta en un contexto más amplio. Es más fácil mirar fuera que mirar dentro. Es más sencillo denunciar amenazas globales que afrontar infraestructuras envejecidas, servicios saturados o ciudades que expulsan a quienes trabajan en ellas.
Es más rentable políticamente crecer apoyándose en la inmigración sin mejorar la productividad que afrontar reformas profundas del mercado laboral y educativo.
La inflación, además, ha servido como anestesia fiscal. Ha permitido recaudar más sin subir impuestos nominales y diluir deuda sin tocar el gasto estructural. Pero ese alivio tiene un coste silencioso. Electricidad, alimentos, transporte y vivienda han subido muy por encima de los salarios.
El ciudadano medio es hoy más pobre, aunque las estadísticas agregadas digan lo contrario.
La vivienda no es el único problema del país, pero sí el más revelador. Porque condensa todos los demás. Productividad baja, planificación débil, salarios frágiles, política cortoplacista y un relato que sustituye a la gestión.
No hay solución milagrosa ni decreto salvador. Solo una evidencia incómoda. Es fácil tuitear. Es fácil señalar. Es fácil prometer. Lo difícil es gobernar.
@donattoassis@ElNecio_Cuba Falso. Ni siquiera Delcy Rodríguez Vice Presidenta o Jorge Rodríguez Presidente de la Asamblea han dicho eso. Solo confirmen con fuentes oficiales y ninguno se ha pronunciado diciendo eso.
@pearboy68@ElNecio_Cuba Mi familia vive en Caracas y está resguardada en casa, solo se bombardearon objetivos militares. La gente esta esperando que capturen al narcodictador. El cobarde es Maduro que está escondido y mando a la población civil a salir a la calle, ese si es un cobarde.
@donattoassis@ElNecio_Cuba Mi familia está en Caracas. Están resguardados y a salvo en sus casas, solo se bombardearon objetivos militares y todos esperamos que esto sea una operación exitosa y capturen al narcodictador.
@elcriticopol Soy venezolana, mi familia está en Caracas. Solo se han bombardeado objetivos militares y estamos esperando que sea una operación exitosa y capturen al narcodictador. Rezamos porque pronto el régimen criminal de Maduro caiga.