#Lorca llamó Sonetos del amor oscuro a los últimos versos que compuso sobre su condición homosexual. Oscuros porque debió ocultar su sentimiento y su destinatario, el secretario del grupo teatral itinerante La Barraca: Rafael Rodríguez Rapún. Fueron escritos en 1936 poco antes de su fusilamiento. Entre estos sonetos, figura esta joya: "Tengo miedo a perder la maravilla".
David Foster Wallace: «La gran diferencia entre el buen arte y el arte mediocre radica en algún lugar dentro del propósito del corazón del arte, en los intereses de la consciencia que hay tras el texto. Tiene algo que ver con el amor. Con la disciplina de sacar la parte de ti capaz de amar en lugar de esa parte que sólo quiere ser amada. Sé que esto no está de moda en absoluto. No sé. Pero al parecer una de las cosas que los escritores de ficción verdaderamente geniales hacen —desde Carver a Chejov hasta Flannery O’Connor, o como el Tolstoi de La muerte de Iván Ilich o el Pynchon de El arcoiris de gravedad— es darle al lector algo. El lector se marcha del arte auténtico mucho más pesado de lo que entró. Más lleno. Toda la atención y el compromiso y el trabajo que se le requieren al lector no pueden ser para tu propio beneficio; tiene que ser para el suyo.»
[«Conversaciones con David Foster Wallace»
Editado por Stephen J. Burn
Traducción: José Luis Amores
Editorial: Pálido Fuego]
Leer ficción crea una arquitectura mental más flexible Estudio Univ. Toronto sugiere que la ficción nos hace más empáticos y creativos al permitirnos "ensayar" otras realidades Menos datos rígidos y más narrativas para un pensamiento abierto y ambiguo https://t.co/pax4KCZUM3
«Nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder»
Francis Scott Fitzgerald
Borges y Sabato hablan sobre el final del Quijote:
Sabato: Tal vez yo sea excesivamente sentimental. Pero quiero que me diga si alguna vez no se le cayeron lágrimas leyendo el Quijote.
Borges: (Como si mirase hacia un lugar muy lejano para nosotros.) Sí, sobre todo en esa parte cuando vuelven a la aldea. Es muy triste. Una vez, en la Biblioteca Nacional, di una conferencia y comenté el último capítulo del libro. Mi sobrino Luis leía un párrafo y yo opinaba. Hubo un momento, sobre todo cuando dice: “Alonso Quijano, entre lágrimas y quejas de quienes lo rodeaban, dio su espíritu, quiero decir que se murió”, que me llenó de congoja. (Como si se hubiera quedado inmerso en esa frase, en ese instante, Borges repite: “quiero decir que se murió”.) Cuando yo era un muchacho sentía que en esa circunstancia en que se moría su personaje, Cervantes debía haber puesto una gran frase. Sin embargo, él no la usa. Se ha muerto su amigo y simplemente escribe “quiero decir que se murió”.
Sabato: Eso es lo que parecería ser “escribir bien”.
Borges: Seguro que Cervantes nunca se dio cuenta de que escribía bien. Pero eso no nos importa, en esa frase está sellada la emoción del autor. En cambio, cuando Hamlet dice The rest is silence, “Lo demás es silencio”, uno siente una íntima indiferencia en Shakespeare.
[Diálogos de Borges y Sabato
Compilados por Orlando Barone
1974-1975]
Marguerite Yourcenar disait un jour :
« Je ne pense pas tant à la vieillesse. Je n’ai jamais cru que l’âge soit un critère valable.
Il y a cinquante ans, je ne me sentais pas particulièrement jeune,
et aujourd’hui, je ne me sens pas vieille.
Mon âge change d’heure en heure.
Dans les instants de fatigue, j’ai mille ans.
Quand je travaille, j’en ai quarante.
Et dans le jardin, aux côtés de mon chien,
je me sens toute petite… j’ai quatre ans.
L’âge n’est pas un chiffre.
C’est un état de l’âme,
un souffle qui varie à chaque battement de vie. »Marguerite Yourcenar disait un jour :
« Je ne pense pas tant à la vieillesse. Je n’ai jamais cru que l’âge soit un critère valable.
Il y a cinquante ans, je ne me sentais pas particulièrement jeune,
et aujourd’hui, je ne me sens pas vieille.
Mon âge change d’heure en heure.
Dans les instants de fatigue, j’ai mille ans.
Quand je travaille, j’en ai quarante.
Et dans le jardin, aux côtés de mon chien,
je me sens toute petite… j’ai quatre ans.
L’âge n’est pas un chiffre.
C’est un état de l’âme,
un souffle qui varie à chaque battement de vie. »
Dijo una vez Raymond Carver: “Escribo sobre la gente común porque sus vidas son las más extraordinarias.”
Tal día como hoy, 21 de mayo de 1938, nacía en Oregón, Estados Unidos, Raymond Carver, uno de los grandes maestros del relato corto del siglo XX.
