La regulación emocional no consiste en disminuir la intensidad de la experiencia humana. Consiste en ampliar la capacidad de permanecer presente sin que cada emoción reorganice por completo la percepción de la realidad.
La fidelidad no nace del amor que sientes por el otro, sino del amor que te tienes a ti. Es disciplina del alma, respeto por tu palabra, congruencia con tus valores e inteligencia emocional en acción. No es una prueba de amor: es una prueba de integridad.
Me encanta esta frase:
“El grado en que una persona puede crecer es directamente proporcional a la cantidad de verdad que puede aceptar sobre sí misma sin huir”.