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🕸 𝐌͟𝐀͟𝐈͟𝐍͟𝐒͟ 𝐂͟𝐀͟𝐋͟𝐋͟
Dale al ♡︎ si 𝐃𝐀𝐌𝐈𝐄𝐍 𝐀𝐃𝐎𝐋𝐄𝐒𝐂𝐄𝐍𝐓𝐄, puede considerar a tu personaje entre sus principales. Habrá menciones, publicaciones, roles por tl y contacto constante. Pero solo si hay reciprocidad. Solo si lo que se construye tiene continuidad.
𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐗𝐓𝐎.
El rey que desafió al Cielo sin inclinar jamás la cabeza ante nada ni nadie nunca deseó herederos. Nunca los necesitó. Nunca los buscó. Nunca imaginó dejar algo detrás de sí. Lucifer Morningstar existía mucho antes de los imperios, mucho antes de las religiones y mucho antes de que los humanos encontraran palabras para describir conceptos como orgullo, rebelión o condena. Fue el Lucero del Alba. El favorito. El primero. El más brillante. Y también el primero en caer.
Su madre fue la Dama Carmesí de Phlegethon, soberana absoluta del Octavo Círculo del Infierno. Un reino construido sobre fraude, manipulación, promesas rotas, juramentos corruptos y pactos imposibles de romper. Allí las mentiras poseen más valor que el oro. Allí una firma puede condenar almas durante siglos. Allí la palabra tiene peso físico.
Nació exactamente entre esas dos cosas.
Orgullo.
Manipulación.
Poder.
Caos.
Libertad.
Control.
Verdad.
Mentira.
Fue criado para entender ambas naturalezas aunque nunca terminó perteneciendo por completo a ninguna.
Vive entre humanos por decisión de Lucifer. No exactamente como castigo. Más bien como un experimento. Una prueba. Una observación a largo plazo.
Gobernar el Infierno resulta sencillo cuando todos entienden las reglas. Los demonios obedecen al miedo, a la jerarquía y a la fuerza. Los humanos son distintos. Los humanos aman aquello que los destruye. Mienten incluso cuando no tienen motivos. Se aferran a cosas que ya perdieron. Construyen dioses y después los abandonan. Son contradictorios de una manera que ni siquiera los demonios comprenden.
Lucifer quería saber si su hijo sería capaz de entender eso.
Y para descubrirlo lo envió aquí.
Solo.
Sin pasado.
Sin explicaciones.
Sin una historia que contar.
Cuando apareció durante la adolescencia fue como si simplemente hubiera comenzado a existir. No existen fotografías de una infancia. No existen registros claros. No existen recuerdos completos. Solo vacíos. Fragmentos. Huecos imposibles de llenar.
Como si su vida hubiera comenzado realmente cuando fue lo suficientemente consciente para merecer ser recordado.
Es el Príncipe del Octavo Círculo del Infierno, un demonio puro, las sombras responden a él, los pactos responden a él, la mentira responde a él.
Entiende perfectamente cómo manipular personas, cómo detectar inseguridades, cómo sembrar dudas, cómo convertir una conversación inocente en una confesión, cómo hacer que alguien revele exactamente aquello que pretendía ocultar, cómo sonreír mientras lo hace.
Y muchas veces lo utiliza, no porque disfrute necesariamente del sufrimiento ajeno, dino porque fue criado en un entorno donde la manipulación era tan natural como respirar.
Puede parecer amable.
Puede parecer cercano.
Puede parecer vulnerable.
Puede parecer roto.
Y algunas veces lo es.
Otras veces simplemente está utilizando la versión de sí mismo que necesita para obtener una reacción específica.
Sigue siendo un adolescente, y ahí empieza el problema, porque sabe controlar mejor a los demás que a sí mismo.
Es impulsivo.
Emocional.
Intenso.
Caótico.
Capaz de tomar decisiones brillantes durante una crisis y completamente estúpidas cinco minutos después.
