Una cámara siguió a Lionel Messi durante el partido contra Inglaterra. Su genialidad, su esfuerzo, sus gestos, sus frustraciones momentáneas, su desahogo en el empate y su felicidad en el triunfo. También sus sonidos, incluso el disparo de las cámaras. Todo está ahí.
Es Messi jugando con una intensidad absoluta a los 39 años. Encarando a jugadores mucho más jóvenes y ganándoles, engañándolos, escondiéndoles la pelota. Es el fútbol que nos emocionó en este Mundial. El de un hombre que jugó así mientras la vida de su padre se apagaba.
Y entonces esa entrega adquiere otra dimensión. Es Messi ofreciendo el cuerpo a los otros, a esa excitación que se escucha cuando arranca con la pelota y el sonido del estadio se eleva. Por eso la gratitud eterna, aunque tantos, en tantos lugares, no lo entiendan. O no les interese entenderlo.
Fuente del video: YouTube/AntonioProds
Yo me tendría que haber muerto de un bobazo gritando el gol del Lautaro contra Inglaterra y me ahorraba todo lo que vino después. La peor semana futbolística en años.
Si el mismo entusiasmo que le ponen a buscar teorías conspirativas de porque España nos ganó lo pusieran en buscar la forma de no votar a un cipayo entreguista seríamos potencia mundial
Yo ya no le puedo pedir más nada al fútbol.
Una final de Libertadores a mi clásico
Una copa del mundo con mi selección
Y ahora le rompimos bien el culo a estos piratas hijos de puta.
Y sin embargo el domingo le voy pedir una más. Vamos nosotros.
Creer que el campeón del mundo, bicampeón de América, campeón de la Finalissima y un equipo que perdió apenas 5 partidos en 7 años pasa de ronda por un arreglo con la FIFA suena, como mínimo, llamativo.
Capaz no es análisis.
Capaz es dolor. O envidia.
Qué sé yo.