Ésta abuelita trabajadora vive de lo que hace y solo quiere una cosa: que la gente vea y valores su trabajo. 🥺❤️
Si crees que se lo merece compártelo.
¿cuánto le das del 1 al 10?
Que Neme le avisé al “periodista” “sin camiseta política” de Sepulveda @rodrigosepu que ya no gritonea al presidente ni al gobierno, todo lo contrario, calla.
Ya no se le escucha ni la voz, no hay monólogos para Kast, solo silencio cómplice.
DE QUIÉN ES LA CULPA
La fábrica de mediocres que los partidos llaman oferta electoral.
Cada cierto tiempo, cuando algún diputado protagoniza un papelón, cuando un alcalde termina formalizado o cuando un parlamentario demuestra en televisión una ignorancia tan vasta como su sueldo, aparece el mismo juicio moral contra los ciudadanos: “la gente votó por ellos”. Y sí, es cierto. Los electores marcan el voto, introducen la papeleta y validan democráticamente a muchos personajes que jamás debieron acercarse al poder. Pero detener ahí el análisis es una comodidad intelectual tan mediocre como los políticos que se pretende cuestionar.
Porque antes del voto existe una etapa previa. Una selección. Un casting. Una tómbola de nombres donde los partidos políticos deciden quién merece llegar a la papeleta y quién no. Y es precisamente ahí donde habita la verdadera podredumbre del sistema.
Los partidos dejaron hace mucho de buscar estadistas. Ya no reclutan personas brillantes, preparadas o con trayectoria intelectual. La política moderna parece más interesada en contratar animadores de matinal, influencers con ego inflado, opinólogos de TikTok, conspiranoicos profesionales y herederos genealógicos de viejas dinastías parasitarias.
La lógica es brutalmente simple: importa más el reconocimiento facial que la capacidad cerebral. Más rating que razonamiento. Más escándalo que preparación. El ideal ya no es el servidor público; el ideal es el personaje viral.
Así llegan al Congreso sujetos disfrazados de sheriff, de carabinera, iluminados que ven conspiraciones internacionales hasta en el menú del casino y adolescentes políticos jugando a la provocación histórica con capas prusianas y delirios autoritarios. Individuos cuyo mayor mérito no es la excelencia, sino haber acumulado minutos de pantalla y toneladas de gritos.
El fenómeno no pertenece exclusivamente a un sector político. Sería ingenuo y profundamente deshonesto reducirlo a una sola vereda ideológica. El problema atraviesa casi todo el espectro nacional como una peste transversal. Ahí están los clanes familiares enquistados durante décadas viviendo del aparato estatal como si el Estado fuese una empresa hereditaria. Hijos, hermanos, esposas, sobrinos y retoños políticos ocupando cargos porque portan un apellido conocido, aunque intelectualmente no puedan administrar ni una junta de vecinos.
El espectáculo alcanza niveles grotescos cuando algunos de estos personajes terminan envueltos en casos judiciales, desfalcos, escándalos administrativos o una triste riña de ebrios en un bar. Entonces comienza el ritual de siempre: los partidos se desmarcan, condenan con cara de sorpresa y descubren tardíamente que el candidato estrella era un incompetente moral. Como si nadie hubiese visto venir el desastre.
Pero sí lo vieron. Lo sabían.
Simplemente les daba lo mismo.
Porque en la política actual, muchas veces la decencia dejó de ser rentable. Lo rentable es el personaje estridente. El provocador. El matón televisivo. El que genera clics. El que polariza. El que convierte el debate público en un gallinero histérico donde pensar demasiado parece un defecto electoral.
Y mientras más superficial se vuelve la discusión política, más espacio existe para que prosperen los mediocres. La farándula invadió la democracia y los partidos, lejos de contenerla, le abrieron las puertas con alfombra roja.
Por eso resulta tan hipócrita culpar únicamente al elector. La ciudadanía escoge entre las alternativas disponibles, y esas alternativas fueron previamente fabricadas, maquilladas y promocionadas por estructuras partidarias que hace tiempo confundieron representación democrática con casting de reality show.
Claro que existe responsabilidad ciudadana. Pero también existe, y es mayor, la responsabilidad institucional. Porque cuando los partidos llenan las listas con personajes precarios, ignorantes o derechamente impresentables, el problema deja de ser accidental y pasa a ser estructural. @MisColumnas
Ví a @GabrielBoric en 2014 cuando era diputado. Hoy lo escuché como ex Presidente. Medio cambio. Si piensan que no veremos más a Boric en política, se equivocan. Este hombre sólo esta empezando. Mucho carisma y presencia.
Le doy gracias a Dios por permitirme estar viva para presenciar cómo la supuesta nación más poderosa del mundo (EEUU) se fue a pedirle y rogar por ayuda a la VERDADERA nación más poderosa del mundo (China).
El aura alrededor de Xi Jinping lo dice TODO
🚨 ¿Se entendió mal el mensaje o el Presidente @joseantoniokast , no sabe que es una metáfora? El Presidente Nacional del Colegio de Profesoras y Profesores, @AguilarMario , explica lo que es una metáfora y lo que es una hipérbole.
