ay... —ha sacado la cajetilla de tabaco y la ha abierto con el pulgar para ofrecerle un cigarro. Entonces hace revolotear la mirada, como si quisiera que Kiryu se diera cuenta de otra cosa—. Podrías hacer algo más que tocarme la cara —entonces le mira a los ojos. Muy fijamente.
En cuanto le oye los gritos desaparecen, como si hubiera pulsado algún interruptor para callarlo de golpe. Entonces le devuelve la mirada con expectación y parece convencerse lo suficiente cuando nota sus dedos rozarle la mejilla. Incluso se le pega un poco más.
—¡Ya, pero he >
Kiryu lo que hace es observar en silencio la escena, por un momento piensa que lo que va a hacer es algún truco con el humo y poco más, pero cuando presencia el cigarrillo salir volando su entrecejo ya de por sí arrugado se frunce un poco más. Sobre todo cuando la zona +
conseguido tu atención! —una victoria más que disfrutada, a juzgar por cómo le enseña los dientes al sonreír y le arrea en el costado con el codo. Cualquiera diría que se acaba de quemar—. Me va a salir una ampolla de esas en toda la cara, y todo por querer impresionarte, >
los labios para cogerlo al aire por la boquilla, la punta del cigarro le da en toda la mejilla.
—¡AWWGH! ¡QUEMA, QUEMA! ¡CÓMO QUEMA! ¡JODER! —mientras chilla el cigarro cae al suelo y él se cubre la mejilla, dejándose los pulmones en gritar como si le estuvieran matando.
Y le parece fantástico maravilloso, ¡de hecho, de hecho...!
—¡Mira esto, Kiryu-chan! —levanta una mano, flexiona los dedos para meterle un capirotazo al cigarro y lo manda a volar hacia arriba. Se agacha mientras lo ve dar vueltas y empezar a bajar, y justo cuando separa >
Se apresuró a dejar el calzado junto al de Kiryu justo después de cerrar la puerta, y la forma en que retrocedió hacia el salón para dejarle paso no solo sugirió respeto, sino diversión y quizás algo de emoción. Pero ni las paredes estaban tapizadas con patrones de serpiente ni >
Visto que no pretendía sujetarlo, acabó haciéndolo él y reparó de manera destacable durante unos largos segundos en como daba la calada y soltaba el humo. Un pequeño “hum” escapó del pecho del dragón antes de llevarse el cigarrillo de vuelta a sus comisuras. Otro beso indirecto +
momento durante años y le invitó a sentarse a su lado, pero ya podía prepararse, porque iba a tirarse encima suyo en cuanto le tuviera al alcance.
—Déjame abrazarte hasta que tengas que volver a irte. Una hora no compensa meses sin verte, ¿lo sabías? Si fueras un poco más >
probablemente al baño y a la habitación. Esperando que le viera, se llevó una mano a la boca y con la otra hizo un aspavientos con el que pretendió fingir una absurda y divertida timidez—. No podemos hacer ruido, Kiryu-chan. ¡Tengo unos vecinos muy quejicas...!
No se lo pensó demasiado a la hora de darle la calada, aunque solo bajo la condición de que fuera Kiryu quien le sujetara el cigarro.
—No sé, pero es un pedazo de engreído. Si vuelvo a encontrármelo a lo mejor le meto un puñetazo —habló dejando escapar el humo por la boca, y >
La mirada del azabache regresó al frente, aunque con la mención de la cena tuvo que dirigir ligeramente la mirada hacia el contrario. Sabía que después de las condiciones que le puso Majima no sería capaz de hacer algo así, por lo que se quedó tranquilo antes de que le +
al piso. Acababa de llevarle a su casa, aunque no podía esperarse mucho. No era más grande que un piso típico de la zona, y el recibidor daba directamente a un salón colocado a la izquierda, con una pequeña cocina abierta a la derecha. Al fondo había un par de puertas, >
conmigo. Si no te apetece tendremos que pelearnos y solo si ganas me pensaré lo de dejarte ir —dijo, rascándose la barba como si tuviera pulgas en ella.
Le era entretenido cuando se dejaba hacer, casi tanto como cuando le ponía resistencia. Le gustaba Kiryu en todas sus variantes, y prácticamente le hizo vibrar en cuanto vio que le seguía sin protestar en lo más mínimo.
—Pero tendrá morro, si le invite a cenar, ¿cómo no voy a >
Frunció el ceño y suspiró brevemente ante sus palabras tratando de ignorar la cálida sensación que se le despertó en el pecho cuando acabaron tan pegados. Tampoco hizo mucha mención del beso porque a pesar de estar acostumbrado a lo pegajoso que era Majima las muestras de +
lado.
—¿Qué has dicho? A mí me parece igual que el resto de vagabundos, no tiene nada de especial —exageró un «pfff» y siguió andando, sin ser realmente consciente de lo que iban a tener que patearse. Tenían media hora de camino como mínimo—. Ah, más vale que quieras desayunar >