Hoy atendí a un cliente que pidió una empanada, un pastelito y una sopa.
Apenas probó la empanada, la abrió toda y dijo que se había dañado.
Al servirle el pastel, lo apartó con desprecio.
Con la sopa, se comió la mitad y luego aseguró que “le faltaba de todo”.
En el restaurante siempre estamos dispuestos a cambiar cualquier plato, a mejorar el servicio y garantizar que el cliente se vaya satisfecho. Pero hay algo que no podemos arreglar: la mala educación y la falta de respeto.
Este cliente no aceptó ninguna solución, se quejó de todo y finalmente se fue sin pagar.
Y no, no fue una confusión ni un malentendido. Fue una falta de consideración.
Lamentablemente hay personas que creen que exigir implica maltratar, que ser cliente les da derecho a humillar, y que reclamar sin razón los hace tener poder.
No entienden que un buen servicio se construye en ambas direcciones: con respeto, empatía y sentido común.
Hoy confirmé que hay actitudes que no merecen justificación.
Porque cuando una persona decide tratar mal a alguien que simplemente está trabajando, el problema no es el servicio, ni la comida.
El problema es su forma de ser.
Cuando alguien necesita despreciar para sentirse superior, cuando cree que señalar defectos lo hace más importante, está revelando algo más profundo: la ausencia de paz interior.
La soberbia no es fortaleza. Es una máscara que usan quienes no saben reconocer sus propias carencias emocionales.
Y lo más triste es que ese tipo de personas no solo dañan a los demás con sus actitudes, sino que también se alejan de todo lo que podría traerles calma o gratitud.
En cambio, quien vive con humildad y respeto encuentra satisfacción hasta en lo más sencillo.
Porque cuando hay paz, una empanada mal cortada no es motivo de enojo, sino una oportunidad para agradecer que alguien la preparó con dedicación.
Por eso, después de lo que viví hoy, entiendo algo con claridad:
la paz no se sirve en un plato, se lleva en el alma.
Es espectacular. El tipo acusó a cada artista del país de vivir del Estado, y termina haciendo una muestra de fin de año para cumplir su sueño de cantar con público, con la plata del Estado.
“Que el esfuerzo valga la pena” te pide el gordo triple-encamperado mientras se organiza un auto-cumpleaños con tu guita para cumplir sus sueños frustrados de popularidad rodeado de aplaudidores garpos con guita narco mientras chorean discapacitados y vos te endeudas en morfi.
No hay ninguna mística en esta frase simplemente porque jamás se intentó acabar ni proscribir al radicalismo, es decir no existe un anti radicalismo para que esta afirmación sea necesaria.
Si hubiera una prueba concreta la estarían pasando en cadena nacional.
Se cubrieron entre todos haciendo que probaban lo que no probaron y nos dejan la política judicializada y una democracia rota. Felicitaciones.
No es normal que al presidente de Argentina le preocupen más las problemáticas de Israel que las de su país. No es normal que use kippah y no use la escarapela el 25 de Mayo. No es normal que viaje a Israel 2 veces por mes. Aun si votaste esto tenés que reconocerlo
Y así es como una vez más y en su peor hora, por ambición desmedida, soberbia, o simplemente por error; vuelven a activarse los engranajes de eterna resurrección del peronismo.
Una causa armada para proscribir a Cristina Kirchner.
Los “argumentos” de la causa Vialidad. A CFK la acusaron de direccionar fondos de obra pública en Santa Cruz y de hacer correcciones fuertes a los precios originales. Pero, ¿qué es lo que se probó?
La historia completa:
-Colapso de la economía
-Cierre de 20.000 fábricas
-Incremento del desempleo
-Aumento de la pobreza
-Multiplicación de la deuda
-Inflación de casi el 200% anual
-Censura de la información
-Mas de 800 centros clandestinos
-30.000 desaparecidos
-400 Bebés apropiados
-Entre 300 mil y medio millón de exiliados
La dictadura fue la época mas oscura e infame de la historia Argentina. Fueron todos unos traidores a la patria.
#NuncaMas