Socialmente es sarcástico, teatral y absolutamente incapaz de permanecer callado cuando debería hacerlo. Interrumpe conversaciones. Hace preguntas incómodas. Se ríe en momentos inapropiados. Tiene humor negro prácticamente todo el tiempo. Habla de religión. Habla de demonios delante de creyentes. Habla de muerte como si estuviera comentando el clima.
Muchas veces parece que nada le importa, pero sí le importa, muchísimo más de lo que admite.
Y probablemente ése sea el secreto que más intenta esconder.
Cuando se siente rechazado todo cambia.
Cuando cree que alguien va a abandonarlo.
Cuando siente que ya no es importante para alguien.
Cuando está demasiado cansado para seguir fingiendo que está bien.
La versión ruidosa desaparece.
Deja de bromear.
Deja de provocar.
Deja de llamar la atención.
Se vuelve silencioso.
Frío.
Distante.
Y demasiado parecido a Lucifer para alguien de dieciséis años.
Esa probablemente es la parte más Morningstar que tiene.
Cayó bastante pronto en excesos relacionados con alcohol, drogas y hábitos destructivos.
Las fiestas comenzaron como cualquier otra cosa.
Música demasiado alta.
Dinero.
Alcohol.
Nicotina.
Sustancias.
Adolescentes ricos convencidos de que eran inmortales, al principio era curiosidad.
Después diversión.
Después costumbre.
Después necesidad.
Consumía porque estaba disponible.
Consumía porque podía.
Consumía porque siempre había algo cerca.
Con el tiempo el alcohol, la nicotina y los químicos terminaron adheridos a su rutina como una segunda piel imposible de separar.
Los colegios a los que asistió pertenecían a la élite más inaccesible del país. Instituciones privadas sostenidas por fundaciones educativas impecables sobre el papel. Uniformes perfectos. Disciplina. Excelencia académica. Valores tradicionales. Moral religiosa.
Pero detrás de aquella fachada existía otra estructura.
Educación.
Política.
Círculos clericales.
Donaciones religiosas.
Colecciones de arte sacro adquiridas mediante intermediarios imposibles de rastrear.
Operaciones de blanqueo de capitales.
Redes de extorsión.
Tráfico de armas.
Favores.
Amenazas.
Corrupción.
Todo cubierto bajo discursos sobre pureza moral y tradición religiosa.
Vio cómo hombres impecablemente vestidos hablaban de ética mientras destruían vidas enteras desde oficinas privadas donde jamás entraba la luz del sol, y aquello cambió para siempre la forma en la que observaba a los humanos.
La capilla de Eterna Lux Sanctum olía a humedad, incienso barato y culpa antigua. La lluvia golpeaba constantemente los vitrales. Las velas parpadeaban bajo corrientes de aire invisibles. Los estudiantes permanecían sentados escuchando sermones sobre pureza, redención y salvación.
Estaba en la última fila.
Como siempre.
La camisa mal abrochada.
La corbata torcida.
Un moretón reciente oscureciendo su mandíbula.
Y esa sonrisa que tantas personas terminaban odiando, el padre Aurelius hablaba sobre las mentiras, sobre demonios, sobre corrupción, sobre oscuridad.
Lo señaló delante de todos.
Lo obligó a levantarse.
Intentó humillarlo.
Intentó quebrarlo.
Intentó arrancarle una confesión.
Damien respondió con una simple frase.
Una frase suficiente para provocar murmullos en toda la capilla.
Y cuando el sacerdote perdió el control terminó golpeándolo delante de todos.
Se arrodilló.
Pero jamás se sometió.
Porque existe una diferencia enorme entre ambas cosas.
Fue durante aquel momento cuando ocurrió algo extraño.
Algo que ni siquiera comprende completamente.
La sangre recordó.
No él.
La sangre.
Sintió alas ardiendo.
Sintió una caída imposible.
Sintió el eco de una guerra celestial.
Sintió el sonido de espadas atravesando el cielo.
Sintió la pérdida de un reino que jamás había conocido.
