@trivision_cr Ya me imagino las propuestas de este equipo: más impuestos a las empresas y empresarios que son los que generan fuentes de empleo, meter mano a modelos que siempre intentan afectar como puedan, impuestos a “los ricos”, etc… pero jamás cerrar instituciones públicas ineficientes
@OttoGuevaraG La propuesta parece diseñada para proteger gremios y no al usuario. La gente elige plataformas por su eficiencia, transparencia en tarifa y seguridad. Si las obligan a operar como taxis públicos, solo van a lograr encarecer el servicio y empeorar la experiencia que todos buscamos
@genteopacr La propuesta parece diseñada para proteger gremios y no al usuario. La gente elige plataformas por su eficiencia, transparencia en tarifa y seguridad. Si las obligan a operar como taxis públicos, solo van a lograr encarecer el servicio y empeorar la experiencia que todos buscamos
@SemanarioU Montserrat Sagot es la “analista” y con eso ya se dice todo… sesgo a ultranza. Y como cereza del pastel se van y entrevistan a una diputada del FA y otra del PLN. Como para maquillar, al final entrevistan a Gordienko, quien más ecuánime recomienda esperar al menos.
@RafaelngelLede1@leogarnier No querer ver la realidad es precisamente lo que puso a los partidos tradicionales en la posición en la que quedaron. De nada vale seguir queriendo tapar el sol con un dedo y en fanatismo no debería impedir ver la realidad tal cual se presenta. Saludos
Así lo veo yo… 🇨🇷🗳️
Costa Rica atraviesa una coyuntura histórica. Y el momento es ahora. Debemos ser vigilantes para no perder el espíritu democrático y de libertad que nos ha hecho un país excepcional, pero también valientes para tomar decisiones profundas y oportunas. Porque cuando un país deja de reformarse a tiempo, no solo se estanca: empieza a retroceder, se expone a riesgos mayores y erosiona silenciosamente los pilares que lo sostienen.
Costa Rica es un país bendecido y con fortalezas profundas que debemos cuidar. Nuestra democracia es sólida y respetada, y nuestras instituciones han sostenido por décadas un Estado de Derecho que permitió un avance socioeconómico innegable. Los datos lo confirman: el PIB per capita pasó de aproximadamente $1.500 en 1985 a cerca de $19.000 hoy, impulsado por un exitoso modelo de apertura comercial, turismo, atracción de inversión y un régimen de zonas francas ejemplar. La pobreza se redujo de más del 50% en los años 80 a alrededor del 15% actualmente. No hay duda de que Costa Rica hizo muchas cosas bien.
Pero reconocer ese éxito no puede impedirnos aceptar una realidad incómoda: desde hace 15 o 20 años el modelo empezó a mostrar señales claras de desgaste. Y las grietas son evidentes. Vemos estancamiento en la calidad de la educación; deterioro de la seguridad ciudadana y una penetración cada vez más agresiva del narcotráfico; infraestructura claramente insuficiente y mal gestionada; casos graves de corrupción que terminan en impunidad; y un Poder Judicial que, con demasiada frecuencia, luce inoperante frente a esta corrupción y el crimen organizado.
Al mismo tiempo, se consolidó una burocracia institucional que dificulta crecer empresas y generar empleo: más trámites, más costos y más incertidumbre. Cargas tributarias elevadas, infraestructura rezagada e instituciones ineficientes encarecen producir y terminan afectando el empleo y el costo de vida. A esto se suma la persistencia de un sistema de pensiones de lujo claramente desalineado con la realidad del país, que drena recursos públicos de forma regresiva y que, pese a su evidente inequidad, no ha logrado ser corregido. El resultado ha sido un desarrollo intermitente y desigual, que generó frustración en una mayoría que no vio esa bonanza reflejada en sus hogares, pero sí cómo un sector parecía operar bajo reglas distintas.
La pandemia profundizó esa herida: mientras miles de emprendedores, pequeñas y medianas empresas, y profesionales independientes quebraban o sufrían severamente, gran parte del aparato público y sus empleados permanecían intocables. Ese contraste no se olvida fácilmente. El Estado le falló a muchos.
El modelo que nos permitió avanzar durante décadas no puede ser exactamente el mismo si aspiramos a enfrentar con éxito los desafíos actuales y aprovechar las oportunidades de los próximos 20 años. Sin una modernización seria y oportuna, ese mismo modelo corre el riesgo de quedarse corto frente a una realidad que ya cambió.Estamos entrabados, aferrados a estructuras que cumplieron una gran función, pero que hoy están desgastadas. Transformarlas no significa debilitar la democracia ni sacrificar libertades; significa actualizarlas para que sigan sirviendo al país.
Un ejemplo que resume este contexto es Crucitas. Hace casi 20 años se aprobó un contrato para explotar un yacimiento de oro valorado en más de $2.500 millones, bajo estándares ambientales estrictos, con supervisión estatal, impuestos, regalías y empleo formal. Se canceló el proyecto. ¿El resultado? Durante dos décadas el oro ha sido robado, extraído ilegalmente y sacado del país sin pagar impuestos, causando graves daños ambientales y convirtiendo la zona en un foco de ilegalidad y crimen, con impunidad. No hubo desarrollo, no hubo protección ambiental real, no hubo ingresos ni empleo. Fue una derrota del sentido común y de la capacidad del Estado para gestionar un problema complejo.
Lo mismo vemos cuando carreteras tardan décadas en construirse, cuando órganos de control terminan coadministrando y paralizando proyectos necesarios, o cuando delincuentes peligrosos y reincidentes andan por nuestras calles. Esto cansa y erosiona profundamente la confianza ciudadana.
No es tan difícil entender lo que muchos estamos pidiendo: cambios más profundos, que nos permitan dar un salto de calidad. Queremos propuestas que lleven a Costa Rica a un siguiente nivel. Esa es la esperanza con la que llego a las urnas este 1 de febrero.
@barradeprensa Debería agregarle la imposibilidad de que se declaren independientes, para honrar la voluntad del pueblo que votó por el partido no por ellos de forma individual…