No lo olvides: si alguna vez te cansas del mundo, vuelve conmigo cuando quieras.
Estoy aquí, siempre estaré aquí, esperándote.
No es una promesa de esperarte para que vuelvas a lastimarme. No es una puerta abierta para que entres y salgas cuando te dé la gana. Es algo más profundo y más tranquilo: saber que, pase lo que pase, este espacio existe para ti si algún día lo necesitas de verdad. Porque el amor verdadero no encadena. No dice “quédate o me destruyo”. Dice: “sigue tu camino, vuela alto, explora, equivócate, crece… y si en algún momento el peso te aplasta, si el ruido del mundo te agota, si te sientes perdido en medio de todo… aquí sigo. Sin rencor. Sin reproches. Solo con el pecho abierto y el silencio que cura.”
No tienes que mirar atrás, sigue adelante. Siempre habrá alguien detrás tuyo apoyándote, aunque no lo veas, aunque no lo sientas en cada paso, aunque haya días en que creas que vas completamente solo. Hay alguien que, desde la distancia, te desea lo mejor con el alma entera, que reza por tus victorias aunque no sea parte de ellas, que sonríe cuando ve que avanzas, aunque sea hacia otro lado.
Así que ve. Corre. Tropieza si hace falta. Llora si lo necesitas. Pero nunca dudes de que, en algún rincón del mundo, hay un lugar que no te juzga, que no te exige, que solo quiere verte bien. Y si algún día decides volver… la puerta estará entreabierta. No porque te necesite para completarme, sino porque elegí quererte de una forma que no caduca.
Sigue adelante. Yo sigo aquí, queriéndote en silencio y celebrándote desde lejos.