A los 23 años me enamoré de una chica.
Simplemente la vi por la calle pasar, tal y como un ángel pasaría. Me volví con disimulo, sintiendo en ese mismo instante todas las punzadas del síndrome de Stendhal.
Hay un sitio en Santander que se llama BNS y está junto a la playa. Allí solía deparar los sábados con los amigos de la universidad.
Entre otras rarezas, resulta que tengo una forma leve de prosopagnosia, que es una dificultad para recordar rostros. Así que me arreglo como puedo para identificar a las personas por su peinado, por su ropa o por su voz. A veces esta trilogía falla, dando pie a situaciones divertidas.
Una noche, en el BNS, sin embargo reconocí perfectamente a aquella chica preciosa. Me quedé embelesado mirándola bailar entre la multitud, con el corazón ensartado en aquella visión indescriptible.
—¿Me acerco y la saludo? —pensé para mis adentros.
Y lo pensé tanto, tanto, que le dio tiempo a recoger el bolso y el abrigo, y marcharse con sus amigas.
—Tenías que haberte acercado, gilipollas —me dijé después.
¡Cuántas veces es mejor pedir perdón que pedir permiso, pues no solemos arrepentirnos de lo hecho, sino lamentarnos justamente de aquello que no hicimos!
Fue en la alborada primera del verano; justo antes de los exámenes, creo.
Este finde he estado en #Liébana celebrando el 104 cumpleaños de mi abuela 🥰 y he aprovechado para hacer unas fotos que tenía pendiente en #Potes. Dentro 🧵
Compré 5 kilos de mejillones para las dos comidas y se han suspendido. Llevo 24 horas comiendo mejillones. Queda la mitad. Es un verdadero reto. El hombre contra el mejillón
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ANTONIO CAZORLA..FACCE.....
1)Tuvimos nuestro primer hijo en el 2000. Yo tenįa 28 y mi mujer Yolanda 25. Eramos dos maestros jøvenes y felices. Queríamos la parejita cuanto antes.