@_The_Prophet__ When chronos meets kairos - only perceived in the field through an alert and conscious awareness that years of skill sharpening enabled — while others chose mindless distraction.
“Depression can’t hit a moving target.”
When I was only 25 years I was labeled with depression. It was suggested I get on drugs... I told them”nah, I’m just bored.” I got busy and “depression” went away. Later the same person suggested I suffered from over-achievement and recommended I get medication. I said, “nah, these are gifts & I’m going to use them to help a lot of people.”
Don’t let anyone medicate your gifts.
The Stanford Marshmallow Experiment is the most misunderstood study in psychology.
Ivy League schools, top CEOs, and child experts swear by it.
But the lead researcher spent 50 years proving it wrong.
What he discovered will shatter how you think about self-control forever: 🧵
To get better, you have to struggle.
The way your body and mind learn, adapt, and grow is to be slightly embarrassed. That frustration is the signal that our brain/body needs to adjust.
If you want to learn and adapt, embrace the struggle.
@stevemagness discomfort tolerance becomes the bottleneck for how fast you can improve, most people tap out right when their brain is actually rewiring itself.
the gap between where you are and where you want to be isn’t a problem to solve, it’s the necessary tension that drives adaptation.
They were told to find a route to the Pacific.
When Thomas Jefferson sent Lewis & Clark they crossed a continent—and nearly lost their lives doing it.
A journey of grizzly tracks, freezing Rivers & tribal Diplomacy
This is the untamed story of America’s greatest expedition.
This is André Michelin.
He didn't build a tire company, he built an illusion and the world bought it.
Before anyone knew his tires, he made himself a household name with one genius stunt.
Here's how he tricked the world into buying more tires by pretending to care about food:
El capitalismo solo funciona si se asegura la permanente frustración del ciudadano. Un individuo en paz con lo que tiene, consigo mismo y con cero necesidad de compararse con el ‘más de o mejor’ que tiene el otro - ese es libre. Y, por tanto, incómodo.
La libertad no tiene cobertura.
Como sabes, he pasado los últimos días recorriendo Marruecos. El norte de África, ese lugar donde el tiempo no se mide con la misma vara que en Europa, ni las normas se sienten como una camisa de fuerza. Durante todo el viaje hubo una idea que se coló en mi cabeza y no quiso marcharse. Una frase simple, casi trivial en apariencia, pero con una carga tan profunda que aún hoy, escribiéndola, me resuena en el pecho con la fuerza de una certeza antigua: esta gente es libre.
Y lo son de una forma que incómoda si vienes desde este lado del mapa. Porque no es una libertad escrita en constituciones ni grabada en mármol,no. Es una libertad práctica, real, vivida sin discursos ni postureos. Una libertad que no pide permiso ni se justifica. Una libertad que, quizás, ya no sabemos ni reconocer.
Cuando llegué a mi primer destino, en Oualidia, no solo no había cobertura, sino que el wifi tenía voluntad propia, como si también necesitara descansar. Aquello que en otro momento me habría provocado ansiedad o frustración, esta vez fue el primer chispazo de algo mucho más profundo. Me senté a tomar un café con Sui, un amigo nigeriano (aunque desde hace años vive en Londres), y entre sorbo y sorbo hablamos de una paradoja que vivimos todos sin atrevernos a nombrarla, estar conectados es barato, pero estar desconectados nos sale caro. Tan caro que muchos ya no pueden permitírselo. Hemos construido una vida donde el silencio es incómodo, donde cada minuto sin respuesta parece una ofensa y donde desconectar se vive como una irresponsabilidad. Sin embargo, en esa desconexión voluntaria y forzada, en esa renuncia impuesta por la infraestructura de otro país, sentí algo parecido a lo que los antiguos llamaban paz. No la paz de los templos, ni la de los retiros espirituales, sino la paz que llega cuando nadie te puede interrumpir, cuando el mundo entero deja de gritarte durante un rato.
Días después, ya más al sur, en Essaouira, sentí la libertad de forma aún más palpable. Corrí a caballo por la playa, como en esas películas que ya no se ruedan porque hay demasiadas restricciones, demasiados códigos de seguridad, demasiados límites que no permiten el vértigo ni la improvisación, lo que hice sería impensable en España sin permisos, chalecos reflectantes, seguro, casco homologado, justificante de cuántos gramos de avena desayunó el caballo…
Monté un quad y me perdí entre las dunas sin necesidad de firmar documentos, sin instrucciones redundantes, sin un monitor a medio metro diciéndome lo que puedo y no puedo hacer.