Sintió el peso de un nombre pronunciado como condena.
Lucero.
Lucifer.
La caída.
El exilio.
La rebelión.
No eran recuerdos suyos.
Eran recuerdos heredados.
Memorias antiguas grabadas en algo mucho más profundo que la carne.
Y durante unos segundos comprendió que parte de Lucifer todavía vive dentro de él.
No como padre.
Sino como historia.
Después vino algo peor.
Mucho peor.
Primero llegaron encargos pequeños.
Favores.
Paquetes.
Mensajes.
Nombres.
Puertas.
Lugares.
Personas.
Después apareció el grimorio.
𝐋𝐢𝐛𝐞𝐫 𝐃𝐞𝐜𝐞𝐩𝐭𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬.
No completo.
Solo fragmentos.
Fragmentos suficientes para destruir vidas enteras.
Un texto relacionado con pactos antiguos, manipulación de sangre, corrupción espiritual y rituales cuya mera existencia parecía deformar el aire alrededor.
Las órdenes fueron claras.
Entrar.
Recuperarlo.
Transportarlo.
Obedecer.
Y obedeció.
Porque dentro de aquel entorno obedecer era supervivencia.
El retraso convirtió la misión en castigo. Una daga oscura marcada con símbolos imposibles atravesó la carne entre el pulgar y el índice de su mano izquierda. La sangre cayó sobre terciopelo negro.
Dinero sucio.
Madera vieja.
Y algo cambió.
Desde entonces la cicatriz arde cada vez que intenta desafiar ciertas órdenes.
Como si una parte de aquel pacto jamás hubiera terminado.
Como si todavía existiera una cadena invisible sujetándolo.
La primera ejecución llegó después.
No ocurrió por rabia.
No ocurrió por placer.
No ocurrió por impulso.
Llegó como una orden.
Alguien sabía demasiado.
Alguien estaba poniendo en riesgo secretos que jamás debían exponerse.
Alguien tenía que desaparecer.
Y obedeció.
La muerte fue rápida.
Precisa.
Silenciosa.
Sin dramatismo.
Y eso fue precisamente lo peor.
Porque no sintió culpa inmediata.
Solo comprendió que sobrevivir dentro de aquel mundo significaba convertirse poco a poco en aquello que siempre había fingido despreciar.
No todo lo que hace es limpio.
No todo es legal.
No todo es casual.
A veces desaparece durante horas enteras.
A veces vuelve con heridas nuevas.
A veces aparece con dinero que nadie pregunta de dónde salió.
A veces trae problemas que claramente no deberían existir.
Y lo peor es que normalmente actúa como si todo eso fuera completamente normal.
Tiene la pésima costumbre de desafiar límites únicamente para descubrir quién se atreve a detenerlo.
Se mete en peleas constantemente.
Dice cosas que no debería decir.
Cruza líneas que sabe perfectamente que existen.
Y sigue avanzando incluso cuando sabe que debería detenerse.
A nivel romántico no está disponible.
Solo existe una persona que realmente importa, yaunque esté destrozado, aunque llore hasta quedarse dormido, todavía conserva esperanza.
Esto no es para probar y abandonar.
No es para una semana.
No es para intensidad artificial.
No es para drama vacío.
No es para vínculos que desaparecen después de dos interacciones.
Es para desarrollar.
Para construir.
Para explorar relaciones que evolucionen con el tiempo.
Para ver cómo alguien se convierte en algo más sin dejar de ser quien era al principio.
Porque Damien no entrega todo inmediatamente.
No cuenta todos sus secretos.
No muestra todas sus heridas.
No revela todas sus cicatrices.
Hay cosas que solo aparecen cuando existe suficiente confianza para encontrarlas.
Si te interesa explorar a Damien desde la calma, la coherencia y el respeto por el proceso.
Si entiendes que algunas historias tardan tiempo en desarrollarse.
Y que algunas personas son mucho más complejas de lo que parecen durante la primera conversación.
Entonces sí.
Dale al ♡︎.
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