Entonces estamos otra vez llorando de la nada, por los motivos, recuerdos, palabras y momentos más inesperados.
Otra vez estamos aquí y otra vez pienso en ti.
A veces solo quisiera una señal, una señal pequeñita de tu existencia, de que extrañas el "nosotros". Una señal donde, por un momento, quepa la posibilidad de un abrazo nuestro.
Por ahora, o por siempre, un abrazo a donde estés.
Quisiera una tregua enmarcada en un abrazo, en ver unos ojos, en tomar unas manos y en dejar de vivir por un puto momento en esta melancolía que me tiene tan muerto.
Hace un tiempo pienso en tu abrazo. Un poco desde la nostalgia y el agotamiento.
A donde vayas voy a desear siempre que te abracen con todo el amor que siento que mereces.
A veces, de la nada, me llega un recuerdo, un flashback, que me apuñala, me quita el aire, me hace doler el estómago, me invita a llorar un poco y me llena la cabeza de muchos porqués.
Me atrevo a decir que una de las tristezas más profundas es aquella que ya no necesita lágrimas. Te recuestas en la cama y sientes que algo dentro de tí ti se apagó. No lloras, no esperas, no deseas nada; solo permaneces ahí, intentando existir, mientras el mundo sigue.
Qué extrañas son las relaciones: un día estás viviendo una etapa increíble con alguien especial, compartiendo secretos, recuerdos y experiencias nuevas, y de pronto todo termina y ambos siguen con su vida como si nunca hubieran formado parte de la del otro.
No tiene caso que me stalkees, no estoy con nadie.
Sí, sí te extraño.
No te voy a molestar.
Si me hablas, contestaré.
Todo lo que te dije alguna vez sigue siendo cierto.
Aún te quiero y te pienso todos los días.
Nunca imaginé que este año pudiera destruirme de esta manera. Me ha ido quitando cosas, personas y pedazos de mí hasta dejarme preguntándome cuánto más tengo que perder para que por fin termine.
Y desaparecer en esta estúpida silueta,
Que dice que está bien, mientras se muere de tristeza
No te vas a enterar, lo que tuve que dar
Para poder dormir, sin miedo a despertar.