Compré comida en un zoco y descubrí que eso no tiene nada que ver con comprar souvenirs. Allí el mercado no es una postal para turistas, es vida en estado puro, con olores, voces y regateos que te devuelven una dimensión olvidada de lo cotidiano. En ese caos ordenado, en ese sistema donde no todo está etiquetado, envasado ni regulado, uno empieza a recordar cómo era habitar el mundo antes de que lo cubriéramos de normas y certificados.
Lo curioso, y también lo más revelador, es que desde el prisma europeo, ese que presume de civilización y de progreso, todo aquello resulta escandaloso. Nos han entrenado para escandalizarnos con lo que no se puede controlar. Y sin embargo, allí, donde parece que todo debería ser un caos, nadie se escandaliza. Hay normas, sí. Pero no hay un exceso de normas. No hay ese ahogo sistemático de lo espontáneo, ese juicio permanente a la acción del otro. Y ahí entendí que el problema no está en las leyes, sino en la sobredosis de leyes. En cómo hemos convertido cada aspecto de la vida en una casilla que rellenar, una tasa que pagar, una sanción en potencia. Ahora, si tienes gallinas en casa, debes declararlas. Si quieres pintar una pared, necesitas permiso. Si quieres respirar tranquilo, mejor pide cita. Todo se regula, todo se fiscaliza, todo se vigila. Pero en aquel rincón del mundo, entre el desierto y el mar, volví a sentirme libre. Libre de verdad. Libre como cuando eras niño y el día no tenía agenda.
Y entonces me hice una pregunta que me da vueltas desde entonces, una pregunta que quizás tú también debas hacerte: ¿de verdad todo esto que hemos construido en Europa, con sus lujos, su eficiencia y su supuesta seguridad, merece la pena? Porque si para tener un coche eléctrico y una suscripción a veinte plataformas de streaming tengo que renunciar a vivir sin ansiedad, a moverme sin miedo, a hablar sin filtros, quizás el precio es demasiado alto.
Tal vez esta fantasía de bienestar no sea más que una jaula brillante. Tal vez el lujo no está en lo que puedes comprar, sino en lo que puedes soltar. En la posibilidad de irte sin avisar, de decir que no sin tener que dar explicaciones, de dormir sin notificaciones, de vivir sin justificártelo todo.
El lujo no es tener más. El lujo es necesitar menos. Y la libertad, como me recordó Marruecos, nunca ha sido algo que puedas acumular. La libertad, cuando es real, se siente. Es silencio. Es espacio. Es ausencia. Y, a veces, simplemente, es no tener cobertura.
En fin, este es otro lunes de mierda.
Haz algo para cambiarlo, no seas perro.
https://t.co/CD8lC9AOgA
Suecia y Noruega, pioneros en pagos digitales, ahora aconsejan no eliminar el efectivo tras ciberataques y la guerra en Ucrania. Suecia pide tener efectivo para una semana; Noruega obliga a aceptarlo en tiendas. Dinamarca y Finlandia se suman, mientras Austria lo blindó en su Constitución y Alemania lo defiende por privacidad. Es un golpe al control digital que la Agenda 2030 quiere: el efectivo es libertad frente a un sistema que te vigila.
Perspective is important...
The green square represents the percentage of Earth's atmosphere that is carbon dioxide (0.04%).
The white square is the carbon dioxide emitted as a result of human activity (0.0016%).
The entire continent of Europe contributes a mere 16% of that miniscule white square.
This is what they're using as an excuse to seize control over every aspect of your life, while pretending to be "saving the planet".
Seguro que llego muy tarde ya, pero he terminado de leer "Los peligros de la modalidad" de @pitiklinov y os cuento qué me ha parecido y me ha hecho pensar.
👇🧵
@estudiarfisica@pitiklinov Gracias, brillante ambos como siempre.
Libro ‘Snakes in Suits’ argumenta que el 4% de directivos sería psicópatas (vs. 1% población general). Quizás es una ‘moralidad’ empresarial?
Solo ‘la moral buena’ determinaría pues qué es ‘psicopatía’?
(Anécdota: aptónimo en el autor?)