Ya estuvo. El triunfo de la derecha más radical no puede convertirse en excusa para repetir los mismos errores: el fanatismo, el sectarismo y el desprecio por quien piensa distinto.
Colombia necesita recuperar el rumbo, pero también la capacidad de convivir. La oposición no se aplasta. Se escucha. Y se gobierna también para quienes no están de acuerdo. Ojalá retomemos el rumbo y no estemos en cuatro años lamentando también este resultado electoral.