📲 Toda la información en https://t.co/3CmJATPCVX
#educación #colegiodeprofesores #docentes #nuestrafuerzaestáenlaunión
KAST Y SU METÁFORA
Cuando la mentira necesita clases de literatura.
En Ardiente Paciencia, la maravillosa novela de Antonio Skármeta llevada al cine como “IL Postino”, hay una escena tan simple como brillante: Mario Ruoppolo, un cartero humilde y entrañable, intenta comprender qué demonios es una metáfora. Escucha a Pablo Neruda hablar de poesía y queda fascinado con esa capacidad misteriosa de decir una cosa para expresar otra. El pobre Mario, hombre sencillo, confundido y sin demasiada formación, tarda en entender que la metáfora no es un engaño, sino una forma más bella de aproximarse a la verdad.
Décadas después, en Chile, hemos asistido a una reinterpretación bastante más precaria de aquella lección literaria. El presidente José Antonio Kast decidió explicarle al país que su promesa de expulsar a 300 mil inmigrantes ilegales el 11 de marzo era, en realidad, una metáfora. Una figura literaria. Un recurso expresivo. Una licencia poética de campaña. Casi un homenaje involuntario a Neruda, aunque con menos poesía y más cinismo.
La frase merece un lugar privilegiado en la historia universal del descaro político. Porque no estamos hablando de una expresión ambigua dicha al pasar. Kast hizo campaña con una cuenta regresiva diaria y obsesiva, diciéndoles a los inmigrantes que cada jornada era “un día menos” en Chile. No había metáfora alguna. Había un mensaje explícito, directo y calculado para provocar miedo, entusiasmo y aplausos.
Pero ahora descubrimos que todo era simbólico. Figurativo. Alegórico. Una especie de performance lingüística que los ciudadanos, en su infinita torpeza, no supieron interpretar.
La explicación presidencial tiene algo profundamente revelador: no intenta defender el incumplimiento; intenta ridiculizar a quienes creyeron en la promesa.
La culpa no sería de quien mintió, sino de quienes fueron suficientemente ingenuos para pensar que hablaba en serio. Es una operación política elegante en su brutalidad: transformar la mentira en malentendido y la responsabilidad en exceso de credulidad ajena.
Mario Ruoppolo no entendía las metáforas porque era un hombre simple. Kast parece no entenderlas por una razón mucho más inquietante: porque cree que cualquier falsedad puede convertirse retrospectivamente en recurso literario si se pronuncia con suficiente aplomo frente a una cámara.
Una metáfora no consiste en decir “expulsaré 300 mil personas” para luego aclarar que nunca se quiso decir eso. Si así funcionara el lenguaje, los estafadores serían poetas y las campañas electorales concursos de surrealismo. Neruda utilizaba metáforas para ampliar el sentido de las cosas; ciertos políticos las usan para escapar de sus propias palabras.
Y hay algo todavía más irónico en todo esto. Durante años, sectores de la derecha chilena acusaron a sus adversarios de relativismo, posverdad y manipulación lingüística. Venían a restaurar la seriedad, la honestidad brutal, el lenguaje directo. Nada de ambigüedades progresistas. Nada de dobles lecturas. Hasta que la realidad golpeó la puerta del Palacio de La Moneda y descubrimos que las promesas tampoco eran promesas: eran literatura experimental.
Tal vez el presidente debería revisitar IL Postino. No por sensibilidad artística —virtud escasa en la política contemporánea— sino para entender algo elemental: las palabras importan. Sobre todo cuando quien las pronuncia aspira a gobernar un país. Porque cuando un candidato promete algo de manera explícita y luego sostiene que era una metáfora, no está demostrando sofisticación intelectual. Está confesando, sin vergüenza alguna, que jamás consideró obligatorio decir la verdad.
Y quizá allí radique la tragedia moderna: Mario Ruoppolo confundía las metáforas con amorosa inocencia. En cambio, José Antonio Kast pretende confundir la mentira con metáfora, simplemente porque cree que la ciudadanía olvidará lo que escuchó, y si lo creyeron, es total y absolutamente problema de ellos.
@MisColumnas
De la periferia chilena a Cannes.
“Nos dijeron, muchas veces, que lugares como este no eran para nosotros. Se equivocaron. Llegamos, y llegamos juntos”.
Diego Céspedes, creador del largometraje "La misteriosa mirada del flamenco".
« POBRE Y TRISTE WEÓN »
Anatomía de un epíteto mayor.
En la vasta riqueza del lenguaje coloquial chileno —un territorio donde conviven la agudeza, el ingenio y la crueldad lingüística— hay expresiones que logran condensar en pocas palabras juicios lapidarios, observaciones sociales y sentencias irreversibles. Una de ellas es, sin duda:
“Pobre y Triste Weón”.
