Las declaraciones de Trump, afirmando que Estados Unidos “administrará” Venezuela, son sumamente inquietantes, no solo por lo que dicen, sino por todo lo que no dicen. La ambigüedad que las rodea no es un detalle menor.
¿Administrar cómo, por cuánto tiempo y bajo qué marco jurídico? ¿Se trata de una ocupación temporal, de una tutela política, de un protectorado de facto o de una fórmula improvisada sin anclaje institucional alguno? La falta de respuestas multiplica la gravedad del asunto. Esta ambigüedad puede dejar un amplio margen para la arbitrariedad.
Hablar de “administrar” un país extranjero supone, en términos prácticos, el ejercicio de autoridad sobre un territorio y pone a la situación absolutamente por fuera de los cauces ordinarios del sistema internacional y de principios básicos como la soberanía, la autodeterminación y la prohibición del uso de la fuerza. Incluso quienes celebramos la caída Maduro deberíamos estar conscientes de que estos vacíos normativos no llevan necesariamente a una transición democrática.
Si una potencia puede arrogarse la facultad de “administrar” otro Estado porque su gobierno era autoritario o porque el país estaba colapsado, el mensaje es demoledor: las reglas existen, pero son opcionales. Esto erosiona la credibilidad del derecho internacional y de las organizaciones internacionales y deja a los Estados más débiles totalmente expuestos.
Además, una transición gestionada desde fuera corre el riesgo de nacer sin legitimidad interna, con actores locales subordinados y con un futuro institucional condicionado por decisiones tomadas fuera del país. La historia nos muestra que las reconstrucciones políticas sin apropiación interna suelen ser frágiles, reversibles y profundamente conflictivas.
Y ojo que nada de esto implica desconocer la tragedia que ha vivido el pueblo venezolano ni minimizar la responsabilidad del dictador Maduro. Pero sí obliga a hacerse una pregunta muy incómoda: ¿qué tipo de Estado puede surgir cuando el punto de partida es la administración externa y la ambigüedad?
No hay peor falta de respeto que el Tribunal se pase hablando y haciendo otras cosas y no atender a la parte ponente, por lo menos simulen interés a pesar de sus sesgo hacia la otra parte. Cosas que pasan en las salas de los máximas Cortes de este país 🤨