Con esta frase, Carver resume la esencia de toda su obra. Mientras otros escritores buscaban héroes, grandes aventuras o personajes excepcionales, él se dedicó a retratar a gente corriente: camareros, obreros, vendedores, esposas y maridos atrapados en vidas aparentemente insignificantes. Pero en esas vidas pequeñas, en esos momentos silenciosos de una cocina o un bar, Carver encontraba una profundidad y una belleza devastadora.
Sus cuentos son minimalistas, precisos y emocionalmente brutales. Mostraba que la verdadera épica del ser humano no está en las grandes hazañas, sino en las luchas cotidianas, los fracasos, los silencios y las pequeñas redenciones.
Un gigante de la literatura que nos enseñó que lo ordinario, bien mirado, es profundamente extraordinario.
Tarantino: “I don't think I'II ever be able to hear ‘California Dreamin’ again without seeing Faye Wong do her little dance.”
Chungking Express is a dreamy, neon-lit romance about lonely police officers and fleeting connections in 1990s Hong Kong. It captures the feeling of isolation and chance encounters in a fast-moving city where people often miss each other by moments.
The film is split into two loosely connected stories, both centered around a small snack bar and the sense of love always being just out of reach. Wong Kar-wai presents Hong Kong as a blur of color and motion, where time feels uneven and elastic, shaped by mood and music like ‘California Dreamin’.
The result is a tender, playful film that turns small details—like a can of pineapple, a change in song, or a quiet dance—into emotionally powerful moments.
A principios de los años 90, poco antes de morir, Bukowski pronosticó un mundo de incomunicación y tecnología. Han pasado casi treinta años y su poema se ha convertido en profecía cumplida. El fragmento pertenece al poema "Esta bandera no ondea con cariño".
Mantengo una página de Chrome para mi trabajo y el noble solaz sin mayor ruido y otra para mirar el barrunto noticioso, mentideros de todo jaez, la que cada día reviso menos.
"El verdadero horror de la existencia no es el miedo a la muerte, sino el miedo a la vida. Es el miedo a despertar cada día para enfrentar las mismas luchas, las mismas decepciones, el mismo dolor. Es el miedo a que nada cambie jamás, que estés atrapado en un ciclo de sufrimiento del que no puedes escapar. Y en ese miedo, hay una desesperación, un anhelo de algo, cualquier cosa, para romper la monotonía, para darle sentido a la repetición infinita de días".
Albert Camus
Cloris Leachman's final scene in "The Last Picture Show" (1971) was filmed without any rehearsal. She wanted to rehearse the scene but Peter Bogdanovich was against the idea as he thought that it would ruin the scene.
Bogdanovich was so happy with the first take, he said to her, "Cut, print, you just won the Oscar.’
Leachman replied, ‘I can do it better.’
Then Bogdanovich said, ‘No, you can’t.’
Bogdanovich felt that way since the scene was so fresh and she was shaking. He knew she couldn’t possibly do it better. She could hardly breathe after filming the scene.
He was proved right when she won the Oscar for her performance.
P.S: Remembering Cloris Leachman on her 100th birthday!
("Remembering Cloris Leachman, an Oscar- and Emmy-Winning Actor of Stunning Range", Stuart Emmrich, Vogue, 2021 & IMDb)
Este artículo se pregunta si leer literatura nos hace mejores personas (más empáticos, más morales o con mejor juicio). La autora, Flora Champy, compara dos visiones opuestas, la de John Ruskin y la de Proust. John Ruskin (siglo XIX) defendía que leer grandes libros es una herramienta moral: nos educa, nos hace más sabios, nos aleja del materialismo y nos entrena en el pensamiento profundo. Para él, la lectura es casi una obligación social y ética. Marcel Proust, en cambio, rechaza esa idea moralizante. Para Proust, los libros no nos dan lecciones directas de moral ni nos convierten en personas mejores. Lo valioso de la lectura es que nos permite revivir sensaciones del pasado, conectar con nuestra propia experiencia interior y disfrutar de una “comunicación en la soledad”. Los libros nos ayudan a sentir la vida con más intensidad, no a ser “buenos” según un manual.
Champy explica que, a lo largo de la historia (desde Rousseau y Madame de Staël hasta hoy), ha habido una tensión entre quienes ven la literatura como instrumento moral o político (para mejorar a la sociedad o a las personas) y quienes, como Proust, defienden que su verdadero valor es estético y personal: nos libera, nos hace disfrutar de la complejidad y nos protege de las narrativas simplistas de la época actual (redes sociales, influencers, moralismo fácil).
Ella se pone del lado de Proust, su conclusión es que la literatura no tiene por qué hacernos “mejores personas” en el sentido moralizante. Su mayor utilidad hoy es precisamente no ser moralizante: nos entrena en la complejidad, en el matiz y en el placer de buscar la verdad, justo cuando muchos creen que la verdad ya no existe.
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