A primera vista puede parecer una frase lanzada al calor de una sobremesa, una discusión de pasillo, o un comentario en una red social. Sin embargo, su estructura y su carga semántica revelan un arte refinado de la denostación. No estamos ante un simple insulto como “imbécil” o “idiota”, términos demasiado planos para la complejidad del desprecio criollo. Tampoco alcanza el nivel de los insultos mayores —los que coronan la escala coprolálica—, pero se sitúa peligrosamente cerca. Es un epíteto que no se lanza a la ligera: lleva una intencionalidad quirúrgica.
El insulto como diagnóstico
La frase “pobre y triste weón” funciona como un diagnóstico social y psicológico. Es un par ordenado: “pobre” y “triste”, no están ahí por azar, forman un vector que apunta directamente a la carencia de sustancia del sujeto en cuestión.
“Pobre” no alude aquí a la pobreza material, sino a la precariedad intelectual, emocional y moral. Es la pobreza del que no entiende, del que no ve, del que carece de profundidad y valores. Es la pobreza del que vive en la estrechez de su propio ego inflado, convencido de su superioridad cuando lo único que exhibe es ignorancia.
“Triste” no se refiere a la melancolía visible, sino a una tristeza existencial no percibida por el propio aludido: la tristeza de quien no se da cuenta de su miseria interior, de su desconexión con la realidad, de su insignificancia camuflada de soberbia.
Y el “weón”, núcleo del insulto, actúa como catalizador, es la categoría general donde confluyen la estupidez práctica, la arrogancia desubicada y la torpeza persistente.
Una sentencia sin apelación
Cuando alguien es calificado como “pobre y triste weón”, no hay espacio para segundas oportunidades. La frase actúa como un martillazo final, una síntesis que no admite réplica ni explicación posterior. Es categórica, implacable y definitiva. Resume en cuatro palabras una biografía moral, la del individuo que, pese a las oportunidades, ha demostrado consistentemente su ignorancia, su petulancia y su ceguera.
No es una expresión que busque la burla ni la ironía ligera. Tampoco es un mero desahogo emocional. Es, más bien, una sentencia pública de desprecio absoluto. Un “ya está dicho todo”.
Origen y aplicación
Aunque no hay un registro preciso de su origen, esta expresión parece nacer de la síntesis espontánea que caracteriza al habla chilena, donde el ingenio popular es capaz de convertir un juicio complejo en una frase certera. Su uso se ha expandido desde conversaciones cotidianas hasta análisis políticos, sociales e internacionales. No es raro escucharla para referirse a figuras públicas que encarnan la mezcla fatal de arrogancia, ignorancia y desconexión.
En contextos digitales, su potencia se amplifica. Cuatro palabras bastan para pulverizar largos discursos y retratar con precisión a personajes que, sin notarlo, han transitado de la simple torpeza al ridículo estructural.
“Pobre y triste weón” es más que un insulto: es una herramienta lingüística afilada, un juicio sumario que combina desprecio moral, evaluación intelectual y desdén existencial. Su uso, aunque brutal, no es gratuito, se reserva para casos en que la evidencia es tan contundente que cualquier argumento adicional resulta superfluo.
En una cultura donde el lenguaje no sólo describe, sino que sentencia, esta frase ocupa un lugar privilegiado. Porque hay momentos en que no hace falta escribir tratados ni levantar discursos; basta con mirar a un personaje y, con la precisión de la lengua criolla, pronunciar la sentencia final:
—“Pobre y triste weón”.—
@MisColumnas
La ministra Steinert vino hoy a la Cámara a exponer sobre seguridad pública. Leyó un papel por una hora. Papel que claramente no conocía. Dubitativa, sin ningún manejo del tema.
Francamente, fue una de las exposiciones más vergonzosas que hemos visto en el Congreso en mucho tiempo.
Y seamos claros, no estamos hablando de cualquier cartera. Estamos hablando de la seguridad de Chile.
#ToleranciaCero | El minuto de confianza de Daniel Mansuy por dichos de Kast sobre investigaciones y recursos públicos: "Si la derecha desprecia así el trabajo intelectual, no tendrá ningún proyecto relevante que ofrecerle al país"
💻https://t.co/Ox6C5F6K3w
Recebi, nesta segunda (11), a ex-presidenta do Chile Michelle Bachelet para tratar de sua candidatura ao cargo de Secretária-Geral da ONU. Discutimos vários temas da agenda internacional e o papel que uma ONU reformada precisa ter para a promoção da paz e do desenvolvimento sustentável, bem como para o fortalecimento do multilateralismo
Sua experiência como chefe de Estado e profunda conhecedora da ONU a credencia a ser a primeira mulher latino-americana a liderar a organização.
📸 Breno Araújo
🚨URGENTE Corte Suprema hace añicos el proyecto #LeySuperRicos del chanta kast, tiene serio vicios de INCONSTITUCIONALIDAD y excede las facultades del Gobierno incorporando propuestas que son de exclusiva competencia del Poder Judicial 👇
#CorteSuprema https://t.co/NSrKKP7N6z