El enfrentamiento con Italia es muy inteligente.
Dejamos entrar a más 70.000 personas ilegalmente solo por Ceuta y prohibimos la entrada a los italianos, país hermano que invierte y aporta a España.
Espectacular esto de dar la espalda a Occidente.
Hoy día del impuesto de sociedades con récord de recaudación, muchos se están acordando de cómo el Estado es tan eficiente para cobrar, pero tan ineficiente para apagar fuegos, invertir para evitar riadas o descarrilamientos, o atender a las víctimas de un volcán.
Hay días en que uno tiene la impresión de ir a bordo de un autobús de suicidas. Un presidente de España que boicotea la Vuelta a España. Un delegado del Gobierno en Madrid que celebra que les partan la cara a veinte de sus policías. Un ministro del Interior que desaparece en cuanto surge un problema. Una oposición paralizada como un conejo ante los faros de un automóvil, recibiendo bofetadas y tartas en la cara como un payaso de circo. A bordo de ese autobús lleno de suicidas habría gritado hace años: "¡Paren, que me bajo!". Ahora, sin embargo, lo que tengo es curiosidad por ver qué ocurre cuando todos nos vayamos al carajo por el acantilado.
Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro.
Ha salido con el Madrid al borde del hundimiento. No se ha asustado, ha pedido la pelota cuando más quemaba, la ha tocado con criterio y ha corrido como nunca. Noche de consagración